10/7/11

Alemania V Italia. Mundial 1970. El “Kaiser” y su hombro dislocado.

F. Beckenbauer.

Por: Edwin Medina.


Se le consideró el partido del siglo, no sólo por los siete goles que se vieron, los 120 minutos jugados o por las figuras que saltaron al césped del estadio Azteca: Uwe Seeler, Gerd Muller, Sepp Maier, Giacinto Facchetti, Luigi Boninsegna, entre otros.

El gran Franz Beckenbauer, capitán de los teutones, fue el más sobresaliente líder que pudo tener un equipo alemán en toda la historia. Beckenbauer poseía un gran talento, mucha valentía, idoneidad y sobretodo pericia, porque se necesita pericia para jugar con un hombro lacerado un clásico del fútbol mundial.
Era el 17 de junio de 1970, en Ciudad de Mexico, se enfrentaban en la semifinal alemanes e italianos. Los teutones ya no contaban en sus filas con viejas glorias del Mundial del 54. Aquellos héroes que vencieron a la mítica selección de Hungría cuando aún el país se levantaban de las ruinas de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

El calendario marcaba el 11 de Septiembre de 1945, Adolf Hitler ya se había volado la cabeza, el Ejército Rojo ya ondeada la bandera de la Hoz y el Martillo en la capital Berlín, Stalin y Churchill esbozaban sonrisas vencedoras, cuando el futuro capitán Beckenbauer nacía en Munich. Él y sus demás compañeros de selección, sobrevivientes como muchos tantos alemanes de las balas de los aliados, no avecinaban lo que venía cuesta arriba.

Desde niño Franz dio muestras de liderazgo, apenas a los 14 años fue fichado por el 1860 Munich. Luego pasó al equipo vecino. Recién llegó al todopoderoso Bayern Munich se ganó la confianza de sus dirigidos.
Su primer Mundial fue en Inglaterra 66, donde fue la gran revelación alemana al anotar 4 goles y llevar a su selección hasta la final. Cuatro años más tarde buscaba de nuevo la final pero en semifinales se encontró ante los italianos. Aliados en la guerra pero enemigos en el césped.


En aquélla dura semifinal del Mundial de Mexico 70 contra la “azzurra” Beckenbauer se fracturó la clavícula en un choque. Su técnico Schoen Helmut lo quería sustituir del duelo para cuidar su salud. Franz se negó a salir del terreno de juego, ya que los teutones habían usado sus dos sustituciones permitidas. El "Kaiser"se quedó en el campo y llevaba en su brazo dislocado un cabestrillo. Así jugó el tiempo extra. Beckenbabuer parecía un robot, nunca dio muestras de dolor. Siguió jugando en el medio campo. Su fortaleza, más que su técnica, era su inteligencia. El partido continuaba. Era un frenesí de goles. Los italianos vencieron tras prórroga 4-3. Pero lo de Beck es el gesto más épico de amor al fútbol. Sin duda es el mejor ejemplo de lo que es un hombre con concepción ganadora. Lo dijo alguna vez su compañero Netzen: “Es el héroe de nuestro país. No es casualidad que lo haya ganado todo”.

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