20/11/17

Chile vs URSS |1973| La cara negra del fútbol



Por: Miguel García Vera

El 21 de noviembre de 1973 se jugó uno de los partidos más raros de la historia de la FIFA (que no es lo mismo que el fútbol), un Chile-URSS de clasificación para el Mundial de Alemania que se iba a jugar al año siguiente. Tras disputar su fases de clasificación respectivas, ambas selecciones se enfrentaban en eliminatoria de repesca a doble partido: el ganador iba a Alemania (por aquel tiempo RFA) y el perdedor se quedaba fuera.
La ida se había jugado en Moscú el 26 de septiembre. Un partido áspero en el que los anfitriones, teóricamente superiores, llevaron todo el peso pero no pudieron romper la defensa chilena. Aquello acabó 0-0, un buen resultado para los chilenos de cara al segundo partido.
La vuelta se jugó el 21 de noviembre en el Estadio Nacional de Santiago y Chile consiguió la clasificación para el Mundial al ganar 1-0. No hubo mucho fútbol: el partido duró, literalmente, 30 segundos, lo que tardó la selección chilena en marcar un gol desde el saque inicial.

Los lectores más avisados ya se habrán dado cuenta de que las fechas empiezan a dar pistas sobre un partido de fútbol tan anómalo que no llegó ni a un minuto de juego. El calendario de la eliminatoria había sido fijado semanas antes de que la historia moderna de Chile se oscureciera por largo tiempo. El 11 de septiembre de 1973, el ejército chileno comandado por el general Augusto Pinochet iniciaba un sangriento golpe militar contra el gobierno democrático de Salvador Allende. Ahora se organizan primaveras, pero por aquel entonces en Latinoamérica los gobiernos molestos se derrocaban echando mano de los ejércitos autóctonos.

Pinochet entra en juego

Ese mismo 11 de septiembre, mientras el Palacio de La Moneda era bombardeado con el presidente dentro, los seleccionados chilenos estaban convocados para iniciar su preparación de cara a la eliminatoria con los soviéticos. Allende muere, el golpe triunfa y miles de chilenos son encarcelados, torturados y asesinados.
¿Y qué carajo hacemos con la eliminatoria del mundial? En principio la junta militar ha decretado la prohibición para todos los chilenos de salir del país, además de que no ve con buenos ojos jugar en la patria de su enemigo más odiado. Pero a la vez le conviene dar una imagen de normalidad –en eso el fútbol es inigualable–  así que deja partir a sus muchachos. Eso sí, la boca cerrada y a comportarse, que sus familias siguen bajo el cuidado de las nuevas autoridades. En aquel equipo había jugadores importantes, como Vélez o Caszely, muy identificados con el gobierno de Allende.

A su vez, al Unión Soviética, aliado del gobierno saliente, había condenado el golpe militar y no reconocía al nuevo gobierno, con el que rompió cualquier relación diplomática. A pesar de todo, el partido de ida se jugó en un Estadio Lenin más gélido de lo habitual en esas fechas. De aquel encuentro sabemos de oídas, ya que no hay apenas material gráfico. Las autoridades soviéticas prohibieron a la entrada de periodistas y cámaras al estadio.

El Estadio Nacional y la FIFA

Desde 1939 la selección chilena juega sus partidos en el Estadio Nacional, en Santiago de Chile. En aquellos primeros días del golpe militar el estadio se hace tristemente célebre por convertirse en un gran centro de detención y tortura de los opositores a la junta militar. Miles de chilenos y algunos extranjeros pasaron por allí, se calcula que unas 40.000 personas. Muchos pasaron para no volver a ser encontrados, otros fueron ejecutados allí mismo. Entre ellos, el periodista estadounidense Charles Horman, cuya historia se hizo famosa por la película Desaparecido (Costa Gavras, 1981)

En aquel lugar siniestro debía celebrarse el segundo partido de la eliminatoria. Desde la federación chilena de fútbol se sugieren otros escenarios, pero la junta militar se empeña en demostrar normalidad y a la vez derrotar al comunismo jugando en campo propio, o sea, de concentración. En el interior de las gradas se torturaba, pero el césped se cuidaba con esmero, había un partido importante a la vista.
A todo esto, la actitud de la FIFA es la que nos tiene acostumbrados. Monta una comisión que va a inspeccionar el Estadio Nacional, arreglado un poco para la ocasión pero en el que aún había unos 7.000 detenidos. Según testimonio de Gregorio Mena Barrales, gobernador socialista de Puente Alto y preso en aquel estadio, aquella comisión “visitó el campo, se paseó por la cancha, miró con ojos lejanos a los presos y se fue dejando un dictamen: En el estadio se podía jugar.”
Pero la URSS se niega a jugar y no viaja a Chile. “Por consideraciones morales, los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos”, dice un comunicado de prensa de su selección.

El partido de la vergüenza

A lo que la FIFA responde que el partido se juega, por sus balones. Así que no se conforma con clasificar administrativamente a los chilenos, eliminando a los soviéticos en imponiéndoles una multa. En su larga tradición de decisiones entre inexplicables y lamentables toma una que se puede considerar como histórica: van a hacer un simulacro de partido sin rival.
El Estado Nacional se abre el 21 de noviembre para la fiesta del fútbol. Ya se pueden imaginar la fiesta. Todo el recinto está tomado por militares, las gradas casi vacías: con una capacidad para más de 40.000 personas, acuden 16.000, muchos de ellos para intentar averiguar la suerte de familiares o amigos.
Salta la selección chilena al campo mientras los rusos siguen en sus casas. Suena el himno nacional chileno, al otro lado sigue el silencio. El balón en el centro. Le toca sacar a Chile (no hay otra) y el árbitro pita el inicio. Los jugadores chilenos van pasándose el balón entre ellos hasta que llegan a la vacía portería contraria y uno de ellos, Francisco Valdés, la empuja hasta gol. Han pasado 30 segundos, acaba el partido, gana Chile 1-0. Para darle algo al público que había acudido allí, después se jugó un amistoso contra el Santos brasileño. Imaginen el estado anímico de los jugadores chilenos: los brasileños ganaron 0-5. Tarde de gloria no solo para el fútbol chileno, sino mundial.
Aquello fue una parodia de partido que retrata tanto a la dictadura chilena como a la FIFA. Por más que le doy vueltas todavía no acabo de entender la razón. Los primeros ¿quisieron meter un gol simbólico al comunismo internacional? Porque la imagen de una victoria sin rival no parece muy edificante. Y por parte de la FIFA ¿aparentar normalidad o afirmar su autoridad? ¿Dónde queda el FairPlay en dicho espectáculo? Porque lo que consiguieron es amplificar aún más uno de los puntos negros más sonados de su historia.
En ese sentido, tampoco es que aprendieran la lección. La máxima autoridad futbolística, que castiga determinadas expresiones políticas en los estadios, nunca tuvo problemas con las dictaduras mientras no afectara al negocio. Eran además años de plomo de la Guerra Fría con Kissinger, ese buen aficionado al fútbol y mejor profesional de los golpes de estado. En 1978 la junta militar argentina organizó un mundial durante el cual se sucedieron torturas, ejecuciones y desapariciones. Mientras Argentina ganaba la final en el Estadio Monumental de Buenos Aires y el general Videla entregaba a Pasarella la copa, desde la tristemente célebre Escuela Superior de Mecánica de la Armada, cercana al campo, los presos torturados escuchaban las celebraciones.

Y es que el reino del fútbol profesional no es de este mundo.

17/11/17

Costa De Marfil vs Sudán |2005| El jugador que acabó con una Guerra Civil en su país

Didier Drogba



El 8 de octubre de 2005, en Kartum, Costa de Marfil obtuvo el pasaporte al paraíso, el Mundial 2006, dejando eliminada a Sudán. En un ambiente de euforia, el ídolo del país, Didier Drogba, hizo una vibrante alocución, mirando a cámara y arrodillado junto a sus compañeros: "marfileños, marfileños, del Norte y del Sur, del centro y el oeste, les pedimos de rodillas. ¡Perdonen! Depongan las armas, organicen las elecciones y todo irá mejor". Los veintitrés jugadores de la selección, liderados por su capitán Drogba, lograron que la guerrilla marfileña y el gobierno local llegaran a un acuerdo de alto al fuego. La paloma ya no era el único símbolo de la paz. En ese momento, los "elefantes" de Costa de Marfil también lo eran...


15/11/17

Sevilla vs Deportivo |2009| Futbolista de futbolistas


 Fréderic Kanouté, festejando un gol en 2009 con el Sevilla

Estiloso y elegante. Técnico e inteligente. Solidario y ambicioso. Revolucionario y organizador. Todo en su vida ha sido una constante. La de romper barreras. Poco a poco, sin obsesionarse, relativizando, dando a las cosas la importancia oportuna en el momento justo. Es Fréderic Kanouté, uno de los mejores jugadores extranjeros que han disputado la Liga española en los últimos quince años. La maestría sobre el césped. La clase de una pantera. Cabeza alta, pocas sonrisas. Tampoco para celebrar sus tantos, en Sevilla anotados a mares. Es un trabajo, piensa el malí cuando marca. Nada más. Un simple trabajo como el que pueden desarrollar los miles de compatriotas que se acercan a este delantero especial en todas y cada una de las ciudades por las que pasa. Se para y firma. Sabe que es un referente. Un rara avis en jugadores de su estirpe. Un perro verde de Bamako.

Primera barrera. Kanouté nace en Francia, en un barrio obrero del cinturón industrial de Lyon, uno de los grandes motores galos. Hijo de inmigrantes, enseguida se encuentra a sí mismo luchando contra el racismo que le rodea y que comienza a instalarse sin demasiadas dificultades en su rutina diaria. En la escuela y en la calle. Es la banlieu. Es Francia. Son los años 80. Pero el joven proyecto de futbolista tiene suerte y cae en la academia del Olympique Lyonnais, uno de los mejores lugares del mundo para desarrollarse como jugador; escuela de vida. Allí deslumbra a todo aquel que se acercaba a verle. Y eran muchos. Había personalidad y había habilidad lo que le llevó a ser comparado en aquella época con Thierry Henry, compañero generacional que por aquel entonces deslumbraba en otro suburbio, Les Uliss, ‘anillo protector’ parisino. Mas Kanouté era diferente. Más introvertido, completamente alejado de la tradición rapera que envolvía a los africanos franceses. A él le gustaba rezar, leer, estar con la familia. Lo demás era lateral, paralelo. Siempre relativizando.

Segunda barrera. Su calidad futbolística, su presencia en el campo, su envergadura en el área enseguida llamaron la atención de las federaciones francesa y malí. Era una joya por pulir, un talento bruto destinado a hacer grandes cosas en una Francia que se abría a las colonias en los años previos al Mundial de 1998. Había nacido una nueva política, más moralista, más aperturista decían. Había que convencerlo. Y no dudó el delantero: jugaría con Mali bajo la bandera de sus padres. No terminó ahí su decisión finalista. Juró que algún día Mali jugaría un Campeonato del Mundo. Había elegido la añoranza y los principios por encima del más que previsible éxito deportivo. Una vez más Kanouté demostraba no tener nada que ver con sus compañeros de generación; tipos como él, también hijos de la inmigración en la mayoría de los casos; una segunda generación con la que había compartido vestuario en la sub 21. No ocurriría lo mismo con los mayores.

Tercera barrera. En 1998 Francia organizó y ganó su primer Mundial de fútbol. Kanouté lo vio por televisión. También vio cómo triunfaba su espejo, Thierry Henry, pero nunca se arrepintió de la decisión tomada, como tampoco lo hizo tras su salida en el verano de 2000 del Olympique Lyonnais. Entonces decidió probar suerte en Inglaterra. Otra cultura, otro mundo. Eligió el West Ham del Londres de comienzos del siglo XXI. El Londres de los millones de libras en maletines procedentes de la extinta URSS y la especulación inmobiliaria. Allí se acercó aún más al Islam, una de sus devociones. De ‘hammer’ pasó a ‘hotspur’ tras firmar por el Tottenham. Era 2003 y solo dos años más tarde, después de no haber rendido al nivel esperado, eterno suplente, respondió a la llamada de un tal Monchi, un exfutbolista que por aquel entonces comenzaba a dar clases magistrales de cómo había que gestionar una dirección deportiva.


Cuarta barrera. En Andalucía, su añorado y amado Al-Andalus, Kanouté ha sido y es feliz. Ídolo de la afición, que en muchos casos le considera el mejor futbolista de la historia del club, el malí se reencontró en el Sánchez Pizjuán con el gol, una especialidad en la que nunca había brillado demasiado. Era una estrella que le hubiera gustado ser opaca. Un futbolista de futbolistas.
 Publicado por Dani Gonzáles en 20-20.

12/11/17

Corinthians vs SaoPaulo |1982| Una camiseta muy democrática



Por: Bernard Lions

Ponerse una camiseta del Corinthians a comienzos de la década de los ochenta no era un asunto sin importancia. Era una elección política. Ese fue el enfoque del capitán de Brasil Sócrates, uno de los principales encargados de promover la iniciativa “Democracia” en noviembre de 1981. Este movimiento ideológico fue creado para retar a la dictadura militar y ofrecer a los jugadores la oportunidad de dirigir al club de forma colectiva. Los beneficios de la venta de entradas y derechos de televisión eran distribuidos entre todos los empleados del club y entre los jugadores, encubiertos como extras por las victorias. A cambio, eran ellos los que tomaban las decisiones con respecto a la contratación de los jugadores, así como del entrenador. De hecho, le ofrecieron el puesto a Ze Maria, antiguo defensa del Corinthians y ganador de la Copa Mundo en 1970. También fueron ellos los que salieron al terreno de juego antes de la final del campeonato Paulista de fútbol y desplegaron una pancarta que decía: “Ganar o perder, pero siempre dentro de una democracia”.
Esta autogestión, junto con el fútbol entretenido, ayudó al club a disfrutar de grandes éxitos tanto dentro como fuera del campo. “Luchábamos por la libertad, por un cambio en nuestro país”, explicaba Sócrates, que tristemente falleció el 4 de diciembre de 2011 con cincuenta y siete años. Sócrates, doctor en medicina con una fuerte conciencia política y hermano mayor de Rai, que también fue capitán de A Selecao en una ocasión, solía salir al terreno de juego con la inscripción “Democracia Corinthiana” en su camiseta o con mensaje a la espalda animando a la gente a votar en las elecciones, esta mini república llegó a su final con el surgimiento de la democracia en 1985.

5/11/17

Corinthians vs Sao Paulo |1983| ¿Por qué la estrella del fútbol Sócrates fue tan importante para la democracia de Brasil en pleno régimen militar?


Por Redacción BBC

Transcurría el año 1983. El club brasileño Corinthians saltaba al engramado del estadio Morumbi a disputar la final del Campeonato Paulista contra el Sao Paulo con una enorme pancarta en las manos: "Ganar o perder, más siempre con una Democracia".
Fue el momento álgido de un movimiento que había nacido un año antes y que no sólo estaba sacudiendo las bases del fútbol en Brasil, sino que contribuía a la efervescencia democrática de la época en un país que llevaba dos décadas bajo el control de un régimen militar.
A la cabeza sobresalía la figura de uno de los futbolistas brasileños más reconocidos en el mundo, tanto por ser el capitán de uno de los más grandes equipos que se recuerdan, como por su férrea defensa a sus convicciones ideológicas: Sócrates.

"Él lideró el movimiento de poder de los jugadores dentro del Corinthians basada en la ideología de un hombre, un voto", le recordó a la BBC el escritor inglés Andrew Downie, autor de la biografía más completa de quien fuera conocido como el doctor del fútbol.
"Eso le dio voz por igual a todos los jugadores, fuere el capitán de Brasil o el arquero reserva, pero también al utilero o al masajista. Todos los votos valían lo mismo y entre todos decidían cualquier cosa, desde los viajes, los horarios de entrenamiento y el reparto equitativo de los premios".
Esa revolución, conocida como la "Democracia Corinthiana", fue recogida en un documental que hace algunos años llevó al cine el director brasileño Pedro Asbeg.
"El período que va de 1982 a 1984 es único, no existe nada igual en el fútbol", resaltó Asbeg en una entrevista con BBC Brasil.
Según Downie lo que ocurrió en el club de Sao Paulo hubiera tenido un fuerte impacto en cualquier época, pero que tuvo especial repercusión al tratarse del Brasil de principios de los años 80, en pleno régimen militar.

"Estamos hablando de un país que había vivido 20 años de gobiernos represivos, de dos generaciones de brasileños que no habían vivido en democracia, que no habían experimentado la libre expresión de la gente, el sentido de representación".
"Lo que hizo Sócrates es que brindó estos conceptos a la gente", enfatizó Downie, además de servir de mensajero sobre los problemas que sufría la población.
"Cuando alguien le preguntaba sobre las tácticas para el siguiente partido o donde jugaría en el campo o las características del rival, él respondía rápido y luego hablaba del sistema de salud, de educación o la necesidad para mejores salarios", recordó.

En esta entrevista también comentó que a un año antes de su muerte, Sócrates reconoció que siempre sintió que esa era su obligación.
"La gente me dio el poder de decir las cosas, entonces yo las digo por ellos. Si yo estuviera del otro lado, del lado de la gente, no habría nadie que escuchara mis opiniones".
"Lo mejor que el fútbol me dio fue la oportunidad de conocer a los seres humanos", contó.
"Conocí a personas que sufrieron muchísimo y también conocí el otro lado de la sociedad, los que lo tienen todo".
Destacó que lo que ocurrió en el Corinthians aceleró la velocidad del proceso de cambio, dada el poder de movilización del fútbol, y también lo calificó el período de oro del club como una muestra que legitimaba en el campo el sistema de participación colectiva.
Antes del surgimiento de la "Democracia Corinthiana", en 1981, el club atravesaba un período de crisis, descendido a la categoría de plata y eliminado de la fase final del campeonato paulista.
En los años siguientes conquistaría el título dos veces, algo que no había ocurrido en más de tres décadas.

"La gente escuchaba y lo apoyaba y le dio a Corinthians una imagen de equipo del pueblo, aumentando el número de personas que lo seguían, que querían que les fuera bien dentro del campo", destacó Downie.
"Eso también le añadió más presión para lograr los resultados porque a los militares no les gustaba".
Pero el ejemplo del Corinthians, de éxito deportivo dentro del campo y social fuera de él, no perduró en el tiempo, ni siquiera con el regreso de la democracia a Brasil en 1985.
"En las elecciones internas del club ese año, la plancha apoyada por los jugadores fue derrotada", recordó Asbeg, "lo que generó protestas en un sector de la afición que forzó la salida de la nueva directiva esa misma noche".
Fue sólo un espejismo en el rumbo que mantendría el fútbol en general.
"Sócrates siempre se sentía frustrado porque ese ejemplo nunca fue seguido", expresó Downie.
"Una de las razones por la que todavía estamos hablando de la Democracia Corinthiana hoy es que nunca se ha repetido en el fútbol. Ninguno de los grandes clubes en el mundo le ha dado el poder a los jugadores de hablar en voz alta, de influir en el manejo del equipo de la forma que Corinthians lo permitió, de la manera que impulso Sócrates".
"Nadie asume una clara posición ideológica en los problemas de la vida diaria, como los derechos humanos, inmigración o Brexit, ninguno dice nada".

"Y eso había sido una gran decepción para Sócrates".

1/11/17

Athletic vs Barça |2017| El fútbol, en medio de la gran tormenta

Carteles a favor del "sí" y banderas independentistas en la grada del Camp Nou.


Por: Iñako díaz

En el clima político más tenso de la democracia, el fútbol no escapa.
Para valorar todo esto hablamos con tres políticos e hinchas de distintas ideologías y equipos: Andrea Levy, Gabriel Rufián y Eduardo Madina.
No hay que mezclar fútbol y política. Lo han leído, lo han escuchado y, probablemente, lo hayan dicho. Bien, pues espero que no se lo creyera demasiado o se van a llevar un disgusto. Con el conflicto catalán devorándolo todo, el fútbol español ha dejado de disimular, el binomio fútbol y política. Piqué votando y llorando el 1-O, Ramos grabando vídeos ante una bandera española gigante, Bartomeu intentando nadar y guardar la ropa, el Metropolitano inundado de rojigualdas para recibir al Barça, Javier Tebas con su pasado ultraderechista y la bandera al cuello en la manifestación a favor de la unidad...
Si pensaban que en estos días resultaba imposible poner de acuerdo a derecha, izquierda e independentismo, -en realidad lo parece- la relación fútbol-política lo consigue (a ratos). Preguntamos a un socialista de Bilbao (el ex diputado Eduardo Madina), una popular del Barça (la vicesecretaria del PP, Andrea Levy) y un indepedel Espanyol (el portavoz de ERC, Gabriel Rufián): ¿es positiva esta politización del fútbol?

«Como toda expresión cultural o social de un país, el fútbol es indesligable de la política. Vengo de un Euskadi marcado por los silencios obligados por la presencia de ETA, así que el silencio nunca me parece una buena señal. Que los clubes y los jugadores se expresen políticamente es una señal de madurez en una sociedad», apunta Madina.
Se suma Rufián: «El fútbol, como cualquier ámbito de la vida, a menudo es política. Y me gusta que haya tíos valientes como Piqué o Rafa Nadal, con el que ideológicamente no tengo nada que ver, pero que cuando tiene que defender sus ideas lo hace. Ojalá cunda el ejemplo». «Que futbolistas como Piqué se posicionen es positivo. Con los clubes es distinto. Porque una cosa es fomentar los valores políticos de participación y otra convertirse en espacios dominados por un interés partidista. Es lo que ha pasado en el Camp Nou», puntualiza Levy, que señala a un Barça que se ha encontrado (o se ha metido) en el ojo del huracán. Volveremos a él.

Athletic-Barça, los equipos emblema de las dos comunidades con más historial nacionalista y con las célebres pitadas al himno como precedente. Madina, asiduo a San Mamés desde los oscuros 80, víctima de ETA, lo celebra: «Ha cambiado muchísimo el ambiente porque Euskadi no tiene nada que ver con la de antes del 20 de octubre de 2011, cuando ETA anunció el cese definitivo de la violencia. El viejo y el nuevo San Mamés son dos mundos distintos».
Para el Barça, cada partido es un sobresalto. Primero, se posicionó a favor del derecho a decidir. Después, se quedó en tierra de nadie al jugar a puerta cerrada el 1-0 en vez de suspender el partido, como pedía el independentismo, o disputarlo con normalidad. Por último, contra Olympiacos, se escudó en la UEFA para impedir que se colocasen pancartas de apoyo a los Jordis. Y así, Bartomeu se convirtió en un equidistante y enfadó a todos.
«Un club como el Barça no puede actuar como si sólo tuviera seguidores de una tendencia ideológica. No debería haberse posicionado claramente a favor del soberanismo. Se ha creído más que un club, ha querido ser un apéndice de la política institucional catalana y ha enviado al banquillo a los socios que no se reconocen en la identidad política que quiere impulsar. Ha excluido a gran parte de su afición», sentencia Levy.

Y es que es imposible que, en el ambiente actual, la selección no acabe en el foco político. Piqué fue el detonante y en su rueda de prensa de la paz dejó una de las frases más debatidas del año: “un independista puede jugar con España” Él aclaró que no era su caso, así que le preguntamos a alguien que sí lo es, Gabriel Rufián. ¿Podría un independentista jugar con España?: «Por supuesto. Yo soy seguidor y he celebrado triunfos de la selección española. Me encantan Iniesta y Ramos. Me encantaba Casillas. No tengo fobia hacia la bandera española, ni hacia el himno español, ni hacia el fútbol español». Uno, que tiene serios problemas para comprender los nacionalismos, ruega una explicación de algo que le parece contradictorio: «Al final, ser independentista no es nada. Es un estado transitorio. Yo lo que me considero es republicano de izquierdas y eso va ligado a la defensa de la autodeterminación de los pueblos. Y nada de eso me parece incompatible con que disfrutes de la selección española, quieras que gane o, en el caso de un futbolista, quieras jugar en ella». Mientras tanto los campos de fútbol seguirán siendo expresión de la sociedad.

31/10/17

Colombia vs Israel |1989| El Palomo de la Paz

Albeiro Usurriaga en la época de los 80.

Por Edwin Medina

El gol del Palomo Usurriaga a Israel el 15 de octubre de 1989, no fue importante solamente en lo futbolístico. Este gol, más tarde (30 de octubre) con el empate sin goles, en el partido de vuelta en Tel Aviv, clasificó al país sudamericano después de muchos años a un mundial de fútbol. Aquella anotación, cerró la época más sangrienta en la historia de Colombia y  unió por primera vez en mucho tiempo al país.
Era la década de los ochenta. Mientras los gringos consumian perico colombiano, en los mejores clubes de New York, Los Ángeles o Miami, en Colombia se vivía una portentosa guerra con varios hechos y varios protagonistas: El Cartel de Cali, El Cartel de Medellín, el Bloque de Búsqueda, Los Pepes, Los extraditables, las guerrillas del ELN, Las FARC, EPL, el M-19,  los Paramilitares, los hermanos Castaño, Don Berna, el Estado corrupto, entre otros. Hubo hechos atroces como el Director del periódico el Espectador asesinado en Bogotá, la hija del ex presidente Turbay asesinada en Medellín, asesinado Galán, asesinado Lara Bonilla, asesinado Pardo Leal, asesinado Héctor Abad Gómez, asesinada Silvia Durán junto a líderes campesinos, asesinado Bernardo Jaramillo Ossa, asesinado Manuel Cepeda, asesinados indígenas, periodistas y líderes sociales, asesinado el Ministro, el Juez, el policía, el civil…La guerra también se vivía en las nubes. En el cielo explota el avión de Avianca, igual mente en las alturas, a metralla, era asesinado Carlos Pizarro. El edificio del DAS volaba en mil pedazos, la Unión Patriótica  lloraba el genocidio de más de 4.000 de sus integrantes. El secuestro  de Martha Nieves Ochoa, la toma al Palacio de Justicia, La Espada de Bolívar es robada y según el mito, es guardada en la casa del poeta León de Greiff… En lo futbolístico, Belisario Betancur anuncia que Colombia renunciaba a ser sede del Mundial de fútbol de 1986. “La Mechita” pierde tres finales de Libertadores, el clásico bogotano entre Millonarios y Santa Fe se juega en la finca del narcotraficante Rodriguez Gacha, “Los Puros Criollos” levantan la Libertadores en Bogotá, el profesor Marroquín gesta la gran generación de los 90 y el torneo de 1989 es suspendido por el asesinato del árbitro Álvaro Ortega. 
No todo era sangre en los 80 en Colombia. En Estocolmo, Gabriel García Márquez recibió el premio Nobel de Literatura, por Cien años de soledad, donde nos contaba las historias de los habitantes de Macondo. El pueblo que un día sufrió la peste del insomnio que con el tiempo generó la peste del olvido. Entre tantas muertes que se vivieron en la década perdida, como se conocen los ochenta en Colombia, los habitantes de éste país olvidaron entre lágrimas, nostalgia, rabia, fiestas patrias, aguardiente y pola un hombre: Albeiro “El Palomo” Usurriaga.

Era el partido por el repechaje ante Israel para el Mundial de Italia 90 y era el fin de la década de los 80. El único gol de la serie lo anotó Usurriaga. No era cualquier gol. Colombia volvía a un Mundial de fútbol después de 28 años.  Lo mejor no era que volvía a la cita orbital. Lo principal, era que aquel gol, unió como país a los colombianos. Por fin, aunque sea por un instante, fueron uno solo. Ya habían olvidado que era eso de la “unión”. Por un momento, el pueblo se olvidó de los coches bomba, los lanzamisiles, los asesinatos, los secuestros, los desaparecidos.  Las viudas, los huérfanos y los miles que sufrieron en aquel tiempo, tuvieron una anestesia mientras veían aquellas largas melenas y barbas festejando en el césped.

Usurriaga fue parte de la gran generación de futbolistas colombianos de aquel tiempo. Marcó cuatro de los 6 goles que Atlético Nacional le anotó al Danubio de Uruguay en las semifinales de la Libertadores de 1989. Además, anotó el gol decisivo que igualó la serie en la final ante el Olimpia de Paraguay. En Nacional  fue ídolo. También lo fue en el Independiente de Argentina con el que ganó varios títulos. En 2004 fue asesinado en Cali, según el diario EL PAIS, por meterse con la mujer de un jefe de sicarios que no aguantó que su mujer amara a otro. 
Cuando se habla de grandes goles en Colombia, se recuerda el gol olímpico de Marcos Coll a Lev Yashin, el gol de Rincón a los alemanes, los cinco a  Argentina, pero en la República de lo efímero poco se recuerda el gol que unió un país y  cerró, con una sonrisa, efímera, pero al fin y al cabo sonrisa, la época más violenta de su historia. 


25/10/17

Cuba vs Rumania. 1938. La primera vez de Cuba en un Mundial


Si bien la sombra del dictador Benito Mussolini no estuvo omnipresente, la tercera edición de la Copa Mundo estuvo marcada de nuevo por la política. El planeta, en especial Europa, estaba más convulsionada que nunca,los espíritus estaban alborotados y los ánimos caldeados. La inminencia de la Segunda Guerra Mundiall marcó el torneo cuya sede fue otorgada a Francia para rendirle homenaje a Julet Rimet, el dirigente que había impulsado la creación del certamen. Ese hecho, sin embargo, en vez de unir a los 32 países que conformaban el seno de la FIFA, terminó por ahondar las diferencias.
Austria, considerado uno de los mejores equipos del planeta, se retiró luego de que su territorio fue invadido por Alemania. Algunos de sus jugadores fueron integrados al elenco germano, pero Mathias Sindelar, el más importante de todos, se negó de manera rotunda y ese episodio fue el comienzo de un final fatal e inesperado para el talentoso deportista. España se hizo a un lado dado que su país se desangraba por cuenta de la Guerra Civil, mientras que China y Japón estaban enfrentados en la segunda guerra Sino-Japonesa, que se desató en 1937.
En lo deportivo, La primera fase resultó inesperada equilibrada, pues cinco de los ocho duelos requirieron prórroga , tras terminar empatados al cabo de los 90 minutos reglamentarios; dos de ellos no lograron dirimir superioridades y, por eso, fue necesario programarlos de nuevo. Fueron Cuba-Rumania (3-3) y Alemania-Suiza (1-1). Los cubanos dieron la primera gran sorpresa de la historia  al derrotar a los experimentados rumanos, que en el duelo de desempate cayeron 1-2 y se despidieron prematuramente.
Cuba llegó a Francia 1938 gracias a la invitación de la organización. Además, a Cuba la favorecieron los retiros de Colombia, El Salvador, Costa Rica y Surinam. A Francia, los futbolistas de la isla llegaron como campeones de los Juegos Centroamericanos  y del Caribe en  los que fueron anfitriones. El emparejamiento de la primera fase de deparó a Cuba un duelo con Rumania, que había sido octavo en 1930 y duodécimo en 1934. Pintaba para debut y despedida, `pero los 7.000 aficionados que se apostaron  en las tribunas del Stade Municipal de Toulouse vieron una de las más grandes sorpresas de la historia de la Copa Mundo. Como era de esperarse, los rumanos abrieron la cuenta, aunque no tan temprano como pudiera esperarse: a los 35 minutos por intermedio de Stefan Dobay. Pero antes de que concluyera el primer tiempo Héctor Socorro marcó el 1-1. En el segundo tiempo, José Magriña amenazó con el batacazo, pero Iuliu Baratky, cerca del final, empató de nuevo y obligó a disputar la prórroga.
En esa instancia Socorro, primero y Dobay, después  volvieron a anotar para un increíble 3-3 que, de acuerdo con la reglamentación establecida, desencadenó en un nuevo juego. Ese encuentro  se cumplió el 9 de junio, con mil hinchas más que en la ocasión anterior. El partido pintaba para otro duelo goleador entre Dobay y Socarro hasta que Tomás Fernández, a los 12 minutos del segundo periodo, puso el definitivo 2-1. Cuba avanzó, Rumania se despidió y el mundial tenía un protagonista inesperado. En Cuartos de Final, lo esperaba Suecia, que había quedado libre en la primera ronda tras el retiro a última hora de Austria.  lo que fue una gran ventaja para los europeos.

La cita entre nórdicos y caribes se dio el 12 de junio y resultó una pesadilla para los cubanos. Fueron goleados, lo que resultó un durísimo golpe para un inexperto, pero combativo elenco cubano. Tres partidos en una semana fue mucho. Cayeron en Cuartos ante un descansado Suecia, pero  marcharon con la frente alta.

Brasil vs Uruguay |1950| "Mi patria son los olvidados, mi patria son los que sufren". Obdulio Varela, El Negro Jefe



Por: Carlos Eduardo González
Autor del libro: "Colombia Mundial - De Uruguay 1930 a Brasil 2014"


Nació y murió en la pobreza, pero en su vida fue símbolo de la más grande riqueza que puede atesorar el ser humano: el cariño, el respeto y la admiración de la gente. El día que falleció, el 2 de agosto de 1966, se puso punto final también a una época que marcó una de las más grandes alegrías que haya vivido Uruguay, pero que con el paso del tiempo se convirtió en un símbolo de estancamiento de la sociedad. Que quede claro, sin embargo, que Obdulio Jacinto Muños Varela fue sinónimo de éxito, de triunfo, en el tiempo de mayor éxito y de más triunfos de la Selección Uruguay.
Valera  fue el capitán que condujo a un barco que en algún momento se encontraba a la deriva y lo llevó hasta un puerto seguro. Fue, de hecho, el gran héroe en la jornada más feliz que haya vivido el fútbol uruguayo, en la noche más triste que haya vivido el pueblo brasileño: el ‘Maracanazo’.  Varela (siempre usó el apellido de su madre, de la que su padre se separó cuando él era muy chico) fue capitán de la celeste entre 1941 y 1954. Fue el jugador al que le correspondió recibir la copa Jules Rimet en aquel cementerio que se había convertido el estadio Maracaná, poblado por más de 200.000 muertos en vida, el 16 de julio de 1950. Fue Varela, que no se distinguía como un jugador talentoso ni virtuoso con el balón, el que envió el pase que luego su compañero Alcides Ghiggia tradujo en el segundo gol uruguayo, el que silenció a un país entero (no solo al estadio), el que cambió la historia, el que inmortalizó un partido.
Tras la separación de sus padres, este mulato, que nació el 20 de septiembre de 1917 en Curvas de Industria, una zona deprimida de Montevideo, tuvo que salir a la calle, junto con sus hermanos, a buscar el sustento diario. Fue lustrabotas, voceador de prensa, vendedor a domicilio. A duras penas pasó por la escuela, pero el hambre (el físico y el de superación) lo obligó a abandonar las aulas. Fue, entonces, cuando encontró en la pelota el medio para gambetear las difíciles condiciones que la vida le había impuesto. Era más bien tosco con el balón, lento en su andar y hacía más gala de fuerza que de técnica. Pero lo que le permitió ser distinto y convertirse en Negro Jefe fue su gran corazón.
Poseía una personalidad a prueba de todo, un temperamento inquebrantable y, en especial, una humildad que le sirvió para nunca perder la perspectiva de la vida. Fue el que, en el túnel de salida del camerino en el intermedio del partido contra Brasil, arengó a sus compañeros con una frase que se inmortalizó: “Los de afuera son de palo”, en referencia a que los más de 200.000 aficionados no jugaban. Fue el que le bajó la temperatura al juego luego de que a los 2 minutos del segundo tiempo Friaça puso a ganar a Brasil. Fue el único que se atrevió a meterse en ese terrible caos que se formó tan pronto finalizó el partido (todo estaba previsto, menos el triunfo de Uruguay) para adueñarse del trofeo.
La actitud que lo mejor lo describe, sin embargo, fue la que se dio después de su máxima conquista. Se negó a celebrar el triunfo junto con sus compañeros y esgrimió un argumento irrefutable cuando alguien lo requirió: “Mi patria es la gente que sufre, y hoy todos los brasileños están sufriendo”, dijo. Abandonó el hotel y se fue de bar en bar. En uno de ellos, para su sorpresa, lo reconocieron y, contrario a lo que él pensaba (“me iban a matar”), lo felicitaron y lo invitaron a compartir un rato. Como capitán y líder de Uruguay, de alguna manera se sentía culpable de la terrible tristeza de los brasileños, responsable de que esa gran fiesta que se había preparado no se llevara a cabo y, entonces, con una sensibilidad poco común, prefirió compartir con los que sufrían que con los que celebraban.
Su carrera se inició en las filas del Juventud, un club amateur. En 1937, ya como profesional, llegó a Montevideo Wanderers y en 1943 se enroló al Peñarol, uno de los grandes de su país. Con la camiseta aurinegra fue campeón en 1944, 1945, 1949, 1951, 1953 y 1954. En la Selección acumuló 57 presencias, de las cuales siete correspondieron a los Mundiales de Brasil-1950 y Suiza-1954. En esas dos citas, Uruguay fue campeón y cuarto, respectivamente, como un detalle que no es menor: siempre que Obdulio Varela estuvo en el campo, su equipo ganó (seis veces) o empató (la restante). En esos dos certámenes, la celeste solo cayó una vez (en el partido por el tercer lugar, contra Austria), pero ese día el Negro Jefe no estuvo en el terreno de juego.
Tras su retiro de las canchas, que irónicamente se dio en el Maracaná (Peñarol jugó contra el América de Río de Janeiro) se recluyó en su casa del barrio Villa Española adquirida gracias a la caridad pública, al lado de su familia y, en especial, de su esposa Catalina. Fiel a su característica, se mantuvo lejos de la parafernalia mediática, pese a que era una celebridad en su país, y siempre rehuyó las entrevistas. “¿Para qué hablar? Los periódicos solo tienen dos cosas verdaderas: el precio y la fecha”, decía. Hasta allí, sin embargo, frecuentemente llegaban amigos, deportistas, dirigentes, periodistas y hasta presidentes de la República (como Luis Lacalle y Julio María Sanguinetti) para saludarlo y, cómo no, pedirle consejo. A todos los atendía con la cordialidad de siempre, aunque jamás entendió por qué despertaba tanta atención.
“De tanto en tanto me pasan el plumero (esfero), se acuerdan del Maracaná, de este negrito viejo, y vuelta a tocar la misma canción. Quieren seguir haciendo negocio conmigo. Entonces, he decidido quedarme acá con el Beclomol (medicamento para combatir el asma) en el bolsillo, por las dudas”, le dijo una vez a Antonio Pippo, el único periodista al que le autorizó una publicación sobre su vida. En 1994, en el Mundial de Estados Unidos, la FIFA le hizo un reconocimiento por su trayectoria, pero solo viajó después de que su esposa y amigos debieron luchar a brazo partido para convencerlo. Su vida siempre fue muy austera, sin lujos, lejos del mundanal ruido. Murió pocos meses después de que su amada Catalina se le adelantara de este mundo terrenal. Aquel 2 de agosto de 1996, como el 16 de julio de 1950, un país entero estuvo de luto. La diferencia fue que ahora le tocó el turno a Uruguay…
mundo terrenal. Aquel 2 de agosto de 1996, como el 16 de julio de 1950, un país entero estuvo de luto. La diferencia fue que ahora le tocó el turno a Uruguay…

Inglaterra vs USA |1993| The black is beatiful



Por: Bernard Lions

A pesar que todavía tienen lugar incidentes racistas con demasiada frecuencia en los estadios, el futbol siempre se ha esforzado por cambiar la mentalidad del público. Este fue el caso en especial de Paul Ince en Inglaterra fue el jugador número noventa y siete y sobre todo el primer jugador de color en lucir el brazalete de capitán para Los Tres Leones en un partido contra Estados Unidos en Boston. Ese día, el 9 de junio de 1993, sigue siendo memorable para la minoría de color en Inglaterra, puesto que el acceso al procedimiento de selección había estado limitado desde hacía tiempo para ellos. Jack Leslie fue el primer jugador de color en ser convocado en la década de los veinte. Sin embargo, la FA canceló su convocatoria cuando se dieron cuenta de que el delantero del Plymouth era negro. El fútbol tuvo que esperar hasta el 29 de noviembre de 1978 para presenciar cómo Viv Anderson se convertía en el primer jugador de color en representar a Inglaterra en un partido contra Checoslovaquia. Más tarde, Paul Ince se convertiría en el primer capitán de color en 1993, allanando el camino para Sol Campbell (jugador 101 y tres veces capitán). Paul Ince también llegó a ser el primer entrenador de color la Premier League al aceptar un puesto en la plantilla del Blackburn en 2008

8/10/17

Argentina vs Perú |2017| NAPOLEÓN, HITLER Y EL PELADITO



Llegar a Moscú nunca fue fácil ¡Napoleón y Hitler lo saben!

Por: Hugo Asch

“Mañana mi objetivo no será 
clavar y matar, sino evitar 
que mis soldados huyan del 
terror que los invadirá, a ellos 
y a mí. Mi objetivo será que 
marchen juntos y asusten a los 
franceses; y que los franceses 
se asusten antes que nosotros”
León Tólstoi (1828-1910); de 
‘Guerra y paz’ (1865/ 1869): 
el príncipe Andréi se confiesa.


Los libros nos enseñan que el largo camino a Moscú nunca fue fácil para quienes hayan pretendido llegar con aires triunfales. El Ejército Rojo, el fervor patriótico de un pueblo dispuesto a todo y el implacable General Invierno fueron verdugos del sueño imperial de Napoleón Bonaparte en el siglo XIX y de Adolf Hitler, en el XX. Deberíamos haber tomado en cuenta esos sutiles guiños de la historia hace dos directores técnicos, pero en fin: así somos.
Napoleón dio el primer paso de lo que sería el mayor desastre militar de la historia francesa el 24 de junio de 1812, cuando cruzó el río Niemen con su Grand Armée de 443.000 soldados. El avance sin oposición sobre “tierra quemada” fue vaciando el estómago y el corazón de su gente. Por fin, la sangrienta batalla de Borodinó le abrió las puertas de una ciudad fantasma, cubierta de cenizas y nieve. Entró el 12 de setiembre con 100.000 hombres y se retiró un mes después. Apenas 10.000 sobrevivientes alcanzaron el río Niemen en diciembre. En 1882 Tchaikovsky estrenó su Obertura 1812 en Moscú para conmemorar esa heroica resistencia.
A Hitler no le fue mejor. A partir del 30 de setiembre de 1941 puso en marcha la Operación Tifón, que movilizó a un ejército con 3.000.000 de efectivos que ni siquiera pudieron pisar tierra moscovita. El costo de la Batalla de Moscú fue altísimo, para ambos bandos. Los alemanes fueron perseguidos en su tortuosa huida y defendidos desde el aire por los Stuka. El saldo fue desolador: tuvieron 175.000 bajas entre muertos y heridos, perdieron 1.300 tanques Panzer, 2.500 cañones y 5.000 vehículos. Las bajas de los soviéticos superaron el millón de soldados entre muertos, heridos y prisioneros.
La Selección Argentina inició su cruzada a Moscú aturdida por la muerte de Julio Grondona, el FIFA-Gate y el extraordinario talento para el error demostrado por los reidores que heredaron el poder. Tata Martino dejó al equipo tercero, clasificado al Mundial, cuando presentó su renuncia harto de no cobrar un peso durante ocho meses.
La elección del sucesor fue un mal paso de comedia protagonizado por actores todavía peores. Armando Pérez, el presidente de la Comisión Nosecuantodora, hizo un casting nacional y terminó llamando al que quería Fernando Marín. Cuando lo anunció, ni siquiera recordaba su nombre. Edgardo Bauza, un entrenador serio, fue engullido por su personaje, que a veces fue el doctor Jekill y otras míster Hyde, todo para tener contento al 10 & Compañía.
No le fue bien. El equipo era una lágrima y para colmo el nuevo presidente de la AFA, Chiqui Wall de Moyano, lo miraba de costado. Con la meta de llegar a Moscú y cobrar su contrato hasta el final, Bauza toleró mejor que Yanina Latorre el engaño en cadena nacional con Jorge Saint Paoli, que seguía con su matrimonio sin amor con el Sevilla. El final fue feliz y el peladito ricotero se convirtió en el tercer sueldo de una AFA quebrada. El más alto, por lejos.
Saint Paoli tiene la mirada huidiza y los movimientos eléctricos de un pequeño roedor. Es un caso extraño. Su asombroso éxito en Chile lo elevó a un estrellato algo tardío. Los futboleros nativos, indignados con Messi y los suyos a quienes veían como fracasados por haber perdido una final de Copa del Mundo y dos de Copa América, exigían un cambio. Entonces llegó él, con su comitiva, sus viajes para cumplir con el protocolo del besamanos, sus números, su balbuceo hermético. Cosas que pasan en estas pampas de crisis.
La cosa empezó con dos amistosos. Gol de Mercado para ganarle a Brasil en Melbourne, y un 6-0 en Singapur, sin Messi, frente a un equipito de entusiastas cazadores de autógrafos que se quedaron con las ganas. Fin de las sonrisas. Los números cosechados en los tres partidos por Eliminatorias dejaron 6 puntos de déficit y una soga al cuello. Tomamos deuda con un amable 0-0 en Montevideo y no pudimos pagar en casa, con Venezuela, que terminó marcando los dos goles en un pálido 1-1.
Como había que ganarles sí o sí a los peruanos –una escena en eterno retorno nietzscheano–, Saint Paoli convocó a La 12 con Bombonera all inclusive, brillante idea conjunta de Chiqui Wall de Moyano y Angel Easy, que aportaron la infraestructura y el cash para aterrar al rival, visita de Gianni Infantino incluida. No habría funcionado.
El resultado fue satisfactorio solo para los barras, que facturaron una fortuna entre el bonus por buena conducta, la reventa, su patio de comidas, los trapitos y papeles varios.
Su único aporte fue una espantosa bandera con tipografía pigmea, y algo de poesía low cost: “A los ingleses los corrimos en todos lados/ los alemanes tienen miedo de cruzarnos/ ay brasilero no sabés la que te espera/ cuando vengas a jugar a La Bombonera / Por lo colores de mi patria doy la vida/ como lo hicieron los soldados en Malvinas/ cuando me muera no quiero nada de flores/ yo quiero un trapo que tengan estos colores/ Y vamos vamos vamos Selección…”. Ni Calamaro.
Demasiadas bajas camino a Moscú. Higuaín en su casa, Dybala en el banco, Mauro Icardi de Wanda y Benedetto con quemaduras graves, Di María con la cancha al revés, Acuña de 3 y sin desborde que es lo suyo, Banega con sueño, Gago y Agüero trágicos, Casco como Di Caprio en el Titanic, Messi como El Extranjero de Camus y Saint Paoli con su habitual ataque de excitación psicomotriz en los partidos. Todo mal.
Ahora hay que ganarle sí o sí a Ecuador en Quito y listo, vamos a Rusia con el mejor del mundo. Oh, no. ¡Me parece haber visto esa película antes! Ay.

Estamos vivos de milagro, compatriotas.

FC Barcelona vs Real Madrid C.F. |2011| 1.714



Octubre 7. Año 2012. Minuto 17 con 14 segundos, el estadio barcelonista retumbó al grito de “independencia”, en el que se unieron los casi 100.000 asistentes, en referencia a 1.714, año de la derrota catalana ante las tropas borbónicas de Felipe V en la Guerra de Sucesión española.
La región de Cataluña ha buscado desde ese año independizarse del resto de España, pero en los últimos meses ese clamor se ha agudizado fuertemente.

En ese esfuerzo, Madrid, la capital del país y la sede del gobierno, se convierte en el enemigo y de allí que el juego adquiera otra dimensión política, explotada frente a millones de televidentes que en España y en todo el mundo han seguido de cerca el partido.

14/9/17

Nottingham Forest vs Liverpool FC |1989| La hazaña del Forest


Por E. González

La última gran batalla del viejo laborismo británico, socialista y cristiano, concluyó en marzo de 1985 con una derrota definitiva. Tras un año de huelga contra el Gobierno de Margaret Thatcher, los mineros se rindieron y en poco tiempo, una a una, las minas fueron cerrándose. Pero, antes de la huelga y del triunfo de Thatcher, aquella izquierda había disfrutado de una gloria irrepetible. Nunca en el fútbol europeo se había visto algo así. ¿Fútbol y política? Sí, por supuesto. A veces ocurre. El mundo de los símbolos es así de complejo.

Tomemos una ciudad: Nottingham, en el corazón industrial de Inglaterra. A mediados de los 70, Nottingham estaba perdiendo con rapidez sus fábricas textiles. La población decrecía. La crisis económica y la crisis del laborismo se unían en una sensación generalizada de declive.
Tomemos un equipo: el Nottingham Forest, tan histórico como deprimido. El Forest fue fundado en 1865 y adoptó el color rojo del revolucionario italiano Garibaldi; en 1976 poseía un pasado notabilísimo (patrocinó el nacimiento del Arsenal londinense, fue el primer equipo en experimentar las redes en las porterías y el arbitraje con silbato en vez de banderas) y un presente mediocre en la Segunda División.

Tomemos un joven entrenador: Brian Clough, que destacaba por su efectividad (le había dado una Liga al modesto Derby County en 1972), por su tremendo carácter y por su filiación laborista. Cuando había una huelga minera en las Midlands, Clough estaba ahí, animando a los piquetes y donando parte de su sueldo. Mister Clough, como exigía ser llamado, no puede ser comparado con los Mourinho o los Ferguson de hoy porque éstos no resisten la comparación. Una de sus frases célebres: "Ya sé que Roma no se construyó en un día, pero es que yo no me encargué de ese trabajo".


Ya tenemos la ciudad, el equipo y el técnico: una mezcla explosiva. En 1977, Mister Clough logró que el Forest ascendiera a la máxima categoría. Entonces empezó la fiesta: en la temporada siguiente, 1977-78, el Forest fue campeón de Liga. En 1979, el año en que Thatcher llegó al Gobierno, fue campeón de Europa. Y en 1980 lo fue otra vez. Ningún otro equipo europeo posee más Copas de Europa que títulos ligueros. El Forest logró la hazaña jugando limpio y raso: fue el primer equipo británico que amó el balón. Otra frase de Clough: "Si Dios hubiera querido que el fútbol se jugara en las nubes, no habría puesto hierba en el suelo".


Luego llegó la decadencia. Las estrellas como Peter Shilton y Trevor Francis se eclipsaron. Mister Clough se hundió en el alcoholismo. El 15 de abril de 1989, cuando Forest y Liverpool iniciaban una semifinal de Copa en el estadio de Hillsborough (Sheffield), una avalancha de espectadores causó 96 víctimas mortales. La tragedia de Hillsborough simbolizó el fin de una época. En 1993 llegaron el descenso y la despedida de Mister Clough.
El mejor entrenador británico (este título podría discutírselo su amigo Bill Shankly, pero nunca Alex Ferguson) murió en 2004, tras un trasplante de hígado que le dio unos pocos meses de tiempo suplementario. El Nottingham Forest malvive en la Segunda División inglesa. Lo que hicieron Mister Clough y el Forest nunca será superado.

Brasil vs Portugal -2014- El fútbol Nike


Cada vez más, el público espera el paso de baile del figurín de turno, malabarismo de la foca, pelota sobre la nariz; cada vez se interesa menos por cómo 11 muchachos se ayudan para hacerse uno

Por Martín Caparrós

Los vi en lugares tan distintos, pero todos hacían más o menos lo mismo. En un descampado en Bogotá, una cancha coqueta en Barcelona, un patio de escuela en Uagadugú, la vera del lago Lemán en Ginebra: chicos y una pelota, y en lugar de correrla y patearla, como hacíamos cuando yo era así de chico, intentaban malabarismos y piruetas.
Una de las cosas que más me intrigan en el fútbol es cómo se fue construyendo la idea de belleza que todos aceptamos. No es fácil, en general, saber por qué creemos que tal cosa es bella y que tal otra no –y lo creemos desde hace tanto tiempo que es casi imposible saber cómo y por qué empezamos. En el fútbol, en cambio, todo es tan reciente que quizá se podría.
Y a veces pienso que valdría la pena reconstruir cómo fue, por ejemplo, que hace cien años se empezó a suponer que pasar la pelota entre las piernas de un contrario era más “bello” que pasarla por un costado, o que pegarle con la parte de atrás del pie era más que pegarle con el lado de afuera que era más que pegarle con el lado de adentro que era más que pegarle con la punta. Son ejemplos, para decir que podríamos haber imaginado cosas muy distintas. De hecho el regate/gambeta/finta/dribbling, la quintaesencia de la belleza futbolera, al principio no existía.
Los argentinos, faltaba más, claman que lo inventaron. “Aquel fútbol inglés muy técnico pero monótono no habría logrado ejercer la influencia requerida por el espíritu de nuestras multitudes –escribió el maestro Borocotó, todavía en los años cuarenta y en El Gráfico porteño–; tuvimos que adornarlo con el dribblingque encandila las pupilas, que es patrimonio de estas tierras”.
El dribbling que encandila las pupilas, sin embargo, tenía una meta: llegar a la meta. El Fútbol Nike no siempre la tiene. El Fútbol Nike es esa forma de entender el juego donde la meta es, más que nada, filmar propagandas carísimas llenas de trucos superhollywood para vender alguna cosa. Lo empezó Nike, pero ya no haysponsor global que no se haga su publicidad de millones de dólares con recontrafiguras desplegando taquitos, bicicletas y chilenas. Lo curioso es que, desde los anuncios, el Fútbol Nike desbordó a los partidos: cada vez más, el público –y sobre todo el público principal, el de la tele– espera el paso de baile del figurín de turno, malabarismo de la foca, pelota sobre la nariz; cada vez se interesa menos por cómo 11 muchachos se ayudan para hacerse uno.
El Fútbol Nike no está pensado para armar equipos sino ídolos vendedores. Para quienes no saben ver fútbol, la chilena a la segunda bandeja es más fácil de mirar, de entender que un diez con la pelota en los pies y un siete que arrastra a la esquina derecha a sus dos marcadores para que pase el cuatro y reciba, en la puerta del área, el pase filtrado mientras el nueve llega, desde atrás, desmarcado, por la izquierda, listo para empujarla adentro.

Es complicado, no cabe en la pantalla. En cambio el firulete es perfecto para el anuncio de la cola o el resumen del partido: es televisivo, que es lo que es el fútbol contemporáneo. Y allí se cierra el círculo: antes del reino de la tele, un chico aprendía a jugar mirando a sus compañeros del colegio, a los pataduras de su cuadra; si alguna vez veía una rabona era un milagro. Ahora lo primero que hacen es imitar los vídeos de Neymar; aprenden la bicicleta antes que a dar un pase; aprenden que lo que importa es saber bicicletear, no saber pasarla. Y así el Fútbol Nike se reproduce a sí mismo y un juego de equipo, de colaboración, de sudor compartido, se va transformando en pura destreza individual: un número de circo.

Celtic vs Rangers |1971| Old Firma la esencia del fútbol.





por: Borja Cuadrado

(...) Quien iba a decir que la industrial y gris Glasgow se convertiría en la ciudad que iba a acoger el partido más emotivo del planeta. El clásico más antiguo a nivel mundial, con casi 120 años de existencia, revoluciona la Gran Bretaña cada vez que se da el pitido inicial. Y todo porque la religión, la política y la sociedad así lo han conseguido. Católicos y protestantes, Celtic y Rangers, están identificados con estratos diametralmente opuestos, que muchas veces han hecho de este una cita peligrosa. Lo sucedido en 1971 fue el ejemplo más dramático. Una avalancha de espectadores en Ibrox Park, feudo del Rangers, acabó con la vida de 66 personas. Nueve años después se vivió la Old Firm más violenta de la historia, según cuentan testigos presenciales. La policía tuvo que cargar con dureza a caballo, contra aficionados de ambos equipos. El alcohol que llevaban encima los hinchas fue la causa de la batalla campal. Historias como esta son difíciles de repetir en la actualidad. Ahora estos partidos se juegan en el mediodía, para evitar que los aficionados acudan en estado etílico al campo. Tras esta breve introducción es fundamental retroceder en el tiempo y conocer cómo nacieron los dos colosos. 

Rangers lo hizo en 1873 y Celtic en 1888. Desde la fecha de su fundación, tomaron caminos diferentes. No tenían nada en común, y es por ello que la rivalidad haya adquirido tintes existenciales. Los ‘Gers’ fueron fundados por aficionados al remo. Desde el principio se convirtió en el equipo preferido de los estribadores del puerto. El origen de los ‘Bhoys’ llegó con la aparición del padre marista Wilfred Kerins, que creó una institución que tenía como objetivo recaudar fondos a favor de un comedor infantil para inmigrantes irlandeses. Rápidamente el Celtic se convirtió en el equipo de la abundante colonia irlandesa establecida en Escocia, en su práctica totalidad, de origen católico. Esto hizo que en el Rangers empezaran a ‘vender’ con mucha fuerza que eran el equipo símbolo del protestantismo. Y así llegó el primer Celtic-Rangers. Supuso además el debut como club de fútbol del Celtic, que goleó por 5-2.Poco a poco la rivalidad fue creciendo. Hasta que en 1909 se vivió una final de Copa que dio origen a la definición propia que tiene este derbi: Old Firm. El choque acabó en empate, por lo que se tuvo que repetir -no existían prórrogas-. El segundo partido, con las gradas del mítico Hampden Park abarrotadas, iba camino de repetir situación. Sin embargo, por la grada circuló el rumor de que podría estar pactado de antemano el empate para poder disputar otra repetición más, con su consiguiente beneficio económico extra para los dos equipos, y aficionados de uno y otro lado invadieron el campo. Quemaron las taquillas, e incluso atacaron a los policías. La conclusión no pudo ser más drástica: el palmarés de Copa en Escocia cuenta con un hueco en blanco en la edición de 1909. Old Firm significa vieja empresa. Este nombre simboliza la extendida opinión de que ambos conjuntos se benefician económicamente de la antipatía que se profesan. La rivalidad entre ambos es brutal, no hay duda. Pero paradójicamente fuera del campo son todo un uno. Lo negocian todo de forma conjunto, como los derechos de televisión o su posible ingreso en la Premier League inglesa. La antipatía que esto ha provocado en el resto de equipos escoceses es obvia. Hasta la fecha la rivalidad tenía tintes, básicamente, deportivos. Sin embargo, en 1912 se instaló en Glasgow la empresa de astilleros Harland and Wolf. No contrataba a católicos... otro punto a favor de ir ‘labrando’ la enfervorizada rivalidad. El sectarismo de las aficiones se agravó con la instauración del Estado Libre en Irlanda en 1921, tras siete siglos de dominio inglés. La zona del Norte, más pequeña, siguió perteneciendo al Reino Unido, mientras que la del sur se convirtió en el gran pulmón del Celtic. Por aquella época, cada Old Firm terminaba muy mal. Las batallas campales eran ineludibles al final de cada encuentro, y se empezaba a asumir que la reconciliación era imposible. Es más, ¿para qué conseguirla?, que pensaba la mayoría. Tras una época de tregua relativa vivida tras la II Guerra Mundial, la situación se recrudeció. Es cuando la política entra en juego. Así, era habitual ver alusiones al IRA en Parkhead, mientras que en Ibrox Park es muy habitual el cántico que reza ‘Estamos hundidos en sangre feniana hasta las rodillas, rendíos o moriréis", en alusión al Sinn Fein, partido nacionalista irlandés y rama política del IRA. En este último estadio también se viven momentos de exaltación cuando suena la canción Simply the Best, de Tina Turner. Al final se escucha un estremecedor ‘¡A la mierda el Papa!Luego viene la aplicación de religión y política en el apartado deportivo. En el Celtic han jugado por tradición no protestantes, mientras que el Rangers llevó el camino inverso hasta que en 1989 se produjo el fichaje de Maurice Johnstone. Estamos ante el único jugador de la historia que ha militado en católicos y protestantes. El origen de Johnstone era irlandés y católico, y tras ser traspasado por el Celtic al Nantes, el Rangers acometió su fichaje. El infierno que vivió en Ibrox Park fue tremendo. Todos en Glasgow le odiaban. Unos por ser un traidor y marcharse al rival -Celtic-. Otros, por considerarle un intruso -Rangers-. Al final, terminó marchándose a EE.UU. La globalización también ha influido en esta rivalidad enconada. Ahora la mayoría de los jugadores son extranjeros, pero la esencia es la misma. Las polémicas siguen siendo constantes. La última se vivió la pasada temporada, cuando el portero del Celtic, el polaco Artur Boruc se santiguó antes de comenzar una Old Firm en Ibrox Park. Boruc fue amonestado por las autoridades por atentar con este gesto contra el orden público... La hostilidad que se vive en la grada es indescriptible. Cuenta todo aquel que ha presenciado uno de estos partidos que no hay nada comparable con un Celtic-Rangers. Ni un Boca-River, ni un Real Madrid-Barcelona, ni un Flamengo-Fluminense. Esto lo deja claro Sir Alex Ferguson, entrenador del Manchester United y escocés, en su biografía: "Hay gente que insiste en que otras rivalidades futbolísticas pueden generar tanta intensidad como los choques entre Rangers y Celtic. Bien, he estado en San Siro, en el derbi de Milán, en Barcelona cuando fue el Real Madrid, he visto el Benfica-Oporto y me he visto envuelto con el Manchester United en partidos contra el City, el Liverpool o el Leeds. Créeme, no hay nada comparable con la atmósfera de un Celtic-Rangers". En 1999, el colegiado escocés Hugh Dallas recibió un impacto de una moneda por parte de los aficionados del Celtic. Al final del partido sorprendió a todos con su discurso: "Tengo amigos en el mundo del arbitraje, como Collina, a los que les encantaría dirigir un Old Firm. Yo no lo dudaría: si tuviera que elegir entre arbitrar a las mejores estrellas del continente en la Champions League o un derby de Glasgow... me quedaría con nuestra propia batalla de gigantes". La rivalidad, como estarán comprobando, es muy compleja. Es más, un amigo escocés me dijo en una ocasión que "el Celtic-Rangers es un Irlanda-Inglaterra. Los escoceses son mayoritariamente de otros equipos". (...) 

Millonarios FC vs Independiente Santa Fe |1948| Gaitán, el bogotazo y el primer campeón

Pancarta en homenaje a Jorge Eliecer Gaitán en la popular de Santa Fe


En agosto de 1948 se jugó el primer torneo de fútbol profesional en Colombia, en ese mismo año, en el país se daba el inicio de una larguísima guerra civil por el asesinato del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán.

Por Alejandro Pino Calad

“Ultimas noticias con ustedes. Los conservadores y el gobierno de Ospina Pérez acaban de asesinar a Gaitán…” Radio Nacional, 9 de abril de 1948 [1]. En menos de tres horas, media ciudad ardía en llamas tras la descarga de violencia que el pueblo había desatado contra el gobierno y contra todo lo que se interpusiera a su paso después de conocer la noticia de la muerte de su líder a manos del odiado conservatismo, noticia dada por medios radiales intervenidos por los líderes liberales que buscaban la caída de Ospina y su partido del poder presidencial.
Ese día, enfurecidos y cargados de desesperanza, las clases populares de Bogotá y luego de todo el país vengaron con muertes, saqueos y destrucción el asesinato de su líder y posible redentor. Lo que comenzó como una protesta violenta con fines políticos, terminó como un derroche de vandalismo y brutalidad alentado por el licor. La policía, que estaba vinculada al Partido Liberal desde el gobierno de Alfonso López, tomó parte en la revuelta a favor del pueblo y el ejército evitó, a costa de muchas muertes, que la masa iracunda se tomara el palacio de gobierno.
Para esa fecha, como parte del proceso de internacionalización del país en el nuevo orden mundial, se reunía en Bogotá la Conferencia Panamericana cuyo tema central era evitar el desarrollo del comunismo en las naciones americanas, con lo que el gobierno de Ospina, con el respaldo del de Washington, declaró oficialmente que el comunismo internacional liderado por Stalin había asesinado al líder liberal para desestabilizar la conferencia e, incluso, tomarse el poder en Colombia. Era la entrada de frente del país en la Guerra Fría.
El gobierno se sostuvo con el apoyo del ejército y con el mantenimiento de la política de unión nacional que terminó llevando a Darío Echandía al Ministerio de Gobierno para tratar de apaciguar la furia del pueblo liberal que reclamaba venganza. Finalmente Ospina retomó el control absoluto de todas las ciudades el 16 de abril, pero la violencia se trasladó entonces a las zonas rurales en las que unos se mataban con otros y el machete se volvía un elemento indispensable para salir de la casa. En Barrancabermeja, por ejemplo, el ejército pudo restablecer la autoridad del ejecutivo sólo dos meses después y en ese lapso muchos conservadores fueron asesinados.
En las ciudades se recogían cuerpos de las calles y varios sectores habían quedado arrasados por el vandalismo. Imperaba el toque de queda y la tensión social era casi incontenible frente a la desesperanza y la posibilidad de que la muerte llegara en cualquier momento.
Antes de que los ánimos reprimidos se calentaran de nuevo, el gobierno ordenó ese 16 de abril que se reabrieran los teatros y empezaran las funciones de cine cuanto antes, y que los partidos de fútbol estaban permitidos: el gobierno trasladó así las pasiones políticas al desenvolvimiento de lo lúdico como espacio de catarsis como ya lo habían hecho los regímenes totalitarios europeos en los 30 [2].
De esta forma, el domingo 18 se llevó a cabo la inauguración del campeonato de fútbol de la Federación del Atlántico con “total solemnidad” y la presencia de 53 equipos [3] a pesar de que el sector comercial estaba hecho cenizas y que la iglesia de San Nicolás fue destruida. El domingo 11 de abril, precisamente, estaba programado un doblete en El Campín entre Millonarios vs Libertad de Costa Rica y Santa Fe vs Alianza Lima, partidos que fueron cancelados por la situación de la capital. Sin embargo, después del 16 Millonarios y Santa Fe decidieron jugar un partido a beneficio del ejército como homenaje a su labor patriótica en los días anteriores, y, además, para darle entretenimiento a la ciudad tras los momentos difíciles que había pasado [4].
Igual pasó en el resto del país, se organizaron clásicos regionales o partidos atractivos para distraer al público y dar la sensación de que los problemas habían sido superados, y fue así como el 25 se enfrentaron en Manizales Deportes Caldas y Once Deportivo, en Cali Deportivo Cali y Boca Juniors, y en la capital de Antioquia Medellín y Alianza Lima, sin contar con que en la costa se estaban jugando partidos domingos y miércoles en el marco del campeonato regional.
La situación se calmó en las ciudades pero no en el campo, hecho que el gobierno solucionó con una censura que se tomó los periódicos liberales, que empezaron a aparecer con hojas y recuadros en blanco.
Los habitantes de las ciudades estaban hastiados de esto y de toda la tensión que generaba la situación política que hacía que cada vez se vieran más desplazados en las calles. La situación de los campos y el aumento de población en las ciudades hizo que en ciertas zonas el alimento se volviera insuficiente y la gente, desesperada, empezó a buscar salidas y espacios en una oferta de entretenimiento que resultaba insuficiente.
Y ahí llegó la Dimayor
El 27 de junio los dirigentes de los equipos más populares de cada región, encabezados por Alfonso Senior de Millonarios, decidieron formar la Dimayor (División Mayor del fútbol colombiano) y organizar un campeonato profesional con partidos de ida y vuelta en cada ciudad participante, el cual daría el primer gran campeón del fútbol colombiano. El campeonato arrancaría el 7 de agosto como un homenaje a la patria en esos difíciles momentos [5] y se permitiría el ingreso de máximo dos equipos por ciudad.
Un campeonato profesional que mantuviera todos los domingos un buen espectáculo en la ciudad fue aplaudido por la prensa de las capitales importantes por el beneficio deportivo y, sobre todo, social que le traería al país.
El nacimiento de la Dimayor generó un cisma entre esta y la ADEFUTBOL (Asociación Colombiana de Fútbol) pues ésta última veía como se le iban de sus manos los equipos populares y que llevaban gente a los estadios. El resultado fue que la ADEFUTBOL, que era la socia de la FIFA, no reconociera a la Dimayor y el torneo organizado por esta fuera considerado por el regente del fútbol mundial como “pirata”.
Los equipos miembros de la Dimayor eran diez: Millonarios y Santa Fe por Bogotá, América y Deportivo Cali por esa ciudad, Atlético Municipal y Deportivo Independiente Medellín por la capital de Antioquia, Junior de Barranquilla, Deportes Caldas y Once Deportivo en representación de Manizales, y la Universidad Nacional de Bogotá, que jugaba por Pereira en un comienzo pero que, ante los altos costos, terminó jugando los sábados en la capital.
Finalmente por problemas logísticos el campeonato no pudo empezar el día patrio acordado sino que arrancó el 15 de agosto y a partir de ese instante el país se transformó: nunca antes había encontrado una fiesta y una distracción tan ampliamente difundida y tan frecuente.
El estado de catarsis en las ciudades fue total pues lo que pasaba en los campos pasó a un segundo plano así como la coyuntura internacional de la Guerra Fría, y los medios, con el boom de publicaciones y páginas especializadas, ayudaron para eso: “Ya a esta altura ninguno niega que lo primero que hacen lo lectores de los periódicos el día lunes es ir directamente hacia las páginas deportivas, antes que aquellas que dan noticias sobre acontecimientos de otra índole –así sea de las que hablan sobre la tercer guerra mundial- con el ánimo de despejar las incógnitas que desde la noche anterior le han impedido el sueño en sosiego” [6].
Alfonso Senior, el gran responsable de esta profesionalización escribiría años después: “El fútbol traduce la necesidad biológica de excitación, de pasión, de extroversión de las personas y ayuda a descargar esa caldera social en la cual se cocinan explosivos ingredientes que forman parte de los disturbios populares” [7]. Y eso pasó en las ciudades colombianas: el estadio era el lugar de encuentro de la gente sin importar su partido, filiación política o clase social. Era la oportunidad de que tanto liberales como conservadores mostraran intereses comunes y estuvieran unidos en paz por 90 minutos.
La fiebre de fútbol invadió todas las estancias de la vida nacional. El 4 de diciembre la Revista Semana, dirigida por Alberto Lleras y con una línea política e internacional, por primera vez en su corta historia no tuvo la foto de un político, personalidad cultural o líder mundial sino que, por el contrario, tuvo en portada la foto de Julio “Chonto” Gaviria, arquero de Santa Fe y gran ídolo de la afición capitalina.
En el artículo sobre el jugador dice, haciendo clara referencia a la evolución que he tratado de explicar, que “los colombianos no discutían antes sino sobre política y poesía. Desde 1938 también discuten sobre fútbol” [8].
Los narradores y comentaristas radiales tuvieron su cuarto de hora, y empezó a captar el favoritismo y el respeto del público el costarricense Carlos Arturo Rueda quien llevaba varios años escribiendo para El Espectador. La radio adquirió una nueva dimensión pues significaba la posibilidad de reunirse con los amigos a escuchar los partidos, y la sensación de estar en un estadio sin estarlo.
La importancia del fútbol hizo que apareciera en la prensa y en la radio la figura del analista, y esto representó un cambio en la dimensión de la comprensión del deporte pues, además de contar lo que pasaba durante el partido, el fútbol ameritaba una explicación pseudocientífica del desarrollo del juego, alguien que analizara los sistemas y el desempeño de los elementos de esos sistemas. Alberto Ríos, por ejemplo, analizaba las jugadas de una manera tan científica que medía la distancia de los disparos errados al arco y en las transmisiones se le podía escuchar decir: “Ese disparo pasó a un metro dieciocho centímetros y tres milímetros del arco defendido por Chonto”.
Esto hizo que aumentara la afición, que se sentía partícipe de algo realmente importante. El primer campeón fue Santa Fe, el 19 de diciembre de ese histórico año en el que casi todos los estadios se mantuvieron llenos [9]. La victoria del equipo rojo de Bogotá, sin embargo, tuvo algo significativo no sólo por imponerse al Junior y a Millonarios, los dos grandes favoritos por la traidición futbolística del primero (incluso había representado al país como selección Colombia) y los jugadores extranjeros del segundo.
Santa Fe, un equipo sin tantas figuras pero de origen distinguido en el Gimnasio Moderno, venció al todopoderoso Millonarios en un hecho que fue interpretado por muchos como la reivindicación del pueblo, pues Santa Fe se había vuelto eso, el equipo del pueblo, el trabajador, el sufrido, y sobre todo el antagonista del rico, boyante y soberbio Millonarios.
Para la historia quedaron los seis penales que atajó ‘Chonto’ Gaviria a lo largo del torneo; las 12 victorias en 18 juegos, en donde sólo perdió tres veces; los 57 goles que hicieron delirar a su naciente hinchada, 20 de ellos marcados por Jesús María Lires, el talento de Luis Rubio, Germán Antón, José Kaor y Antonio Julio de la Hoz, pero sobre todo el simbolismo político que tuvo esta victoria.
La camiseta roja del equipo fue asociada al Partido Liberal y a Gaitán, quien como alcalde construyó El Campín, y el hecho de que esta hubiera sido la primera en coronarse como campeona en Colombia fue motivo de un montón de metáforas que incluso tienen hoy en día la imagen del caudillo como una de las insignias de las barras del equipo, aún cuando nunca se supo a quién le hacía fuerza.
Así nació nuestro fútbol profesional, en medio de una coyuntura política y una crisis que dejó para la historia esa estrella blanca en el pecho rojo del primer campeón.
Notas:
[1] Alape, Arturo. El Bogotazo, Memorias del olvido. Planeta. 1987. Pág. 254
[2] Dunning, Eric y Norbert Elias. Deporte y Ocio en el proceso de civilización. Fondo de Cultura Económica. 1992.
[3] El Espectador. Bogotá. Junio 19 de 1948.
[4] “La gente se merece entretenerse y pensar en otras cosas” dijo Carlos Aldabe, entrenador de Millonarios, a El Espectador. Ver El Espectador. Bogotá. Abril 17 de 1948.
[5] El Tiempo. Bogotá. Julio 1 de 1948
[6] El Tiempo. Bogotá. Agosto 30 de 1948. Pág. 10
[7] Senior, Alfonso. El deporte descongestiona la caldera social en Lecturas Dominicales. Bogotá. Agosto 14 de 1977
[8] Revista Semana No. 111. Bogotá. Diciembre 4 de 1948
[9] En Medellín no se jugaba en un estadio sino en el hipódromo y a veces al mismo tiempo que se disputaban las carreras dando un espectáculo impresionante al público.
Tomado de: Fútbol Rebelde