8/10/17

Argentina vs Perú |2017| NAPOLEÓN, HITLER Y EL PELADITO



Llegar a Moscú nunca fue fácil ¡Napoleón y Hitler lo saben!

Por: Hugo Asch

“Mañana mi objetivo no será 
clavar y matar, sino evitar 
que mis soldados huyan del 
terror que los invadirá, a ellos 
y a mí. Mi objetivo será que 
marchen juntos y asusten a los 
franceses; y que los franceses 
se asusten antes que nosotros”
León Tólstoi (1828-1910); de 
‘Guerra y paz’ (1865/ 1869): 
el príncipe Andréi se confiesa.


Los libros nos enseñan que el largo camino a Moscú nunca fue fácil para quienes hayan pretendido llegar con aires triunfales. El Ejército Rojo, el fervor patriótico de un pueblo dispuesto a todo y el implacable General Invierno fueron verdugos del sueño imperial de Napoleón Bonaparte en el siglo XIX y de Adolf Hitler, en el XX. Deberíamos haber tomado en cuenta esos sutiles guiños de la historia hace dos directores técnicos, pero en fin: así somos.
Napoleón dio el primer paso de lo que sería el mayor desastre militar de la historia francesa el 24 de junio de 1812, cuando cruzó el río Niemen con su Grand Armée de 443.000 soldados. El avance sin oposición sobre “tierra quemada” fue vaciando el estómago y el corazón de su gente. Por fin, la sangrienta batalla de Borodinó le abrió las puertas de una ciudad fantasma, cubierta de cenizas y nieve. Entró el 12 de setiembre con 100.000 hombres y se retiró un mes después. Apenas 10.000 sobrevivientes alcanzaron el río Niemen en diciembre. En 1882 Tchaikovsky estrenó su Obertura 1812 en Moscú para conmemorar esa heroica resistencia.
A Hitler no le fue mejor. A partir del 30 de setiembre de 1941 puso en marcha la Operación Tifón, que movilizó a un ejército con 3.000.000 de efectivos que ni siquiera pudieron pisar tierra moscovita. El costo de la Batalla de Moscú fue altísimo, para ambos bandos. Los alemanes fueron perseguidos en su tortuosa huida y defendidos desde el aire por los Stuka. El saldo fue desolador: tuvieron 175.000 bajas entre muertos y heridos, perdieron 1.300 tanques Panzer, 2.500 cañones y 5.000 vehículos. Las bajas de los soviéticos superaron el millón de soldados entre muertos, heridos y prisioneros.
La Selección Argentina inició su cruzada a Moscú aturdida por la muerte de Julio Grondona, el FIFA-Gate y el extraordinario talento para el error demostrado por los reidores que heredaron el poder. Tata Martino dejó al equipo tercero, clasificado al Mundial, cuando presentó su renuncia harto de no cobrar un peso durante ocho meses.
La elección del sucesor fue un mal paso de comedia protagonizado por actores todavía peores. Armando Pérez, el presidente de la Comisión Nosecuantodora, hizo un casting nacional y terminó llamando al que quería Fernando Marín. Cuando lo anunció, ni siquiera recordaba su nombre. Edgardo Bauza, un entrenador serio, fue engullido por su personaje, que a veces fue el doctor Jekill y otras míster Hyde, todo para tener contento al 10 & Compañía.
No le fue bien. El equipo era una lágrima y para colmo el nuevo presidente de la AFA, Chiqui Wall de Moyano, lo miraba de costado. Con la meta de llegar a Moscú y cobrar su contrato hasta el final, Bauza toleró mejor que Yanina Latorre el engaño en cadena nacional con Jorge Saint Paoli, que seguía con su matrimonio sin amor con el Sevilla. El final fue feliz y el peladito ricotero se convirtió en el tercer sueldo de una AFA quebrada. El más alto, por lejos.
Saint Paoli tiene la mirada huidiza y los movimientos eléctricos de un pequeño roedor. Es un caso extraño. Su asombroso éxito en Chile lo elevó a un estrellato algo tardío. Los futboleros nativos, indignados con Messi y los suyos a quienes veían como fracasados por haber perdido una final de Copa del Mundo y dos de Copa América, exigían un cambio. Entonces llegó él, con su comitiva, sus viajes para cumplir con el protocolo del besamanos, sus números, su balbuceo hermético. Cosas que pasan en estas pampas de crisis.
La cosa empezó con dos amistosos. Gol de Mercado para ganarle a Brasil en Melbourne, y un 6-0 en Singapur, sin Messi, frente a un equipito de entusiastas cazadores de autógrafos que se quedaron con las ganas. Fin de las sonrisas. Los números cosechados en los tres partidos por Eliminatorias dejaron 6 puntos de déficit y una soga al cuello. Tomamos deuda con un amable 0-0 en Montevideo y no pudimos pagar en casa, con Venezuela, que terminó marcando los dos goles en un pálido 1-1.
Como había que ganarles sí o sí a los peruanos –una escena en eterno retorno nietzscheano–, Saint Paoli convocó a La 12 con Bombonera all inclusive, brillante idea conjunta de Chiqui Wall de Moyano y Angel Easy, que aportaron la infraestructura y el cash para aterrar al rival, visita de Gianni Infantino incluida. No habría funcionado.
El resultado fue satisfactorio solo para los barras, que facturaron una fortuna entre el bonus por buena conducta, la reventa, su patio de comidas, los trapitos y papeles varios.
Su único aporte fue una espantosa bandera con tipografía pigmea, y algo de poesía low cost: “A los ingleses los corrimos en todos lados/ los alemanes tienen miedo de cruzarnos/ ay brasilero no sabés la que te espera/ cuando vengas a jugar a La Bombonera / Por lo colores de mi patria doy la vida/ como lo hicieron los soldados en Malvinas/ cuando me muera no quiero nada de flores/ yo quiero un trapo que tengan estos colores/ Y vamos vamos vamos Selección…”. Ni Calamaro.
Demasiadas bajas camino a Moscú. Higuaín en su casa, Dybala en el banco, Mauro Icardi de Wanda y Benedetto con quemaduras graves, Di María con la cancha al revés, Acuña de 3 y sin desborde que es lo suyo, Banega con sueño, Gago y Agüero trágicos, Casco como Di Caprio en el Titanic, Messi como El Extranjero de Camus y Saint Paoli con su habitual ataque de excitación psicomotriz en los partidos. Todo mal.
Ahora hay que ganarle sí o sí a Ecuador en Quito y listo, vamos a Rusia con el mejor del mundo. Oh, no. ¡Me parece haber visto esa película antes! Ay.

Estamos vivos de milagro, compatriotas.

FC Barcelona vs Real Madrid C.F. |2011| 1.714



Octubre 7. Año 2012. Minuto 17 con 14 segundos, el estadio barcelonista retumbó al grito de “independencia”, en el que se unieron los casi 100.000 asistentes, en referencia a 1.714, año de la derrota catalana ante las tropas borbónicas de Felipe V en la Guerra de Sucesión española.
La región de Cataluña ha buscado desde ese año independizarse del resto de España, pero en los últimos meses ese clamor se ha agudizado fuertemente.

En ese esfuerzo, Madrid, la capital del país y la sede del gobierno, se convierte en el enemigo y de allí que el juego adquiera otra dimensión política, explotada frente a millones de televidentes que en España y en todo el mundo han seguido de cerca el partido.

14/9/17

Nottingham Forest vs Liverpool FC |1989| La hazaña del Forest


Por E. González

La última gran batalla del viejo laborismo británico, socialista y cristiano, concluyó en marzo de 1985 con una derrota definitiva. Tras un año de huelga contra el Gobierno de Margaret Thatcher, los mineros se rindieron y en poco tiempo, una a una, las minas fueron cerrándose. Pero, antes de la huelga y del triunfo de Thatcher, aquella izquierda había disfrutado de una gloria irrepetible. Nunca en el fútbol europeo se había visto algo así. ¿Fútbol y política? Sí, por supuesto. A veces ocurre. El mundo de los símbolos es así de complejo.

Tomemos una ciudad: Nottingham, en el corazón industrial de Inglaterra. A mediados de los 70, Nottingham estaba perdiendo con rapidez sus fábricas textiles. La población decrecía. La crisis económica y la crisis del laborismo se unían en una sensación generalizada de declive.
Tomemos un equipo: el Nottingham Forest, tan histórico como deprimido. El Forest fue fundado en 1865 y adoptó el color rojo del revolucionario italiano Garibaldi; en 1976 poseía un pasado notabilísimo (patrocinó el nacimiento del Arsenal londinense, fue el primer equipo en experimentar las redes en las porterías y el arbitraje con silbato en vez de banderas) y un presente mediocre en la Segunda División.

Tomemos un joven entrenador: Brian Clough, que destacaba por su efectividad (le había dado una Liga al modesto Derby County en 1972), por su tremendo carácter y por su filiación laborista. Cuando había una huelga minera en las Midlands, Clough estaba ahí, animando a los piquetes y donando parte de su sueldo. Mister Clough, como exigía ser llamado, no puede ser comparado con los Mourinho o los Ferguson de hoy porque éstos no resisten la comparación. Una de sus frases célebres: "Ya sé que Roma no se construyó en un día, pero es que yo no me encargué de ese trabajo".


Ya tenemos la ciudad, el equipo y el técnico: una mezcla explosiva. En 1977, Mister Clough logró que el Forest ascendiera a la máxima categoría. Entonces empezó la fiesta: en la temporada siguiente, 1977-78, el Forest fue campeón de Liga. En 1979, el año en que Thatcher llegó al Gobierno, fue campeón de Europa. Y en 1980 lo fue otra vez. Ningún otro equipo europeo posee más Copas de Europa que títulos ligueros. El Forest logró la hazaña jugando limpio y raso: fue el primer equipo británico que amó el balón. Otra frase de Clough: "Si Dios hubiera querido que el fútbol se jugara en las nubes, no habría puesto hierba en el suelo".


Luego llegó la decadencia. Las estrellas como Peter Shilton y Trevor Francis se eclipsaron. Mister Clough se hundió en el alcoholismo. El 15 de abril de 1989, cuando Forest y Liverpool iniciaban una semifinal de Copa en el estadio de Hillsborough (Sheffield), una avalancha de espectadores causó 96 víctimas mortales. La tragedia de Hillsborough simbolizó el fin de una época. En 1993 llegaron el descenso y la despedida de Mister Clough.
El mejor entrenador británico (este título podría discutírselo su amigo Bill Shankly, pero nunca Alex Ferguson) murió en 2004, tras un trasplante de hígado que le dio unos pocos meses de tiempo suplementario. El Nottingham Forest malvive en la Segunda División inglesa. Lo que hicieron Mister Clough y el Forest nunca será superado.

Brasil vs Portugal -2014- El fútbol Nike


Cada vez más, el público espera el paso de baile del figurín de turno, malabarismo de la foca, pelota sobre la nariz; cada vez se interesa menos por cómo 11 muchachos se ayudan para hacerse uno

Por Martín Caparrós

Los vi en lugares tan distintos, pero todos hacían más o menos lo mismo. En un descampado en Bogotá, una cancha coqueta en Barcelona, un patio de escuela en Uagadugú, la vera del lago Lemán en Ginebra: chicos y una pelota, y en lugar de correrla y patearla, como hacíamos cuando yo era así de chico, intentaban malabarismos y piruetas.
Una de las cosas que más me intrigan en el fútbol es cómo se fue construyendo la idea de belleza que todos aceptamos. No es fácil, en general, saber por qué creemos que tal cosa es bella y que tal otra no –y lo creemos desde hace tanto tiempo que es casi imposible saber cómo y por qué empezamos. En el fútbol, en cambio, todo es tan reciente que quizá se podría.
Y a veces pienso que valdría la pena reconstruir cómo fue, por ejemplo, que hace cien años se empezó a suponer que pasar la pelota entre las piernas de un contrario era más “bello” que pasarla por un costado, o que pegarle con la parte de atrás del pie era más que pegarle con el lado de afuera que era más que pegarle con el lado de adentro que era más que pegarle con la punta. Son ejemplos, para decir que podríamos haber imaginado cosas muy distintas. De hecho el regate/gambeta/finta/dribbling, la quintaesencia de la belleza futbolera, al principio no existía.
Los argentinos, faltaba más, claman que lo inventaron. “Aquel fútbol inglés muy técnico pero monótono no habría logrado ejercer la influencia requerida por el espíritu de nuestras multitudes –escribió el maestro Borocotó, todavía en los años cuarenta y en El Gráfico porteño–; tuvimos que adornarlo con el dribblingque encandila las pupilas, que es patrimonio de estas tierras”.
El dribbling que encandila las pupilas, sin embargo, tenía una meta: llegar a la meta. El Fútbol Nike no siempre la tiene. El Fútbol Nike es esa forma de entender el juego donde la meta es, más que nada, filmar propagandas carísimas llenas de trucos superhollywood para vender alguna cosa. Lo empezó Nike, pero ya no haysponsor global que no se haga su publicidad de millones de dólares con recontrafiguras desplegando taquitos, bicicletas y chilenas. Lo curioso es que, desde los anuncios, el Fútbol Nike desbordó a los partidos: cada vez más, el público –y sobre todo el público principal, el de la tele– espera el paso de baile del figurín de turno, malabarismo de la foca, pelota sobre la nariz; cada vez se interesa menos por cómo 11 muchachos se ayudan para hacerse uno.
El Fútbol Nike no está pensado para armar equipos sino ídolos vendedores. Para quienes no saben ver fútbol, la chilena a la segunda bandeja es más fácil de mirar, de entender que un diez con la pelota en los pies y un siete que arrastra a la esquina derecha a sus dos marcadores para que pase el cuatro y reciba, en la puerta del área, el pase filtrado mientras el nueve llega, desde atrás, desmarcado, por la izquierda, listo para empujarla adentro.

Es complicado, no cabe en la pantalla. En cambio el firulete es perfecto para el anuncio de la cola o el resumen del partido: es televisivo, que es lo que es el fútbol contemporáneo. Y allí se cierra el círculo: antes del reino de la tele, un chico aprendía a jugar mirando a sus compañeros del colegio, a los pataduras de su cuadra; si alguna vez veía una rabona era un milagro. Ahora lo primero que hacen es imitar los vídeos de Neymar; aprenden la bicicleta antes que a dar un pase; aprenden que lo que importa es saber bicicletear, no saber pasarla. Y así el Fútbol Nike se reproduce a sí mismo y un juego de equipo, de colaboración, de sudor compartido, se va transformando en pura destreza individual: un número de circo.

Celtic vs Rangers |1971| Old Firma la esencia del fútbol.





por: Borja Cuadrado

(...) Quien iba a decir que la industrial y gris Glasgow se convertiría en la ciudad que iba a acoger el partido más emotivo del planeta. El clásico más antiguo a nivel mundial, con casi 120 años de existencia, revoluciona la Gran Bretaña cada vez que se da el pitido inicial. Y todo porque la religión, la política y la sociedad así lo han conseguido. Católicos y protestantes, Celtic y Rangers, están identificados con estratos diametralmente opuestos, que muchas veces han hecho de este una cita peligrosa. Lo sucedido en 1971 fue el ejemplo más dramático. Una avalancha de espectadores en Ibrox Park, feudo del Rangers, acabó con la vida de 66 personas. Nueve años después se vivió la Old Firm más violenta de la historia, según cuentan testigos presenciales. La policía tuvo que cargar con dureza a caballo, contra aficionados de ambos equipos. El alcohol que llevaban encima los hinchas fue la causa de la batalla campal. Historias como esta son difíciles de repetir en la actualidad. Ahora estos partidos se juegan en el mediodía, para evitar que los aficionados acudan en estado etílico al campo. Tras esta breve introducción es fundamental retroceder en el tiempo y conocer cómo nacieron los dos colosos. 

Rangers lo hizo en 1873 y Celtic en 1888. Desde la fecha de su fundación, tomaron caminos diferentes. No tenían nada en común, y es por ello que la rivalidad haya adquirido tintes existenciales. Los ‘Gers’ fueron fundados por aficionados al remo. Desde el principio se convirtió en el equipo preferido de los estribadores del puerto. El origen de los ‘Bhoys’ llegó con la aparición del padre marista Wilfred Kerins, que creó una institución que tenía como objetivo recaudar fondos a favor de un comedor infantil para inmigrantes irlandeses. Rápidamente el Celtic se convirtió en el equipo de la abundante colonia irlandesa establecida en Escocia, en su práctica totalidad, de origen católico. Esto hizo que en el Rangers empezaran a ‘vender’ con mucha fuerza que eran el equipo símbolo del protestantismo. Y así llegó el primer Celtic-Rangers. Supuso además el debut como club de fútbol del Celtic, que goleó por 5-2.Poco a poco la rivalidad fue creciendo. Hasta que en 1909 se vivió una final de Copa que dio origen a la definición propia que tiene este derbi: Old Firm. El choque acabó en empate, por lo que se tuvo que repetir -no existían prórrogas-. El segundo partido, con las gradas del mítico Hampden Park abarrotadas, iba camino de repetir situación. Sin embargo, por la grada circuló el rumor de que podría estar pactado de antemano el empate para poder disputar otra repetición más, con su consiguiente beneficio económico extra para los dos equipos, y aficionados de uno y otro lado invadieron el campo. Quemaron las taquillas, e incluso atacaron a los policías. La conclusión no pudo ser más drástica: el palmarés de Copa en Escocia cuenta con un hueco en blanco en la edición de 1909. Old Firm significa vieja empresa. Este nombre simboliza la extendida opinión de que ambos conjuntos se benefician económicamente de la antipatía que se profesan. La rivalidad entre ambos es brutal, no hay duda. Pero paradójicamente fuera del campo son todo un uno. Lo negocian todo de forma conjunto, como los derechos de televisión o su posible ingreso en la Premier League inglesa. La antipatía que esto ha provocado en el resto de equipos escoceses es obvia. Hasta la fecha la rivalidad tenía tintes, básicamente, deportivos. Sin embargo, en 1912 se instaló en Glasgow la empresa de astilleros Harland and Wolf. No contrataba a católicos... otro punto a favor de ir ‘labrando’ la enfervorizada rivalidad. El sectarismo de las aficiones se agravó con la instauración del Estado Libre en Irlanda en 1921, tras siete siglos de dominio inglés. La zona del Norte, más pequeña, siguió perteneciendo al Reino Unido, mientras que la del sur se convirtió en el gran pulmón del Celtic. Por aquella época, cada Old Firm terminaba muy mal. Las batallas campales eran ineludibles al final de cada encuentro, y se empezaba a asumir que la reconciliación era imposible. Es más, ¿para qué conseguirla?, que pensaba la mayoría. Tras una época de tregua relativa vivida tras la II Guerra Mundial, la situación se recrudeció. Es cuando la política entra en juego. Así, era habitual ver alusiones al IRA en Parkhead, mientras que en Ibrox Park es muy habitual el cántico que reza ‘Estamos hundidos en sangre feniana hasta las rodillas, rendíos o moriréis", en alusión al Sinn Fein, partido nacionalista irlandés y rama política del IRA. En este último estadio también se viven momentos de exaltación cuando suena la canción Simply the Best, de Tina Turner. Al final se escucha un estremecedor ‘¡A la mierda el Papa!Luego viene la aplicación de religión y política en el apartado deportivo. En el Celtic han jugado por tradición no protestantes, mientras que el Rangers llevó el camino inverso hasta que en 1989 se produjo el fichaje de Maurice Johnstone. Estamos ante el único jugador de la historia que ha militado en católicos y protestantes. El origen de Johnstone era irlandés y católico, y tras ser traspasado por el Celtic al Nantes, el Rangers acometió su fichaje. El infierno que vivió en Ibrox Park fue tremendo. Todos en Glasgow le odiaban. Unos por ser un traidor y marcharse al rival -Celtic-. Otros, por considerarle un intruso -Rangers-. Al final, terminó marchándose a EE.UU. La globalización también ha influido en esta rivalidad enconada. Ahora la mayoría de los jugadores son extranjeros, pero la esencia es la misma. Las polémicas siguen siendo constantes. La última se vivió la pasada temporada, cuando el portero del Celtic, el polaco Artur Boruc se santiguó antes de comenzar una Old Firm en Ibrox Park. Boruc fue amonestado por las autoridades por atentar con este gesto contra el orden público... La hostilidad que se vive en la grada es indescriptible. Cuenta todo aquel que ha presenciado uno de estos partidos que no hay nada comparable con un Celtic-Rangers. Ni un Boca-River, ni un Real Madrid-Barcelona, ni un Flamengo-Fluminense. Esto lo deja claro Sir Alex Ferguson, entrenador del Manchester United y escocés, en su biografía: "Hay gente que insiste en que otras rivalidades futbolísticas pueden generar tanta intensidad como los choques entre Rangers y Celtic. Bien, he estado en San Siro, en el derbi de Milán, en Barcelona cuando fue el Real Madrid, he visto el Benfica-Oporto y me he visto envuelto con el Manchester United en partidos contra el City, el Liverpool o el Leeds. Créeme, no hay nada comparable con la atmósfera de un Celtic-Rangers". En 1999, el colegiado escocés Hugh Dallas recibió un impacto de una moneda por parte de los aficionados del Celtic. Al final del partido sorprendió a todos con su discurso: "Tengo amigos en el mundo del arbitraje, como Collina, a los que les encantaría dirigir un Old Firm. Yo no lo dudaría: si tuviera que elegir entre arbitrar a las mejores estrellas del continente en la Champions League o un derby de Glasgow... me quedaría con nuestra propia batalla de gigantes". La rivalidad, como estarán comprobando, es muy compleja. Es más, un amigo escocés me dijo en una ocasión que "el Celtic-Rangers es un Irlanda-Inglaterra. Los escoceses son mayoritariamente de otros equipos". (...) 

Millonarios FC vs Independiente Santa Fe |1948| Gaitán, el bogotazo y el primer campeón

Pancarta en homenaje a Jorge Eliecer Gaitán en la popular de Santa Fe


En agosto de 1948 se jugó el primer torneo de fútbol profesional en Colombia, en ese mismo año, en el país se daba el inicio de una larguísima guerra civil por el asesinato del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán.

Por Alejandro Pino Calad

“Ultimas noticias con ustedes. Los conservadores y el gobierno de Ospina Pérez acaban de asesinar a Gaitán…” Radio Nacional, 9 de abril de 1948 [1]. En menos de tres horas, media ciudad ardía en llamas tras la descarga de violencia que el pueblo había desatado contra el gobierno y contra todo lo que se interpusiera a su paso después de conocer la noticia de la muerte de su líder a manos del odiado conservatismo, noticia dada por medios radiales intervenidos por los líderes liberales que buscaban la caída de Ospina y su partido del poder presidencial.
Ese día, enfurecidos y cargados de desesperanza, las clases populares de Bogotá y luego de todo el país vengaron con muertes, saqueos y destrucción el asesinato de su líder y posible redentor. Lo que comenzó como una protesta violenta con fines políticos, terminó como un derroche de vandalismo y brutalidad alentado por el licor. La policía, que estaba vinculada al Partido Liberal desde el gobierno de Alfonso López, tomó parte en la revuelta a favor del pueblo y el ejército evitó, a costa de muchas muertes, que la masa iracunda se tomara el palacio de gobierno.
Para esa fecha, como parte del proceso de internacionalización del país en el nuevo orden mundial, se reunía en Bogotá la Conferencia Panamericana cuyo tema central era evitar el desarrollo del comunismo en las naciones americanas, con lo que el gobierno de Ospina, con el respaldo del de Washington, declaró oficialmente que el comunismo internacional liderado por Stalin había asesinado al líder liberal para desestabilizar la conferencia e, incluso, tomarse el poder en Colombia. Era la entrada de frente del país en la Guerra Fría.
El gobierno se sostuvo con el apoyo del ejército y con el mantenimiento de la política de unión nacional que terminó llevando a Darío Echandía al Ministerio de Gobierno para tratar de apaciguar la furia del pueblo liberal que reclamaba venganza. Finalmente Ospina retomó el control absoluto de todas las ciudades el 16 de abril, pero la violencia se trasladó entonces a las zonas rurales en las que unos se mataban con otros y el machete se volvía un elemento indispensable para salir de la casa. En Barrancabermeja, por ejemplo, el ejército pudo restablecer la autoridad del ejecutivo sólo dos meses después y en ese lapso muchos conservadores fueron asesinados.
En las ciudades se recogían cuerpos de las calles y varios sectores habían quedado arrasados por el vandalismo. Imperaba el toque de queda y la tensión social era casi incontenible frente a la desesperanza y la posibilidad de que la muerte llegara en cualquier momento.
Antes de que los ánimos reprimidos se calentaran de nuevo, el gobierno ordenó ese 16 de abril que se reabrieran los teatros y empezaran las funciones de cine cuanto antes, y que los partidos de fútbol estaban permitidos: el gobierno trasladó así las pasiones políticas al desenvolvimiento de lo lúdico como espacio de catarsis como ya lo habían hecho los regímenes totalitarios europeos en los 30 [2].
De esta forma, el domingo 18 se llevó a cabo la inauguración del campeonato de fútbol de la Federación del Atlántico con “total solemnidad” y la presencia de 53 equipos [3] a pesar de que el sector comercial estaba hecho cenizas y que la iglesia de San Nicolás fue destruida. El domingo 11 de abril, precisamente, estaba programado un doblete en El Campín entre Millonarios vs Libertad de Costa Rica y Santa Fe vs Alianza Lima, partidos que fueron cancelados por la situación de la capital. Sin embargo, después del 16 Millonarios y Santa Fe decidieron jugar un partido a beneficio del ejército como homenaje a su labor patriótica en los días anteriores, y, además, para darle entretenimiento a la ciudad tras los momentos difíciles que había pasado [4].
Igual pasó en el resto del país, se organizaron clásicos regionales o partidos atractivos para distraer al público y dar la sensación de que los problemas habían sido superados, y fue así como el 25 se enfrentaron en Manizales Deportes Caldas y Once Deportivo, en Cali Deportivo Cali y Boca Juniors, y en la capital de Antioquia Medellín y Alianza Lima, sin contar con que en la costa se estaban jugando partidos domingos y miércoles en el marco del campeonato regional.
La situación se calmó en las ciudades pero no en el campo, hecho que el gobierno solucionó con una censura que se tomó los periódicos liberales, que empezaron a aparecer con hojas y recuadros en blanco.
Los habitantes de las ciudades estaban hastiados de esto y de toda la tensión que generaba la situación política que hacía que cada vez se vieran más desplazados en las calles. La situación de los campos y el aumento de población en las ciudades hizo que en ciertas zonas el alimento se volviera insuficiente y la gente, desesperada, empezó a buscar salidas y espacios en una oferta de entretenimiento que resultaba insuficiente.
Y ahí llegó la Dimayor
El 27 de junio los dirigentes de los equipos más populares de cada región, encabezados por Alfonso Senior de Millonarios, decidieron formar la Dimayor (División Mayor del fútbol colombiano) y organizar un campeonato profesional con partidos de ida y vuelta en cada ciudad participante, el cual daría el primer gran campeón del fútbol colombiano. El campeonato arrancaría el 7 de agosto como un homenaje a la patria en esos difíciles momentos [5] y se permitiría el ingreso de máximo dos equipos por ciudad.
Un campeonato profesional que mantuviera todos los domingos un buen espectáculo en la ciudad fue aplaudido por la prensa de las capitales importantes por el beneficio deportivo y, sobre todo, social que le traería al país.
El nacimiento de la Dimayor generó un cisma entre esta y la ADEFUTBOL (Asociación Colombiana de Fútbol) pues ésta última veía como se le iban de sus manos los equipos populares y que llevaban gente a los estadios. El resultado fue que la ADEFUTBOL, que era la socia de la FIFA, no reconociera a la Dimayor y el torneo organizado por esta fuera considerado por el regente del fútbol mundial como “pirata”.
Los equipos miembros de la Dimayor eran diez: Millonarios y Santa Fe por Bogotá, América y Deportivo Cali por esa ciudad, Atlético Municipal y Deportivo Independiente Medellín por la capital de Antioquia, Junior de Barranquilla, Deportes Caldas y Once Deportivo en representación de Manizales, y la Universidad Nacional de Bogotá, que jugaba por Pereira en un comienzo pero que, ante los altos costos, terminó jugando los sábados en la capital.
Finalmente por problemas logísticos el campeonato no pudo empezar el día patrio acordado sino que arrancó el 15 de agosto y a partir de ese instante el país se transformó: nunca antes había encontrado una fiesta y una distracción tan ampliamente difundida y tan frecuente.
El estado de catarsis en las ciudades fue total pues lo que pasaba en los campos pasó a un segundo plano así como la coyuntura internacional de la Guerra Fría, y los medios, con el boom de publicaciones y páginas especializadas, ayudaron para eso: “Ya a esta altura ninguno niega que lo primero que hacen lo lectores de los periódicos el día lunes es ir directamente hacia las páginas deportivas, antes que aquellas que dan noticias sobre acontecimientos de otra índole –así sea de las que hablan sobre la tercer guerra mundial- con el ánimo de despejar las incógnitas que desde la noche anterior le han impedido el sueño en sosiego” [6].
Alfonso Senior, el gran responsable de esta profesionalización escribiría años después: “El fútbol traduce la necesidad biológica de excitación, de pasión, de extroversión de las personas y ayuda a descargar esa caldera social en la cual se cocinan explosivos ingredientes que forman parte de los disturbios populares” [7]. Y eso pasó en las ciudades colombianas: el estadio era el lugar de encuentro de la gente sin importar su partido, filiación política o clase social. Era la oportunidad de que tanto liberales como conservadores mostraran intereses comunes y estuvieran unidos en paz por 90 minutos.
La fiebre de fútbol invadió todas las estancias de la vida nacional. El 4 de diciembre la Revista Semana, dirigida por Alberto Lleras y con una línea política e internacional, por primera vez en su corta historia no tuvo la foto de un político, personalidad cultural o líder mundial sino que, por el contrario, tuvo en portada la foto de Julio “Chonto” Gaviria, arquero de Santa Fe y gran ídolo de la afición capitalina.
En el artículo sobre el jugador dice, haciendo clara referencia a la evolución que he tratado de explicar, que “los colombianos no discutían antes sino sobre política y poesía. Desde 1938 también discuten sobre fútbol” [8].
Los narradores y comentaristas radiales tuvieron su cuarto de hora, y empezó a captar el favoritismo y el respeto del público el costarricense Carlos Arturo Rueda quien llevaba varios años escribiendo para El Espectador. La radio adquirió una nueva dimensión pues significaba la posibilidad de reunirse con los amigos a escuchar los partidos, y la sensación de estar en un estadio sin estarlo.
La importancia del fútbol hizo que apareciera en la prensa y en la radio la figura del analista, y esto representó un cambio en la dimensión de la comprensión del deporte pues, además de contar lo que pasaba durante el partido, el fútbol ameritaba una explicación pseudocientífica del desarrollo del juego, alguien que analizara los sistemas y el desempeño de los elementos de esos sistemas. Alberto Ríos, por ejemplo, analizaba las jugadas de una manera tan científica que medía la distancia de los disparos errados al arco y en las transmisiones se le podía escuchar decir: “Ese disparo pasó a un metro dieciocho centímetros y tres milímetros del arco defendido por Chonto”.
Esto hizo que aumentara la afición, que se sentía partícipe de algo realmente importante. El primer campeón fue Santa Fe, el 19 de diciembre de ese histórico año en el que casi todos los estadios se mantuvieron llenos [9]. La victoria del equipo rojo de Bogotá, sin embargo, tuvo algo significativo no sólo por imponerse al Junior y a Millonarios, los dos grandes favoritos por la traidición futbolística del primero (incluso había representado al país como selección Colombia) y los jugadores extranjeros del segundo.
Santa Fe, un equipo sin tantas figuras pero de origen distinguido en el Gimnasio Moderno, venció al todopoderoso Millonarios en un hecho que fue interpretado por muchos como la reivindicación del pueblo, pues Santa Fe se había vuelto eso, el equipo del pueblo, el trabajador, el sufrido, y sobre todo el antagonista del rico, boyante y soberbio Millonarios.
Para la historia quedaron los seis penales que atajó ‘Chonto’ Gaviria a lo largo del torneo; las 12 victorias en 18 juegos, en donde sólo perdió tres veces; los 57 goles que hicieron delirar a su naciente hinchada, 20 de ellos marcados por Jesús María Lires, el talento de Luis Rubio, Germán Antón, José Kaor y Antonio Julio de la Hoz, pero sobre todo el simbolismo político que tuvo esta victoria.
La camiseta roja del equipo fue asociada al Partido Liberal y a Gaitán, quien como alcalde construyó El Campín, y el hecho de que esta hubiera sido la primera en coronarse como campeona en Colombia fue motivo de un montón de metáforas que incluso tienen hoy en día la imagen del caudillo como una de las insignias de las barras del equipo, aún cuando nunca se supo a quién le hacía fuerza.
Así nació nuestro fútbol profesional, en medio de una coyuntura política y una crisis que dejó para la historia esa estrella blanca en el pecho rojo del primer campeón.
Notas:
[1] Alape, Arturo. El Bogotazo, Memorias del olvido. Planeta. 1987. Pág. 254
[2] Dunning, Eric y Norbert Elias. Deporte y Ocio en el proceso de civilización. Fondo de Cultura Económica. 1992.
[3] El Espectador. Bogotá. Junio 19 de 1948.
[4] “La gente se merece entretenerse y pensar en otras cosas” dijo Carlos Aldabe, entrenador de Millonarios, a El Espectador. Ver El Espectador. Bogotá. Abril 17 de 1948.
[5] El Tiempo. Bogotá. Julio 1 de 1948
[6] El Tiempo. Bogotá. Agosto 30 de 1948. Pág. 10
[7] Senior, Alfonso. El deporte descongestiona la caldera social en Lecturas Dominicales. Bogotá. Agosto 14 de 1977
[8] Revista Semana No. 111. Bogotá. Diciembre 4 de 1948
[9] En Medellín no se jugaba en un estadio sino en el hipódromo y a veces al mismo tiempo que se disputaban las carreras dando un espectáculo impresionante al público.
Tomado de: Fútbol Rebelde

Corinthians vs Sao Paulo |1983| ¿Por qué la estrella del fútbol Sócrates fue tan importante para la democracia de Brasil en pleno régimen militar?



Por Redacción BBC
Transcurría el año 1983. El club brasileño Corinthians saltaba al engramado del estadio Morumbi a disputar la final del Campeonato Paulista contra el Sao Paulo con una enorme pancarta en las manos: "Ganar o perder, más siempre con una Democracia".
Fue el momento álgido de un movimiento que había nacido un año antes y que no sólo estaba sacudiendo las bases del fútbol en Brasil, sino que contribuía a la efervescencia democrática de la época en un país que llevaba dos décadas bajo el control de un régimen militar.
A la cabeza sobresalía la figura de uno de los futbolistas brasileños más reconocidos en el mundo, tanto por ser el capitán de uno de los más grandes equipos que se recuerdan, como por su férrea defensa a sus convicciones ideológicas: Sócrates.

"Él lideró el movimiento de poder de los jugadores dentro del Corinthians basada en la ideología de un hombre, un voto", le recordó a la BBC el escritor inglés Andrew Downie, autor de la biografía más completa de quien fuera conocido como el doctor del fútbol.
"Eso le dio voz por igual a todos los jugadores, fuere el capitán de Brasil o el arquero reserva, pero también al utilero o al masajista. Todos los votos valían lo mismo y entre todos decidían cualquier cosa, desde los viajes, los horarios de entrenamiento y el reparto equitativo de los premios".
Esa revolución, conocida como la "Democracia Corinthiana", fue recogida en un documental que hace algunos años llevó al cine el director brasileño Pedro Asbeg.
"El período que va de 1982 a 1984 es único, no existe nada igual en el fútbol", resaltó Asbeg en una entrevista con BBC Brasil.
Según Downie lo que ocurrió en el club de Sao Paulo hubiera tenido un fuerte impacto en cualquier época, pero que tuvo especial repercusión al tratarse del Brasil de principios de los años 80, en pleno régimen militar.

"Estamos hablando de un país que había vivido 20 años de gobiernos represivos, de dos generaciones de brasileños que no habían vivido en democracia, que no habían experimentado la libre expresión de la gente, el sentido de representación".
"Lo que hizo Sócrates es que brindó estos conceptos a la gente", enfatizó Downie, además de servir de mensajero sobre los problemas que sufría la población.
"Cuando alguien le preguntaba sobre las tácticas para el siguiente partido o donde jugaría en el campo o las características del rival, él respondía rápido y luego hablaba del sistema de salud, de educación o la necesidad para mejores salarios", recordó.

En esta entrevista también comentó que a un año antes de su muerte, Sócrates reconoció que siempre sintió que esa era su obligación.
"La gente me dio el poder de decir las cosas, entonces yo las digo por ellos. Si yo estuviera del otro lado, del lado de la gente, no habría nadie que escuchara mis opiniones".
"Lo mejor que el fútbol me dio fue la oportunidad de conocer a los seres humanos", contó.
"Conocí a personas que sufrieron muchísimo y también conocí el otro lado de la sociedad, los que lo tienen todo".
Destacó que lo que ocurrió en el Corinthians aceleró la velocidad del proceso de cambio, dada el poder de movilización del fútbol, y también lo calificó el período de oro del club como una muestra que legitimaba en el campo el sistema de participación colectiva.
Antes del surgimiento de la "Democracia Corinthiana", en 1981, el club atravesaba un período de crisis, descendido a la categoría de plata y eliminado de la fase final del campeonato paulista.
En los años siguientes conquistaría el título dos veces, algo que no había ocurrido en más de tres décadas.

"La gente escuchaba y lo apoyaba y le dio a Corinthians una imagen de equipo del pueblo, aumentando el número de personas que lo seguían, que querían que les fuera bien dentro del campo", destacó Downie.
"Eso también le añadió más presión para lograr los resultados porque a los militares no les gustaba".
Pero el ejemplo del Corinthians, de éxito deportivo dentro del campo y social fuera de él, no perduró en el tiempo, ni siquiera con el regreso de la democracia a Brasil en 1985.
"En las elecciones internas del club ese año, la plancha apoyada por los jugadores fue derrotada", recordó Asbeg, "lo que generó protestas en un sector de la afición que forzó la salida de la nueva directiva esa misma noche".
Fue sólo un espejismo en el rumbo que mantendría el fútbol en general.
"Sócrates siempre se sentía frustrado porque ese ejemplo nunca fue seguido", expresó Downie.
"Una de las razones por la que todavía estamos hablando de la Democracia Corinthiana hoy es que nunca se ha repetido en el fútbol. Ninguno de los grandes clubes en el mundo le ha dado el poder a los jugadores de hablar en voz alta, de influir en el manejo del equipo de la forma que Corinthians lo permitió, de la manera que impulso Sócrates".
"Nadie asume una clara posición ideológica en los problemas de la vida diaria, como los derechos humanos, inmigración o Brexit, ninguno dice nada".
"Y eso había sido una gran decepción para Sócrates".

Brasil vs Suecia |1958| Garrincha, el subversivo


Hace tiempo que entendí que en el fútbol actual un jugador como Garrincha no tendría permiso para expresar toda su irresponsabilidad creativa porque sus gustos infantiles darían miedo (curioso). En el Mundial del 58, Feola, el entrenador de Brasil, confiaba más en los blancos que en los negros. Viendo un partido por televisión el entrenador quedó asombrado por la habilidad del sueco Hamrim y comentó: "Va a ser muy difícil pararlo, parece suramericano". Nilton Santos, ofendido, le dijo que "Pelé y Garrincha hacen esa porquería mejor que ese gringo y usted les llama individualistas e indisciplinados". Feola accedió a darle la titularidad a los dos jóvenes morenos. Cuando sus compañeros le fueron a dar la noticia, Garrincha estaba en su habitación bailando con un perchero al ritmo de samba. Ya campeones, sus compañeros lo abrazaban llorando, pero Garrincha no encontraba la razón: "¿Qué clase de campeonato es éste que no tiene segunda vuelta?", preguntaba. En realidad se estaba divirtiendo y lo tenía tan claro como un niño: divertirse es mejor que ganar. ¿No seremos nosotros los equivocados?

Athletic vs Real Sociedad |1976| Fútbol como ideología


Los capitanes de los dos clubes más representativos del País Vasco saltaron al césped con una bandera que estaba prohibida desde hace mucho tiempo por parte de la dictadura franquista. Recordemos.

Por XAVIER G. LUQUE

El 5 de diciembre de 1976, en el viejo Atocha, se enfrentan la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao. Los dos capitanes, José Ángel Iríbar Kortajarena e Inaxio Kortabarria Abarrategi, saltan al césped portando una ikurriña, una bandera que aún no es legal (lo será sólo un mes más tarde). "Teníamos mucho miedo. No sabíamos lo que podría pasar, como tampoco sabíamos lo que harían los grises", explicaron.

La bandera la confeccionó artesanalmente la hermana del realista Uranga, quien fue el encargado de introducirla en el campo y entregarla a los capitanes. Pero todo estuvo a punto de saltar por los aires cuando el coche de Uranga fue registrado de forma rutinaria en un control policial. Por fortuna para la histórica jornada no se percataron del contenido de una bolsa en un rincón del maletero. Aún quedaba introducirla en el terreno de juego sin que se apercibieran los policías que controlaban los accesos al césped y otro realista, Salva Iriarte, la ocultó en el botiquín del utilero. Cuando Iríbar y Kortabarría la mostraron desde el círculo central, Atocha fue un estallido de júbilo. Finalmente no hubo represalias y la ikurriña se exhibe actualmente en el museo de la Real Sociedad.

Brasil vs Italia |1970| Pelé: el Rey


Por: Juan Villoro

Cuando el cronista Nelson Rodrigues vio jugar a Pelé, buscó un apodo para superar el que le asignó a Didí. El 25 de marzo de 1958 escribió que la realeza es un estado del alma. ¿Quién la tenía en la cancha? El cronista desvió su mirada impar hacia un adolescente que hizo una jugada de brujo: "Para anotar un gol así no bastan dotes de futbolista. Se precisa algo más: esa confianza plena, esa certeza, ese optimismo que convierte a Pelé en un crack imbatible. Quiero creer que su mayor virtud es, justamente, la inmodestia absoluta. Está por encima de todo y de todos y acaba intimidando a la pelota misma". Rodrigues había visto al hombre que sería Rey.
La esclavitud se abolió en Brasil apenas en 1888. Edson Arantes pertenece a la tercera generación de negros libres y cambió la visión que un país tenía de sí mismo.
Cuando su padre lo sorprendió fumando en la adolescencia, le dijo: "No te conviene fumar si quieres ser futbolista profesional, pero si lo haces, aquí tienes dinero para comprar tabaco. No vayas pidiendo por ahí".
El Rey se comportó con la dignidad del que no debe pedir nada, comenzando por el dinero que le ofrecía su padre. No volvió a encender un cigarrillo, lo cual sorprendió al máximo juerguista que ha tenido el fútbol, George Best: "¿Qué clase de rey eres tú, que ni bebes ni fumas?", le preguntó.


El fútbol contemporáneo ha tenido una selecta aristocracia del empeine, pero sólo un monarca. Edson Arantes representa la perfección escénica. Incluso su manera de festejar los goles (con un salto elástico para latiguear el aire con el brazo) era un espectáculo. Ganó tres mundiales y logró más de mil anotaciones. Podía fintar a un defensa con el omóplato y superar por aire a un ruso de dos metros. Transformó la potencia física en una manera de llevar el ritmo. Tuvo la clase de Didí y el gusto por la velocidad de Jesse Owens.
Debutó a los quince años con el Santos y ejerció la excelencia durante décadas, imponiendo una soberanía irrepetible.
Además de los goles que convirtió, ensayó otros de delirio que no acabaron en la portería, pero que recordamos como piezas de arte por el arte.

FCBarcelona vs RealBetis |1935| La sorprendente historia de "Don Patricio", el misterioso irlandés que salvó al Barcelona de la ruina

Patrick O'Connell

Por Nuala McCann

El FC Barcelona es sinónimo de glamour en el fútbol: Messi, Maradona, Johan Cruyff, Xavi y Andrés Iniesta le pusieron su sello de calidad.
Pero, en algún momento en más dee sus 118 años de historia, el gigante catalán estuvo a punto de desaparecer. Y gracias a un irlandés, Patrick O'Connell, más conocido como "Don Patricio", logró superar una de las peores crisis de su existencia.

O'Connell fue jugador y técnico -campeón con el Real Betis en 1935- y marcó al Barça porque logró ayudarlo a sobrevivir los rigores de la Guerra Civil española.
Sin embargo, a pesar de sus hazañas -también fue capitán del Manchester United-, el irlandés murió en la pobreza y el olvido en marzo de 1959 y fue enterrado en una tumba sin nombre.
Y no fue sino hace unos 10 años que varios fanáticos del Celtic de Belfast, donde jugó gran parte de su carrera, recordaron las hazañas del que ahora es llamado el "salvador del Barcelona".
Por esa razón, Don Patricio obtuvo en su homenaje una placa azul que recuerda sus méritos, no solo en las canchas sino también en su condición de mecenas. Y fue instalada en Albert Street en Belfast, Irlanda del Norte.
"Nos honra recordar a Patrick O'Connell. Estamos seguros que su legado va a ser apreciado no solo en Irlanda sino en España y en otros países", señaló Chris Spurr, director del Ulster History Circle, que otorga estas placas en territorio norirlandés.
Pero, ¿cómo un irlandés terminó salvando de la ruina a uno de los equipos más poderosos del planeta?


Manager

Como futbolista, la carrera de O'Connell lo llevó por el Celtic de Belfast y el Manchester United de principios del siglo XX.
Y una vez retirado de las canchas, decidió marcharse a España para convertirse en director técnico.
Allí dirigió al Racing de Santander y, en 1932, fue nombrado técnico del Real Betis, que estaba en segunda división.
Su gestión no solo puso al club sevillano en primera, sino que en la temporada 1934-35 lo logró llevar a la última fecha del campeonato empatado en puntos en el primer puesto con el poderoso Real Madrid.
Y el último partido era contra el equipo merengue. El resultado final fue 5-0 y el Betis consiguió el único título de su historia.
Por esa razón, O'Connell fue contratado por el FC Barcelona, que ya vivía una fuerte crisis después del suicidio de su fundador, Joan Gamper, en 1930, y la fuerte caída en el número de socios.
Pero en julio de 1936 estalló la Guerra Civil española y la crisis se ahondó.

El club catalán fue asociado por el régimen de Francisco Franco con el bando republicano y comenzó a sufrir una fuerte crisis económica debido a las presiones del gobierno.
El presidente del club de ese entonces, Josep Suñol, fue fusilado por soldados falangistas. El número de socios, en tanto, no lograba pasar de los 4.000.
El equipo necesitaba dinero… y de forma urgente. Entonces Don Patricio, junto a un empresario catalán que vivía en México, ideó una forma de recaudar fondos para poder salir a flote: emprender una gira internacional.
Con sus contactos logró organizar varios partidos en México, Cuba y Estados Unidos. El equipo viajó en un tren con las luces apagadas para evitar ser bombardeado por las fuerzas aéreas italianas leales a Franco.
El Barcelona logró llegar a México. El fenómeno de un equipo europeo fue bien recibido, tanto en la capital mexicana como en Nueva York, y el club logró recaudar US$12.900, el dinero suficiente para sortear -de momento- la crisis económica.
Pero O'Connell no fue capaz de repetir la hazaña del Betis con el club catalán, en parte porque muchos de los jugadores pidieron asilo político durante la gira (solo regresaron cuatro).
Y poco después, se marcó de España de regreso a Londres.


Muerte y resurrección


O'Connell terminó sus días en la pobreza en Londres, en 1959. Fue enterrado en una tumba sin identificación en el cementerio de Santa María, en el barrio londinense de Kilburn.
Mientras tanto, el FC Barcelona se convirtió en uno de los grandes clubes de la historia, así como el Manchester United en el que había jugado.
Hace alrededor de una década, Fergus Dowd, fanático del Celtic Belfast, se enteró de boca de su padre de los méritos de Don Patricio e inició una campaña para rescatar del olvido al héroe norirlandés.
"Recuerden esto: sin él, no existiría el Barcelona. No fue Messi, ni Cruyff ni Maradona. Fue O'Connell quien salvó al Barcelona de la extinción", le dijo Dowd a la BBC.
Y en su empeño consiguió el apoyo de los alemanes Franz Beckenbauer y Oliver Khan y el portugués Luis Figo, entre otras estrellas del fútbol internacional que ayudaron a Dowd a darle a O'Connell el reconocimiento que merecía.
Se firmaron camisetas para recaudar fondos para construir un monumento.
El empeño llegó lejos: Dowd no solo consiguió una placa en la calle de Belfast para el fallecido futbolista, sino que el nombre de O'Connell fue inscrito en el Salón de la Fama del FC Barcelona en 2015.
Y el acto se realizó antes de un partido que hubiera sido emblemático para "Don Patricio": el FC Barcelona frente al Real Betis.

Chile vs URSS |1973| La increíble historia del partido que jugó Chile en la Unión Soviética dos semanas después del golpe de Estado de 1973

Jugador  chileno Carlos Cazsely

Por Alejandro Millán Valencia

"Imagínate que a los 20 años es muy difícil enterarte de las atrocidades que se cometen en las dictaduras. Nosotros estábamos preocupados por jugar, como selección chilena, por un país. No por un gobierno", le contó a BBC Mundo el exdelantero chileno Carlos Caszely.
En Moscú, Chile -que estaba vestido de blanco- fue una máquina defensiva frente a una potencia futbolística como era la URSS. Mientras que el partido de vuelta, dos meses después en Santiago de Chile, fue un encuentro fantasma donde los locales ganaron sin rival a la vista.
"Ese partido de vuelta yo lo bauticé como el 'teatro del absurdo'. Fue algo que no se hace ni en el barrio, cuando se juega con los amigos", dijo Caszely.
Un partido "absurdo, ridículo" que selló su clasificación a un Mundial.


Lima-Moscú

Para las eliminatorias del Mundial de Alemania 1974, Chile quedó inscrito en el grupo 3 sudamericano junto a Venezuela y Perú.
Después de que Venezuela se bajara del baile, en mayo de 1973 Chile le ganó la serie a los blanquirrojos y se enteró de que su rival por un cupo para el Mundial de Alemania sería la potencia soviética.
En ese momento se pactaron las fechas de los encuentros: el partido de ida se disputaría el 26 de septiembre en el estadio Lenín de Moscú y el de vuelta, el 21 de noviembre en el Nacional de Santiago.
Pero el 11 de septiembre, dos semanas antes del primer cruce, Pinochet bombardeó La Moneda y derrocó al gobierno de Salvador Allende.
Se estableció un toque de queda y el país quedó bloqueado. Por momentos, el partido quedó en "veremos".

"La situación era difícil. Muchos de los jugadores no querían viajar para no dejar a sus familias solas bajo la tutela del régimen, a muchas de las cuáles estaban vigilando", explicó Pickett.
Pero había un deseo de peso: la selección, después del excelente Mundial del 62 e Inglaterra 66, no se había clasificado a México 70.

Los directivos lograron sortear los escollos gubernamentales para que los jugadores pudieran salir del país, pero se autoimpusieron una condición para sobrevivir al régimen y al viaje: no se hablaría de política.
"Ellos nos dijeron que no habláramos de la situación contingente de Chile, que no habláramos con nadie, que éramos deportistas, que nos remitiéramos simplemente a lo que era nuestra misión: jugar al fútbol", fue el relato de Leonardo Véliz, mediocampista chileno, en diálogo con Pickett para su libro.
No era un capricho de complacencia con el régimen militar: era una efectiva manera de evitarse problemas.
Y los seleccionados cayeron en cuenta de la seriedad de la advertencia cuando el general Gustavo Leigh, el flamante jefe de la Fuerza Área que bombardeó el palacio gubernamental aquel 11 de septiembre, en medio de una conversación con el médico del equipo, Elías Jacob, lanzó una broma que sonó más como amenaza velada.
"Cuídate, Elías, porque yo no hago canjes", le dijo justo en el momento en que se disponían a salir hacia Moscú.


Solo contra el barrio

Entonces sopesaron la incertidumbre familiar con la confianza en sí mismos.
"Teníamos equipo para ganarles a los soviéticos", recordó Caszely.
Tenía razón: además de Caszely, que jugaba en el Levante español, habían convocado a Carlos Reinoso, que era parte del América de México, y a varios miembros del equipo Colo-Colo que había quedado subcampeón de la Copa Libertadores ese año.

El viaje hacia la Unión Soviética estuvo lleno de momentos inquietantes: decenas de escalas, fría recepción en Moscú, algunos problemas de aduanas... Pero llevaban la mira puesta en el partido.
Por supuesto, para que se obren las hazañas es necesaria una cuota de suerte: después de seis años ausente de la selección, al mejor jugador chileno de la historia, el defensa central Elías Figueroa, se le abrió un hueco en la apretada agenda de su club.
"Yo no iba a ir porque tenía un partido en Brasil con mi equipo, el Internacional (de Portoalegre), y los directivos no me habían dado permiso. Pero ese partido finalmente se atrasó dos días", le contó Elías Figueroa a BBC Mundo.
"La única condición que me pusieron es que tenía que estar de regreso para el viernes. El partido contra la Unión Soviética era un miércoles. Regresé muerto a Brasil".
Así, con la estrella del equipo bordó confirmada en su alineación, el técnico chileno Luis Álamos definió la estrategia: la defensa radical.
"Jugamos con seis defensas, tres volantes de contención y yo adelante, solo contra el barrio", contó Caszely.
"Era nuestra única opción, porque no sabíamos nada de nuestro rival. No es como ahora que hay internet y videos en YouTube. En ese momento no teníamos idea de cómo jugaban", agregó.


Causa y estrategia

En la noche del miércoles 26 de septiembre de 1973, en el estadio Lenín de Moscú, se enfrentaron URSS y Chile.
Resultó que la estrategia dio resultado: el equipo soviético no logró sortear la muralla defensiva y comenzó a jugar a lo que Chile quería: a los centros.
Ahí estaban Figueroa y Alberto "El Mariscal" Quintano.
"Me quedó doliendo la cabeza de todos las pelotas que rechacé. Pero lo cierto es que por arriba siempre fui muy bien, así que no lograron hacernos mucho daño", recordó Figueroa.
Pero hubo un jugador soviético que sí se atrevió a más: el ucraniano Oleg Blokhin, estrella del Dínamo de Kiev y Balón de Oro en 1975, que comenzó a hacer una fiesta por la derecha del campo.
Hasta que Figueroa se hartó.
"Se me salió el uruguayo", dijo en referencia a los años que había jugado en Peñarol. Después de que Blokhin pasara por enésima vez al lateral, Don Elías, como lo llamaban, lo atendió con un planchazo que sacó al soviético a la pista atlética del estadio Lenin.
"Después de eso, Blokhin dejó la punta y se puso a volantear", contó Caszely.
Y no hubo más interferencias. El partido terminó 0-0. Empate que sabía bastante a victoria.
"Pensaron que nos iban a meter cinco", anotó Figueroa.
Pero un empate en ese entonces, como ahora, no era suficiente.


El partido fantasma


Para mediados de noviembre de 1973, Chile había roto relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y el estadio Nacional de Santiago se había establecido como un centro clandestino de tortura.
Sin embargo, el partido de vuelta seguía programado por la FIFA. Desde Moscú solicitaron que se cambiara la sede del partido, alegando temas de seguridad, pero Chile se negó a hacer cualquier cambio en lo ya establecido.
La noche anterior al partido, que se jugaba un domingo, los integrantes de la selección fueron comunicados que la selección soviética no se iba a presentar al día siguiente. Que de hecho, ni siquiera había viajado a Santiago.
Y que, por default, estaban clasificados al Mundial del 74.
"Yo creo que ellos ya sabían desde mucho antes, pero sabían que si nos decían ni Elías iba a venir de Brasil ni yo de España. Y nos querían tener a todos", dijo el exdelantero chileno.
Pero no había marcha atrás: al otro día, con un estadio Nacional medio lleno, el equipo se vio en la necesidad de salir a la cancha sin un equipo rival al frente.
A medirse frente a un fantasma.
Y después de sacar de la mitad de la cancha, se fueron tocando la pelota entre los compañeros, sin ningún tipo de resistencia, hasta que finalmente el capitán Francisco Valdés la metió en un arco vacío.
"Fue el 'teatro del absurdo'. Ni con los amigos se juega así. Incluso el árbitro era chileno", recordó Figueroa.
En las actas el partido quedó 2-0. Chile clasificó al Mundial y fue eliminado en la primera fase. Sin embargo, algo se comenzó a cuajar desde allí.
"La historia del fútbol se escribe partido a partido. Renglón a renglón. Ese fue parte de nuestro aporte a la gran historia que se está viviendo en el fútbol de Chile ahora", concluyó Caszely.

Alemania Oriental vs Bélgica |1990|El agónico final que tuvo la selección de fútbol de Alemania del Este


Por Tim Mansel

Cuando el 12 de septiembre de 1990 se firmó en Moscú el tratado que permitió la reunificación de Alemania, no sólo la Historia con mayúscula cambió.

Mientras la tinta de las firmas se secaba en el histórico documento, un grupo de futbolistas de Alemania del Este se preparaba para su propia despedida a cientos de kilómetros de su casa, en Bruselas.
"Sabía que ese juego entraría en los libros de Historia, recuerda Uwe Rosler, en ese momento un delantero de 21 años del club Magdeburg.
"Me sentía orgulloso de haber sido convocado y quería irme por la puerta grande".


El historial

Alemania Oriental había conseguido más renombre en la pista de atletismo y en la piscina que en el campo de fútbol.

En las últimas Olimpíadas antes de la caída del Muro de Berlín, Seúl 1988, había llegado segunda en el medallero, atrás solo de la Unión Soviética.
Sus mejores momentos futbolísticos habían ocurrido antes, en la década del 70.
En 1976 el combinado de Alemania del Este había ganado la medalla olímpica de oro en fútbol, pero la victoria más significativa había ocurrido en Hamburgo en 1974, en la fase de grupos de la Copa del Mundo, contra de su clásico rival, Alemania Federal.
En una exquisita escena del teatro de la Guerra Fría, Juergen Sparwasser había ingresado al área penal, colocado la pelota en la parte superior de la red y festejado con una voltereta.
Ese fue el único gol y la única vez que ambos equipos se enfrentaron.
Pero irónicamente, en la víspera de su desaparición, Alemania del Este tenía -quizás- el mejor equipo de su historia.
Necesitaba sólo un empate en su último encuentro frente a Austria para clasificar a la Copa del Mundo 1990.
Pero cuando el equipo se preparaba para volver a los entrenamientos, a fines de 1989, el gobierno abrió el muro.


Revolución

De la noche a la mañana, los futbolistas de Alemania Oriental se volvieron muy codiciados.

Los clubes de Alemania Occidental presentían que podían incorporar grandes talentos y los jugadores sentían que por primera vez tenían la oportunidad de ganar grandes sumas de dinero.
"Estaba entrenando y me rodeaban los agentes de compra y venta de jugadores. Mis compañeros estaban continuamente en el teléfono tratando de resolver su futuro. Nuestro foco había desaparecido", recuerda Rosler.
Uno de los directivos de un club de Alemania Federal incluso llegó a colarse en el banco de suplentes de la selección de Alemania Oriental en el partido en Viena contra la selección local, por la clasificación al Mundial.
El resultado fue que, al final, Austria ganó fácil ese compromiso y los mejores jugadores de Alemania del Este muy pronto firmaron lucrativos contratos para jugar en la Bundesliga (la Liga de Fútbol de Alemania Occidental).


De oficial a amistoso

En febrero de 1990, el nombre de Alemania Oriental entró en el sorteo para la Copa de Fútbol de Europa 1992, pero cuando quedó claro que este país no iba a existir mucho tiempo más, el juego que había sido agendado en contra de Bélgica se convirtió en un amistoso.

Esto creó un problema para el técnico de esta selección, quien se dio cuenta de que sus mejores jugadores -muchos de ellos ya en la Bundesliga- no tenían ninguna intención de arriesgarse a una posible lesión jugando un partido sin sentido.
Pero Rosler lo vio distinto.
Él seguía jugando en la liga de Alemania Oriental, la Oberliga, y el juego era una oportunidad.
"Sabíamos que habría un montón de gente viendo el partido, muchos técnicos, muchos reclutadores de la Bundesliga. A mí no se me pasaba por la cabeza no jugar".


Capitán Sammer

Los jugadores se reunieron en un campo de entrenamiento cerca de Berlín.

"Creo que había probablemente solo 10 de nosotros al comienzo y recuerdo que el técnico y otros directivos estaban todo el día en el teléfono, cada hora escuchábamos que este o aquel jugador no vendrían".
En total, 22 jugadores desistieron de representar a Alemania Oriental en su último partido, ofreciendo una gama muy variada de excusas.
Algunos dijeron que estaban lesionados. Cuatro directamente respondieron que no tenían la motivación necesaria. Uno alegó que no tenía su pasaporte. Otro que ya no se veía así mismo como ciudadano de Alemania Oriental.
Hubo una excepción notable, Matthias Sammer, de 23 años, quien tenía experiencia internacional y había firmado un contrato con el VfB Stuttgart de la Bundesliga.
Pero incluso él necesitó un poco de persuación.
Sammer describió cómo al llegar al entrenamiento comprobó que ninguna de las otras estrellas había respondido a la convocatoria.
Él admitió que se fijó si había algún vuelo que regresara a Stuttgart esa tarde pero no encontró ninguno.
El técnico apeló al elogio, le dijo que lo necesitaba para liderar el equipo y Sammer se quedó.
"En retrospectiva, estoy feliz de que no haya habido vuelos", le dijo Sammer a la televisión alemana en un documental.
"A veces te tienen que forzar para tener buena fortuna", concluyó.

De amistoso, nada
Un video muestra al grupo alineado para cantar el himno antes del partido, con sus rostros serios.

Todo el equipo estaba integrado por 14 jugadores, dos de ellos arqueros. Tres hacían esa noche su debut.
"Mirando esas imágenes, puedes ver nuestro compromiso", dice Rosler y añade: "Dejamos todo en el campo; no creo que nadie que nos haya visto correr, bloquear y defender haya imaginado que se trataba de un amistoso. El juego significó mucho para nosotros".
Rosler estuvo involucrado en la jugada del primer gol, que eventualmente fue convertido por el reacio capitán, Sammer.
Poco antes del final, el mismo Sammer anotó el segundo.
"Creo que todo el mundo sentía un gran respeto por Matthias, el hecho de que haya jugado y la forma en que jugó fue fenomenal. Fue un verdadero capitán ese día".
Con la victoria asegurada, el técnico alemán apostó por su última carta, una muy generosa.
Envió al campo al arquero suplente, Jens Adler, para los segundos finales.
Adler nunca había jugado un partido internacional. Nunca más lo haría.
Hay un video que lo muestra escupiendo nerviosamente en sus guantes antes de un corner. Pero el partido terminó sin que Adler tocara el balón.
"Mi única pena es que no me quedé con la camiseta. La cambié, creo. Llevaba el número cinco. Debí quedármela", dice Rosler.


El partido que no fue

Tres de los jugadores que participaron del partido contra Bélgica terminaron integrando la selección de la Alemania unificada, más notablemente Sammer que terminó jugando más de 50 encuentros internacionales.

La carrera internacional de Rosler terminó esa noche en Bruselas. La competición se volvió muy dura entre alemanes del Este y del Oeste para integrar una sola selección.
Pero terminó finalmente jugando en la Bundesliga y luego en la Premier League británica, en el Manchester City.
Aunque la historia no debió haber terminado allí.
Los alemanes de la República Democrática debieron haber jugado un último encuentro, en noviembre de 1990, nada más y nada menos que contra Alemania Federal, para celebrar la reunificación.
Pero durante un problema entre barras en un partido de la Oberliga en Leipzig, a comienzos de ese mes, un simpatizante murió baleado por un policía, lo que provocó más enfrentamientos entre policías e hinchas de fútbol en los siguientes partidos.
Por cuestiones de seguridad, el partido entre las dos Alemania fue cancelado.
La victoria sobre Bélgica, con una escuadra de 14 jugadores y un capitán reacio y goleador, fue entonces el último partido de fútbol para la selección de Alemania Oriental.