6/8/17

América vs River |1986| América y los cuatro actos de tragedia libertadora

América de Cali, años 80s


Tomado de: Bestiario del balón, el lado B del fútbol colombiano.

En un listado de los equipos más desafortunados de la historia del fútbol sin duda puntea el América. Les invitamos a conocer la historia del club caleño y sus cuatro finales de Libertadores perdidas.
Acto I: Dos derrotas por el precio de una (1985)
Muy colombiana es la costumbre de acaparar todos los objetivos que se trazan en la cabeza, y aún más colombiano es no cumplir con toda esa hoja de ruta ya sea por impericia, pereza o simplemente porque "el año siguiente podré hacerlo".
El América de Cali fue a jugarse la vida en el desempate final de la Copa Libertadores de América ante Argentinos Juniors, en el tercer partido que se debía disputar para definir al campeón.
En Cali y Buenos Aires los dos clubes no pudieron decidir cuál de los dos se iba a ganar la Copa (victoria 1-0 para ambos en Cali y Buenos Aires), así que en esos tiempos un tercer encuentro era la única solución para no partir la Libertadores en dos pedazos.

Ojo, todo hubiera estado encarrilado en la normalidad de una definición que se puede ganar o perder, pero las condiciones de este encuentro estaban ya viciadas desde su arranque. Al mismo tiempo que el DT Gabriel Ochoa estaba al frente del América de Cali, se devanaba los sesos porque ésa no era su única responsabilidad en la vida: también dirigía a la Selección Colombia.
El Guss Hiddink criollo debía, además de pensar en el juego del América, intentar ganar el repechaje con la Selección Colombia ante Paraguay para clasificar a un mundial de fútbol: el de 1986. El lugar de ambos encuentros estaba definido y con fechas cercanas: la Libertadores, el 24 de octubre; la repesca, el 27.
Por eso tanto América como la Selección viajaron desde Cali en un vuelo comercial de Avianca, listos para conseguir dos buenos resultados. Claro, el viaje además también fue compartido por el plantes de Argentinos Juniors.

América perdió en los penales porque Enrique Vidallé le detuvo el último lanzamiento a Anthony de Ávila, culpado en su momento de la derrota, pero había alguien que era aún más responsable de la catástrofe: el encargado de patear ese cobro era Julio César Falcioni que en el torneo colombiano ya experimentaba su tiro frente al arco, marcando varios penales. Pero el argentino no quiso, según cuentan los que saben, y delegó la responsabilidad al jovencito samario a quien en algún momento de su vida le compraron sus derechos deportivos con un bus para su padre.
Con la carga de esa derrota a cuestas, varios de los jugadores del América fueron titulares de la Selección Colombia en el juego del 27 ante Paraguay. Obvio. El combinado de mayores perdió 3-0.
No había psicólogos suficientes para limpiarle la cabeza a este grupo de futbolistas que perdió dos chances de cambiar la historia.

Acto II: Las visitadoras y las barras bravas (1986)
¿Cómo distraer a los grandes futbolistas de River Plate, en Cali? Es que la idea era desconcentrarlos a costa de lo que fuera. El hacer pestañear a estos cracks iba a contribuir plenamente en poder agotarles el talento, de cara al primer juego a realizarse en el Pascual Guerrero. América llegaba a su segunda final consecutiva de Libertadores y el sabor de la derrota de 1985 debía ser desterrado de tajo, pero River tenía un equipazo: Nery Pumpido, Óscar Ruggeri, Funes y Nolberto "Beto" Alonso eran los ases de Héctor Veira.
Y aunque América no era inferior, era bueno tomar recaudos extrafutbolísticos. Los cronistas de la época cuentan que en el hotel donde se hospedó el club argentino, se empezó a llenar de mujeres y ninguna fea. ¿Prostitutas pagadas? ¿Fanáticas que se derretían con el acento argentino? Nunca nadie dijo nada y no se supo si finalmente algunos accedieron a los encantos femeninos. Aunque la primera teoría parecía ser la más válida (lo descubrieron porque cada mujer tenía la maña de apoyar el tacón en la pared), lo cierto fue que River le pegó un baile del demonio al América.

En el partido de vuelta, al América no lo estaban esperando ligueros, corsés y gentiles damas dispuestas a complacerlos. El presidente de River Plate, Hugo Santilli, era muy querido entre la hinchada, sobre todo entre los "Borrachos del tablón", barra brava tradicional del club de Nuñez, y entonces, haciendo uso de sus amistades, consiguió hacer una fenomenal recepción para los visitantes americanos cuando éstos estaban reconociendo el campo del Estadio Monumental. En el momento justo en que Julio Falcioni, Carlos Ischia, Ricardo Carega entre otros muchachos miraban en sudadera el césped, se abrió una reja: y no salieron de allí unas amazonas con ansias de ser amadas en el verde pasto.
De esa puerta gentilmente aparecieron los cabecillas más duros de la barra brava con un solo fin: trenzarse a golpes con los jugadores adversarios. Todo esto, a dos horas de inicio del partido.
Los moretones hicieron trabajar a los kinesiólogos y médicos del club caleño. Pero el peor golpe, fue el golazo de Funes que determinó el 1-0 final y la segunda copa perdida.

Acto III: La penumbra (1987)
De nuevo la no existencia de la difecencia de goles privó a los rojos de Cali de ganar con justicia el torneo.
En Montevideo perdieron 2-1 y en Cali vencieron los dirigidos por Gabriel Ochoa 2-0. En el conteo general, el tanto de Cabañas en Uruguay, hubiera sido diferente. Pero no, el partidito extra, ése en el que siempre le va mal a Colombia, veía de nuevo la luz.

Los televidentes en Cali seguían las incidencias del Peñarol-America, por fin sintieron que la Libertadores iba a quedar en casa. Se fueron a tiempo extra, con el empate el América es campeón. Miraron el cronómetro: 119 minutos de juego. De pronto se fue la luz en esa extraña noche de brujas del 31 de octubre de 1987 y la transmisión quedó en vilo por 40 segundos, máximo un minuto. El apagón igual no iba a aplazar la fiesta.
Ese minuto de oscuridad trajo consigo los primeros destellos de pólvora, y los gritos de la afición: "América campeón". Y cuando algunos estaban tratando de trasplantar las pilas del control remoto de la TV para ponérselas al radio, regresó la claridad: el bajón de luz se superaba.
De nuevo la TV (sin pilas en el control varios corrieron al botón power) y ahí sí todo fue penumbra. Los letreros decían "Peñarol campeón". Diego Aguirre había hecho el gol del triunfo de Peñarol cuando faltaban 30 segundos para que se acabara el juego.
El destino ya sabia que Peñarol iba a ganar y que América no sería campeón. Por eso tal vez tendió ese manto piadoso del apagón. Para que los sufridos fanáticos no padecieran un nuevo oprobio en directo.

Acto IV: "Don William esta enfermo" (1996)
Duele sufrir un quebranto de salud cuando se tiene una cita inaplazable con el destino. Y si algo le extrañó a la dirigencia de River Plate cuando llegó a Cali, porque su equipo iba a disputar en el Pascual Guerrero el partido de ida de la final de la Libertadores del 96, fue enterarse de que uno de los máximos accionistas del América, William Rodiguez, no podría acompañarlos esa noche al estadio de Cali.
Ellos preguntaron inocentes:
- ¿Y qué pasó con William?
- Está enfermo, hermano. Se indispuso pero les manda saludos.

Los rioplatenses vieron esto como un guiño, Cabaleros como ninguno, entendieron que la fortuna estaba de su lado. Es muy raro que el máximo accionista de un equipo no vaya al partido más importante de su club en años.
La derrota 1-0 ante América no les quitó el sueño. Tenían todo para vencer en la vuelta. Y la verdad se supo: don William no estaba enfermo, o sí en realidad. La víspera de la primera final el hijo de Miguel Rodriguez Orejuela (capo del Cartel de Cali) sufrió un espantoso atentado en el que recibió una veintena de disparos y fueron muertos todos sus escoltas. La verdad también ratifica que el América fue superior a River en Cali, pero que ganó apenas 1-0. Que el marco del estadio Monumental pareció superarlos y que el infalibre arquero, hasta ese momento, Oscar Córdoba, fue el directo responsable de los goles riverplatenses, sobre todo el segundo.
Es decir, la suerte de nuevo se cambió de bando y hasta la música decidió ponerse otra camiseta: River metió una cumbia salvaje en Argentina por la superioridad futbolística, y el América, con todo lo que lo rodeó esta final para ellos, fue un tango de Goyeneche.



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