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F. Beckenbauer. Por: Edwin Medina. |
Se le
consideró el partido del siglo, no sólo por los siete goles que se vieron, los
120 minutos jugados o por las figuras que saltaron al césped del estadio
Azteca: Uwe Seeler, Gerd Muller, Sepp Maier, Giacinto Facchetti, Luigi
Boninsegna, entre otros.
El gran
Franz Beckenbauer, capitán de los teutones, fue el más sobresaliente líder que
pudo tener un equipo alemán en toda la historia. Beckenbauer poseía un gran
talento, mucha valentía, idoneidad y sobretodo pericia, porque se necesita
pericia para jugar con un hombro lacerado un clásico del fútbol mundial.
Era el 17 de
junio de 1970, en Ciudad de Mexico, se enfrentaban en la semifinal alemanes e
italianos. Los teutones ya no contaban en sus filas con viejas glorias del
Mundial del 54. Aquellos héroes que vencieron a la mítica selección de Hungría
cuando aún el país se levantaban de las ruinas de los bombardeos de la Segunda
Guerra Mundial.
El calendario
marcaba el 11 de Septiembre de 1945, Adolf Hitler ya se había volado la cabeza,
el Ejército Rojo ya ondeada la bandera de la Hoz y el Martillo en la capital
Berlín, Stalin y Churchill esbozaban sonrisas vencedoras, cuando el futuro
capitán Beckenbauer nacía en Munich. Él y sus demás compañeros de selección,
sobrevivientes como muchos tantos alemanes de las balas de los aliados, no
avecinaban lo que venía cuesta arriba.
Desde niño
Franz dio muestras de liderazgo, apenas a los 14 años fue fichado por el 1860
Munich. Luego pasó al equipo vecino. Recién llegó al todopoderoso Bayern Munich
se ganó la confianza de sus dirigidos.
Su primer
Mundial fue en Inglaterra 66, donde fue la gran revelación alemana al anotar 4
goles y llevar a su selección hasta la final. Cuatro años más tarde buscaba de
nuevo la final pero en semifinales se encontró ante los italianos. Aliados en
la guerra pero enemigos en el césped.
En aquélla
dura semifinal del Mundial de Mexico 70 contra la “azzurra” Beckenbauer se
fracturó la clavícula en un choque. Su técnico Schoen Helmut lo quería
sustituir del duelo para cuidar su salud. Franz se negó a salir del terreno de
juego, ya que los teutones habían usado sus dos sustituciones permitidas. El
"Kaiser"se quedó en el campo y llevaba en su brazo dislocado un
cabestrillo. Así jugó el tiempo extra. Beckenbabuer parecía un robot, nunca dio
muestras de dolor. Siguió jugando en el medio campo. Su fortaleza, más que su
técnica, era su inteligencia. El partido continuaba. Era un frenesí de goles.
Los italianos vencieron tras prórroga 4-3. Pero lo de Beck es el gesto más
épico de amor al fútbol. Sin duda es el mejor ejemplo de lo que es un hombre
con concepción ganadora. Lo dijo alguna vez su compañero Netzen: “Es el héroe
de nuestro país. No es casualidad que lo haya ganado todo”.
Viendo el partido Beck fua un estorbo mas q una ayuda para alemania en jugadas de ataque de italia era uno menos. Muchas veces hay q dar cuenta de tus limitaciones y no considerarse imprescindible.
ResponderEliminarSe equivoco manteniendose en el campo.Eso no quita q ha sido el mejor jugador aleman de la historia