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4/10/16

Francia Vs Uruguay. 1924 Andrade

José Leandro Andrade

José Leandro Andrade fue el primer titular negro de una selección uruguaya que hasta el momento sólo incluía jugadores blancos. Con él, Uruguay se proclamó campeón olímpico en 1924 y 1928, y campeón del mundo en 1930, en el primer campeonato del mundo de la historia. Después fue bailarín de music-hall y un gran campeón de tango. Murió a los cincuenta y seis años, solo y pobre, el 3 de octubre de 1956. Estas son las palabras de su paisano Eduardo Galeano sobre Andrade en el libro El fútbol a sol y sombra.
Europa nunca había visto a un negro jugando al fútbol. En la olimpíada del 24, el uruguayo José Leandro Andrade deslumbró con sus jugadas de lujo. En la línea media, este hombrón de cuerpo de goma barría la pelota sin tocar al adversario, y cuando se lanzaba al ataque, cimbreando el cuerpo desparramaba un mundo de gente. En uno de los partidos atravesó media cancha con la pelota dormida en la cabeza. El público lo aclamaba, la prensa francesa lo llamaba, La Maravilla Negra.
Cuando el torneo terminó, Andrade se quedó un tiempo anclado en París. Allí fue errante bohemio y rey de cabaret. Los botines de charol sustituyeron a las alpargatas bigotudas que había traído de Montevideo y un sombrero de copa ocupó el lugar de la gorra gastadita. Las crónicas de la época saludaban la estampa de aquel monarca de las noches de Pigalle: el paso elástico y bailarín, la mueca sobradora, los ojos entornados que siempre miraban de lejos y una pinta que mataba: pañuelos de seda, chaqueta a rayas, guantes de color patito y bastón con empuñadura de plata.
Andrade murió en Montevideo, muchos años después. Los amigos habían proyectado varios festivales en su beneficio, pero nunca se realizó ninguno. Murió tuberculoso, y en la última miseria.
Fue negro, sudamericano y pobre. El primer ídolo internacional del fútbol.



21/7/16

Brasil Vs Uruguay. 1950. El reposo del centrojás

Obdulio Varela


Tomado del libro:Memorias del Míster Peregrino Fernández y otros relatos de fútbol.
Escrito por: Osvaldo Soriano.


Mire usted lo que son las cosas. Nosotros habíamos empatado con España dos a dos con un gol que yo hice sobre la hora, esos goles que salen de suerte; el segundo partido le habíamos ganado a Suecia tres a dos, ahí no más. Los brasileños venían matando. Le habían marcado seis goles a los suecos y otra media docena a los españoles. Cuando fuimos a la final nadie dudaba de que ellos nos aplastarían. Tenían un cuadro bárbaro, eran locales y el mundo entero esperaba que ganaran el Mundial. Nosotros jugábamos, puede decirse, contra todo el mundo.

Eso, creo, debía darnos tranquilidad. Nuestra responsabilidad era menor. Recuerdo que un dirigente uruguayo lo llamó a Óscar Omar Míguez, el centroforward del equipo, poco antes de salir a la cancha, y le dijo que estuviéramos tranquilos, que los dirigentes se conformaban si perdíamos nada más que por cuatro goles. Dijo que con llegar a la final ya debíamos estar satisfechos y que se trataba ahora de evitar el papelón, de no tragarse una goleada muy grande.
Yo lo escuché y eso me indignó. Le dije: “Si entramos vencidos mejor no juguemos. Estoy seguro de que vamos a ganar este partido. Y si no lo ganamos, tampoco vamos a perder por cuatro goles”.
Yo tenía 33 años y muchos internacionales encima. Estaban listos si creían que nos iban a pasar por arriba así nomás. Los otros muchachos del equipo eran jóvenes, sin mucha experiencia, pero jugaban bien al fútbol. Además, poco antes habíamos jugado contra los brasileños la copa Río Branco y les habíamos ganado 4 a 3 el primer partido; después perdimos dos veces por uno a cero, pero nos habíamos dado cuenta de que se les podía ganar. Ellos tienen mucho miedo de jugar contra los uruguayos o contra los argentinos.
Antes de salir a la cancha, el director técnico Juan López me dijo, como siempre, que yo debía dirigir, ordenar el equipo dentro de la cancha. Entonces, cuando íbamos para el túnel, les dije a los muchachos: “Salgan tranquilos. No miren para arriba. Nunca miren a la tribuna; el partido se juega abajo”.

Era un infierno. Cuando salimos a la cancha eran más de cien mil personas silbando. Entonces nos fuimos hacia el mástil donde se iban a izar las banderas. Cuando salió Brasil lo ovacionaron, claro, pero después mientras tocaban los himnos, la gente aplaudía. Entonces les dije a los muchachos: “Vieron cómo nos aplauden. En el fondo esta gente nos quiere mucho”.

Al juez no le di la mano. Nunca le di la mano a ningún árbitro. Lo saludaba, sí, lo trataba con respeto, pero la mano nunca. No hay que hacerse el simpático. Después la gente dice que uno va a chupar las medias del que manda en el partido.
En el primer tiempo dominamos en buena parte nosotros, pero después nos quedamos. Faltaba experiencia en muchos de los muchachos. Nos perdimos tres goles hechos, de esos que no puede errarlos nadie. Ellos también tuvieron algunas oportunidades, pero yo me di cuenta de que la cosa no era tan brava. El asunto era no dejarlos tomar el ritmo demoledor que tenían. Si fracasábamos en eso, íbamos a tener delante una máquina y entonces sí que estábamos listos. El primer tiempo terminó cero a cero.
En el segundo tiempo salieron con todo. Ya era el equipo que goleaba sin perdón. Empecé a marcar de cerca, a apretarlos para tratar de jugar de contragolpe. Creo que fue a los seis minutos que nos metieron el gol. Parecía el principio del fin.

La voy a contar algo que la gente no sabe. Todos vieron que yo agarraba la pelota y me iba para el medio de la cancha despacio, para enfriar. Lo que no saben es que yo iba a pedir un off-side, porque el linesman había levantado la bandera y después la había bajado antes de que ellos hicieran el gol. Yo sabía que el referí no iba a atender el reclamo, pero era una oportunidad para parar el partido y había que aprovecharla. Me fui despacito y por primera vez miré para arriba, al enjambre de gente que festejaba el gol. Los miré con bronca, lleno de bronca y los provoqué. Tardé mucho en llegar al medio de la cancha. Cuando llegué, ya se habían callado. Querían ver funcionar a su máquina de hacer goles y yo no la dejaba arrancar de nuevo. Entonces, en vez de poner la pelota en el medio para moverla, lo llamé al referí y pedí un traductor. Mientras vino, le dije que había off-side y qué sé yo, había pasado por lo menos otro minuto. ¡Las cosas que me decían los brasileños! Estaban furiosos. La tribuna chiflaba, un jugador me vino a escupir, pero yo, nada. Serio no más.

Cuando empezamos a jugar de nuevo, ellos estaban ciegos, no veían ni su arco de furiosos que estaban; entonces todos nos dimos cuenta de que podíamos ganar el partido.
¿Cómo conseguimos eso? Es que el jugador tiene que ser como el artista: dominar el escenario. O como el torero, dominar el ruedo y al público, porque si no, el toro se le viene encima. Uno sabe que en una cancha extraña no le van a aplaudir, por más que haga buenas jugadas. Entonces tiene que imponerse de otra manera, dominar al adversario, al público y a sus mismos compañeros. Claro, yo había jugado un millón de partidos en todas partes, en canchas sin tejido, sin alambrado, a merced del público, y siempre había salido sanito. ¡Cómo me iban a achicar ese día en el Maracaná, que tenía todas las seguridades! Ahí yo tenía que dominar, porque tenía todas las facilidades y sabía que nadie podía tocarme.

Cuando hicimos el segundo gol, que lo hizo Gigghia (el primero lo convirtió Schiaffino), no lo podíamos creer. ¡Campeones del mundo, nosotros, que veníamos jugando tan mal! Al terminar el partido, estábamos como locos. En Brasil había duelo. Los cajones de cañitas flotaban en el mar. Era una desolación.
Esa noche fui con mi masajista a recorrer unos bares para tomar unas chopps y caímos en lo de un amigo. No teníamos un solo cruzeiro y pedimos fiado. Nos fuimos a un rincón a tomar las copas y desde allí mirábamos a la gente. Estaban llorando todos. Parecía mentira: todo el mundo tenía lágrimas en los ojos. De pronto veo entrar a un grandote que parecía desconsolado. Lloraba como un chico y decía: “Obdulio nos ganó el partido” y lloraba más. Yo lo miraba y me daba lástima. Ellos habían preparado el carnaval más grande del mundo para esa noche y se lo habíamos arruinado. Según ese tipo, yo se lo había arruinado. Me sentía mal. Me di cuenta de que estaba tan amargado como él. Hubiera sido lindo ver ese carnaval, ver cómo la gente disfrutaba con una cosa tan simple. Nosotros habíamos arruinado todo y no habíamos ganado nada. Teníamos un título, pero ¿qué era eso ante tanta tristeza? Pensé en el Uruguay. Allí la gente estaría feliz. Pero yo estaba ahí, en Río de Janeiro, en medio de tantas personas infelices. Me acordé de mi saña cuando nos hicieron el gol, de mi bronca, que ahora no era mía pero también me dolía.

El dueño del bar se acercó a nosotros con el grandote que lloraba. Le dijo: “¿Sabe quién es ése? Es Obdulio”. Yo pensé que el tipo me iba a matar. Pero me miró, me dio un abrazo y siguió llorando. Al rato me dijo: “Obdulio ¿se vendría a tomar unas copas con nosotros? Queremos olvidar ¿sabe?” ¡Cómo iba a decirle que no! Estuvimos toda la noche chupando en los bares. Yo pensé: “Si tengo que morir esta noche, que sea”. Pero acá estoy.
Si ahora tuviera que jugar otra vez esa final, me hago un gol en contra, sí señor. No, no se asombre. Lo único que conseguimos al ganar ese título fue darle lustre a los dirigentes de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Ellos se hicieron entregar medallas de oro y a los jugadores les dieron unas de plata. ¿Usted cree que alguna vez se acordaron de festejar los títulos de 1924, 1928, 1930 y 1950? Nunca. Los jugadores que intervinimos en aquellos campeonatos nos reunimos ahora por nuestra cuenta todos los años el 18 de julio, que es la fecha patria. Lo festejamos por nuestra cuenta. No queremos ni acordarnos de los dirigentes.

Yo empecé a jugar al fútbol en serio por una casualidad. Éramos doce hermanos, hijos de un vendedor de factura de cerdo. Siempre fuimos muy pobres. Yo fui a la escuela tres años y tuve que largar para ir a vender diarios, primero, y después a lustrar zapatos. Como lustrador sacaba seis pesos por mes en el año 32. Un día me invitaron a jugar un partido de barrio. Allá encontré a mi hermano que jugaba en el otro equipo. Al fin, cuando me estaba cambiando para salir a jugar, apareció el titular del equipo, que era el tanque Amato, y no me pusieron. Entonces vino mi hermano y me dijo que si quería entrar para ellos. Como yo había ido a jugar al fútbol, acepté. Ganamos y me quedé en el equipo.

Los muchachos me consiguieron un trabajo de albañil y yo me puse muy contento. Empecé a jugar en un club que intervenía en el campeonato de intermedia, que venía a ser como la primera B de ascenso ahora. Parece que andaba bien, porque un día me avisaron que me habían vendido al Wanderers por 200 pesos.
Sin preguntarme nada, me vendieron como una bolsa de papas. Cuando me enteré fui a ver a los dirigentes del Wanderers y le pregunté: “¿Quién va a defender al club, el Deportivo Juventud o yo?” Conseguí que me dieran los 200 pesos. Ese día me compré de todo con esa plata. Cuando aparecí en casa mi madre no quería creer que me habían dado toda esa plata. Ella creía que yo andaba en malos pasos.
Es que cuando uno se cría en la calle, tiene dos caminos: aprende a defenderse con dignidad, como hice yo porque tuve la oportunidad, o se larga a cualquier cosa, como les pasa a otros que no tienen una chance.
A mí me fue tan bien que, cuando subimos, no bajamos nunca más. Debuté en el Wanderers contra River Plate y perdimos, pero después le ganamos a Bella Vista. Por fin, en el estadio centenario jugamos contra Peñarol. Yo tenía enfrente nada menos que a Sebastián Guzmán, el maestro. Ellos tenían un cuadrazo, pero les ganamos 2 a 1. No me lo olvido jamás. Estuve cuatro años en el Wanderers y en 1943 pasé a Peñarol por 16 mil pesos, una cifra récord para el pase de un jugador. Me quedé para siempre en Peñarol hasta 1955 que largué el fútbol.

Ahora estoy muy arrepentido de haber jugado. Si tuviera que hacer mi vida de nuevo, ni miro una cancha. No, el fútbol está lleno de miseria. Dirigentes, algunos jugadores, periodistas, todos están metidos en el negocio sin importarles para nada la dignidad del hombre. Yo siempre me lo tomé de la mejor manera. Cuando vinieron a sobornarme, no me enojé ni los saqué a patadas ni los denuncié. Les dije que no, que buscaran a otro con menos orgullo que yo. Yo siempre me guié por la filosofía simple que aprendí en la calle, allí se aprende todo; hay que vivir, cueste lo que cueste, vivir, y a cambio de eso hay que dejar vivir.


Muchas cosas me dolieron. Los periodistas se metieron en mi vida privada, me atacaron mucho durante la huelga de jugadores porque ellos le hacían el juego a los clubes. Yo decidí vivir mi vida y rompí con ellos. Desde entonces me encapriché y me negué a salir en las fotos que tomaban al equipo en la cancha. Cuando mis compañeros me pedían que saliera, me ponía de costado y miraba para otro lado. Una vez los cronistas hicieron un planteo a Peñarol y el club me llamó para convencerme de que tenía que ser amable y salir en las fotos. Entonces les pregunté: “¿Para qué me contrataron: para sacarme fotos o para jugar al fútbol?” Ahí se terminó el incidente. No quise saber más nada con dirigentes ni con periodistas que escriben lo que quieren los que mandan. Yo sé que hay que ganarse la vida pero no hay motivo para ensuciar a los demás. Por eso yo no volvería a acercarme a una cancha aunque me ofrecieran millones. A mí me castigaron mucho y no lo aguanto. Por eso le dije que si ahora tuviera que jugar una final, me hago un gol en contra. No vale la pena poner la vida en una causa que está sucia, contaminada. El que se sienta capaz, que lo haga. Algún día tendrá que rendir cuentas: entonces sabremos quién es quién y si valía la pena ensuciarse.

27/7/14

Argentina Vs Alemania. 2014. Schurrle gambeteó, Gotze vacunó

Mario Gotze y sus compañeros celebrando el gol del triunfo.

"El fútbol es la continuación de la guerra por otros medios".
George Orwell.


Por: Edwin Medina.


Israel preparaba una nueva ofensiva bélica contra Palestina. Pulp Fiction (Tiempos violentos en Latinoamérica) la primera gran pieza cinematográfica de Quentin Tarantino cumplía 20 años de su presentación en el Festival de Cannes; También cumplía 20 años la primera aparición pública del Subcomandante Marcos en Chiapas. En el país más amnésico de América Latina se reelegía como presidente al otrora Ministro de Defensa Juan Manuel Santos, salpicado en aquel entonces por el escándalo de los Falsos Positivos. Se cumplían también 20 años del asesinato del futbolista Andrés Escobar. Bajo miles de protestas en Brasil, se disputaba a la izquierda del mundo el vigésimo mundial de fútbol Brasil 2014.

Siempre me ha gustado estar aislado de la masa, de la muchedumbre, del gentío. Lo mío es estar detrás del telón. Me agrada huir del aplauso masivo, de los flashes, del confeti. Siempre he sido gustoso de pasar lo más desapercibido posible. No quiero que se me malinterprete, no soy  un sujeto asocial, ni crean que soy como Juan Pablo Castel, protagonista de El Túnel de Ernesto Sábato, el cual no gustaba de estar en playas, bares, y todo lugar donde hubiese una pequeña reunión de seres humanos. No, no soy así, de hecho, me gusta estar con los míos, con pocos eso sí, reunirme con ellos, conversar, y entre risas y botellas pasar un rato agradable. Los partidos de fútbol que para mí son importantes, siempre me ha agradado verlos solo, en mi órbita llena de paz y tranquilidad. Pero los encuentros de Brasil 2014 por cuestiones laborales me fue imposible verlos en solitario. Me uní en contra de mi voluntad a la muchedumbre. Tuve que aguantar ese irritante cántico que dice: “Si se puede”, “Si se puede”. En la calle, vi en primera fila peleas, discusiones absurdas sobre el balompié, escuché frases estúpidas y cargadas de xenofobia, y tuve que aguantar personas que únicamente ven el fútbol como excusa para emborracharse, y poco saben de éste magno deporte. Es una lástima, este es el último gran mundial que veré, los próximos en Rusia y Qatar respectivamente, fueron vendidos a los petrodólares por parte de Blatter. Los mundiales en países no futboleros siempre han sido decepcionantes. No pude disfrutar del mundial como quería, pero aquí están algunos partidos que valen la pena a mi modo de ver resaltar.

Italia Vs Uruguay: Entre el cabezazo de Zidane y el cabezazo de Godín

Fabio Cannavaro levantó la Copa del Mundo en el mundial 2006. Después,  todo ha salido mal para la selección de Italia, eliminados por España en Cuartos de Final de la Euro 2008, luego se fueron con más pena que gloria de la Copa Confederaciones 2009, jugaron el peor mundial de la historia en Sudáfrica 2010 al ser eliminados en primera ronda y terminar últimos de su grupo ante rivales de menor envergadura como Nueva Zelanda, Eslovaquia y Paraguay, y en la Euro 2012, fueron vencidos y goleados en la final por la generación de oro española cuatro tantos contra uno.
Con este prontuario de fracasos futbolísticos post cabezazo de Zidane, llegaba a Brasil la selección Azzurra. Los dirigidos por Cesare Prandelli querían cambiar la historia reciente. Su andar en Brasil 2014 comenzó con un triunfo frente a la selección inglesa, en su segunda presentación sufrió una  dura derrota ante la sorprendente Costa Rica, esto dejaba a los italianos frente a frente contra los uruguayos en el último encuentro por un único cupo a la siguiente ronda.
Por otro lado llegaba la selección celeste. La cual debutó con derrota ante Los Ticos y empató ante Inglaterra a dos tantos.
“Los uruguayos nacimos gritando gol” decía Eduardo Galeano, frase bastante cierta, y lo es aún más cuando pensamos en su número nueve: Luis Suárez: Veloz, audaz, osado, valiente y peligroso; Fue goleador de la última temporada en el fútbol inglés, estuvo cerca de ganar la Premier League, pero no le fue posible, faltando dos fechas para el final del torneo se le escapó. El charrúa buscaba su revancha, él y toda Uruguay quería repetir la gran gesta de Obdulio Varela hace ya medio siglo también en tierra brasilera.
Era el 24 de junio. Estadio Das Dunas. Uruguay venció fiel a su estilo de garra por la mínima diferencia a Italia. El único gol de la batalla no lo anotó el goleador Luis Suárez como todos creíamos. En el minuto 81 el capitán charrúa Diego Godín con un gran salto y una soberbia embestida anotó el único gol del encuentro, fue una temporada casi perfecta para el central uruguayo campeón de la Liga Española con el Atlético Madrid también con un gol anotado por él en el Cam Nou.
Entre el cabezazo de Zidane y el cabezazo de Godín  sólo ha habido derrotas y humillaciones futbolísticas para los italianos, los cuales nunca en la historia se habían ido de dos mundiales seguidos en primera ronda. Mientras tanto los uruguayos fueron víctimas de una injusta sanción de la FIFA,  su goleador Suárez fue sancionado con 4 meses sin poder jugar ni entrenar por un mordisco al central italiano Chiellini. Luego, huérfanos de rebeldía los uruguayos sin Luis Suaréz fueron derrotados ante Colombia en los Octavos de Final.

Inglaterra Vs Uruguay: El capitán abatido

El capitán de una selección la cual tiene un escudo con tres leones en el pecho debe cumplir con varias condiciones, debe ser: valiente, gallardo, airoso, guerrero, inteligente. Dichas condiciones las tiene Steven Gerrard, el cual fue capitán de los ingleses, pero dichas habilidades no fueron expuestas por él en el césped de Brasil 2014.
Gerrard no quería estar allí, aún se le veía decaído por lo sucedido meses atrás con su querido Liverpool. Steven quería estar en casa con su amada y con sus hijos, no quería saber nada de fútbol, éste le dio un golpe bastante fuerte del cual no se repondrá él ni los seguidores del equipo de Anfield Road. Gerrard estuvo a punto de conquistar la gesta que desde hace 24 años le es esquiva al Liverpool: ser campeón del fútbol inglés. Aquella fatídica tarde el Liverpool enfrentaba al Chelsea, el cual jugó con suplentes. Steven Gerrard estaba casi en la mitad del campo, era el último hombre, detrás de él, sólo se encontraba su compañero, el portero Belga Mignolet. Entonces Gerrard recibió un pase, corrió a recepcionarlo, pero resbaló, cuando intentó ponerse en pie ya era tarde, el balón había sido tomado por el delantero del Chelsea, el cual en línea recta se fue camino al gol y anotó. Liverpool terminaría perdiendo aquel partido y también perdería la Liga Inglesa. Steven Gerrard, justo él, el alma del Liverpool, cometió el error más grande de su carrera futbolística. Después de este hecho el capitán no se pudo reponer, esto se notó bastante en el terreno de juego de Brasil 2014, el equipo de los tres leones logró tan sólo un punto de nueve posibles, fue el peor mundial de la historia para Inglaterra y fue el último mundial de su capitán Steven Gerrard.

Brasil Vs Colombia: El caos pasó por aquí

Brasil fue una desorganización, una anarquía total futbolística y socialmente antes y durante el mundial. Los jugadores brasileños siempre estuvieron tensos, el peso que le correspondía cargar a los políticos fue traspasado a los ídolos del pueblo, ellos, los futbolistas, debían con sus goles y gambetas apaciguar las huelgas y el ambiente hostil que había alrededor de los estadios. En las calles hubo más policías y fuerzas de seguridad que hinchas, la represión estuvo siempre presente. Blatter astuto como siempre se escondió, sólo apareció hasta la final para entregar los premios, la presidenta Dilma Rousseff era abucheada cada vez que aparecía en público. Por ende, los jugadores eran los únicos que el pueblo admitía a escuchar y ver.

Thiago Silva, David Luiz, Neymar, Dani Alves, ellos se convirtieron en la panacea brasilera ante la pobreza, falta de hospitales, escuelas y mejor calidad de vida. Demasiado peso para unos deportistas acostumbrados a la vida cosmopolitan, a los autos de lujo, al Dolce Gabbana, a las playas y clubes privados.
En el césped, Brasil jugó solamente bien contra Colombia, los demás partidos que disputó en el certamen fueron mediocres. Ante los cafeteros Brasil salió con una actitud avasalladora, en los primeros minutos se puso arriba en el marcador con gol de su capitán Thiago Silva. Los dirigidos por Scolari continuaron generando opciones claras de gol, el marcador debió haber sido mucho más amplío, pero el arquero colombiano David Ospina no lo permitió. Ya, en el segundo tiempo, los asistentes al estadio Mineirao fueron testigos de uno de los mejores goles del certamen, David Luiz anotó un excelso gol de tiro libre, luego, James Rodríguez descontó de penal. Así con marcador de 2-1 culminaría el encuentro. Luego, 5 días después, llegaría la peor tragedia futbolística de Brasil en toda la historia, Alemania lo vencería por 7-1.
Al final del encuentro un periodista preguntó a James Rodríguez: -¿Por qué las lágrimas?. El diez colombiano respondió – “Porque yo siento esto como un hijuemadre”.  Su respuesta me quedó retumbando en mi cabeza, nunca había escuchado a un jugador colombiano que sintiera el fútbol con tanta pasión.
Pero es normal que James sienta el fútbol con tanto fervor, él, Radamel Falcao, y Mario Yepes  desde muy jóvenes fueron al fútbol argentino, allí, muy chicos, adoptaron nociones culturales propias del balompié gaucho, la rebeldía, y el amor propio, por citar algunas. Al sur de nuestra América el fútbol es diferente a como se vive en el país colombiano. Igualmente se le enseñó a nuestros  mejores jugadores en los últimos tiempos que a los mundiales no se va a participar si no a ganar, o por lo menos a dejarlo todo en la cancha, contrario a lo que pensaba el técnico "Bolillo" Gómez, el cual previo al mundial Francia 98 cuando dirigía a la selección Colombia dijo que íbamos a “aprender”.  José Néstor Pékerman  también tuvo que ver y bastante en este resurgir mental del futbolista colombiano, sin él, hubiese sido imposible.

Holanda Vs España: La generación dorada y la zurda de Robben

La mayoría de jugadores de la Generación de Oro de la selección española eran jugadores del FC Barcelona, Piqué, Puyol, Jordi Alba, Sergio Busquets, Xavi, Iniesta, David Villa y Pedro. Ellos fueron principales participes de los títulos que consiguió el fútbol español en Europa y el mundo. Estos jugadores ganaron la Euro 2008, la Champions League 2009, la Copa Mundo Sudáfrica 2010, nuevamente la Champions League 2011, y la Euro 2012. Increíblemente ninguno de ellos ganó el Balón de Oro de FIFA. Pero el paso del tiempo y la cantidad absurda de partidos que se juega por temporada terminarían por desgastar las piernas de los habilidosos jugadores españoles.
 El debut de La Roja en Brasil 2014 sería ante un viejo conocido: Louis Van Gaal, técnico holandés, un viejo zorro que conoce el fútbol como pocos, él, conocía de antemano el estilo de juego de España. Van Gaal dirigió por mucho tiempo al FC Barcelona, cuando Xavi e Iniesta estaban dando apenas sus primeras muestras de talento.
España comenzó muy bien el partido y se puso adelante en el marcador con un penal inexistente convertido por Xavi Alonso. Después todo fue un monólogo por parte de la selección holandesa. Robben tomaba el balón y se escabullía, era imposible pararle, Piqué quedaba en ridículo y Ramos se veía lento y pesado al lado del veloz tulipán holandés. Así llegó uno y otro y otro gol para Holanda, parecía como si hubiésemos vuelto a los años 70 cuando el Ajax de Cruyff y La Naranja Mecánica de Rinus Michel maravillaban al mundo del fútbol, con su toque vertiginoso y preciso. Al final un 5-1 a favor de Holanda dejó anímicamente destruida a la selección de Vicente del Bosque. Luego Holanda llegaría a semifinales jugando un gran fútbol, como siempre, pero España no corrió con la misma suerte y se fue eliminada en primera ronda en un mundial para el olvido.


Argentina Vs Alemania: Schurrle gambeteó, Gotze vacunó

Siempre me han gustado los cánticos barristas provenientes del sur, me parecen canciones llenas de mucha creatividad, pero el tema que cantaron una y otra vez los argentinos en Brasil 2014 me pareció bastante prepotente. El tema decía así:

 “Brasil, decime que se siente, tener en casa a tu papá, te juro que aunque pasen los años, no lo vamos a olvidar, que el Diego te gambeteó que el Cani vacunó, estás llorando desde Italia hasta hoy”.

El tema hacía referencia al encuentro que disputaron en el mundial de Italia 90 por los Octavos de Final Gauchos y Cariocas. Aquel partido finalizó con triunfo para la Argentina por la mínima diferencia con gol de Caniggia a pase de Diego Maradona. Si bien, los brasileros jugaron mejor, el resultado terminó a favor de la celeste. Pero por tan sólo un partido no se puede ignorar la historia. Brasil desde 1990 ha ganado 2 copas del mundo, 2 copas Confederaciones, y 4 copas América. (Dos de ellas venció en la final a la Argentina, 2005 y 2007). Mientras que Argentina sólo ha ganado dos copas América desde aquel tiempo, la última fue en 1993 en Ecuador. Entonces, las frías e insípidas estadísticas muestran que Brasil en América no tiene papá.
Argentina llegaba al mundial con un fixture bastante accesible: Bosnia, Irán, Nigeria. Luego, en Octavos de Final vencería a Suiza y en Cuartos a Bélgica. Ningún rival era hasta entonces potencia futbolística. En semifinales, la celeste se encontró contra Van Gaal y sus muchachos, se respetaron demasiado, nadie quiso arriesgar, ante la ausencia de las estrellas principales, Robben y Messi, las figuras del encuentro terminaron siendo los actores de reparto Mascherano y el portero Sergio Romero.

“Las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en su triunfo personal” decía el poeta, novelista, escritor y periodista José Saramago. Éste último fue el máximo error de Argentina en el mundial, centrar el triunfo en una sola persona, en Lionel Messi, un deporte colectivo simplificado a un sólo hombre, en el vestuario, no existía Vox Populi. Lo que dijera Messi, se debía hacer. Si el capitán argentino quería jugar con sus amigos en la delantera así el técnico Sabella no estuviera de acuerdo, tenía que hacerlo, siempre debía doblar rodilla frente a los caprichos del diez. Por el otro lado, venía Alemania, siempre orgullosa, con el mentón bien alto. Contrario a Argentina los teutones si eran un equipo conformado sólidamente en todas sus líneas.

Era el 13 de julio, en el Maracaná se encontraban por tercera vez  Alemania y Argentina en una final de Copa Mundo. El partido no decepcionó ya que los dos oncenos eran estelares y mostraron una notable destreza defensiva y ofensiva.
Ambos equipos salieron con furia, sobretodo la Argentina. La mayoría pensaba que los nervios y la presión del momento llevarían a un juego más lento, más conservador, pero cada equipo salió agresivo. Argentina tuvo más ocasiones, en la primera etapa, su contraataque fue rápido,  impresionante, pero ineficaz.  Messi jugaba bien, pero el mejor de la cancha era Lavezzi y nuevamente Mascherano se batía como león en el medio campo.
Argentina tuvo la oportunidad de la vida en el minuto 20 cuando el alemán Toni Kroos dirigió accidentalmente un cabezazo en dirección opuesta que originó un mano a mano entre Gonzalo Higuaín y el portero alemán Neuer. No había nadie más que él y el portero, el nueve argentino no tuvo la tranquilidad del goleador y remató desviado hacia el lado izquierdo. Fue un regalo de gol de Alemania e Higuaín no pudo convertir.
Minutos más tarde Higuaín pensó que se había redimido y marcó gol en el minuto 30, pero estaba dos metros fuera de juego. Fue un gran pase de Lavezzi, la figura del encuentro hasta el momento. La multitud estaba en frenesí, los celestes no podían creer su mala suerte, jugaban mejor que su rival, que lejos, era el mejor equipo del torneo, pero no lograban ponerse arriba en el marcador.
Un hecho importante en la final se daba, el sustituto de Khedira, Christoph Kramer ya no era capaz de jugar y tuvo que ser retirado del terreno de juego. Estaba y no estaba, a los 17 minutos, fue golpeado con el hombro por Ezequial Garay. Kramer estaba en shock, Alemania tuvo que sustituirlo del juego, para reemplazarlo ingresó Andre Schurrle. Argentina no podría tener peor suerte, Schurrle, era uno el jugador más eficiente en el torneo, anotando tres goles en poco más de 150 minutos de juego.
El primer tiempo culminaría sin goles, Argentina hizo un movimiento para comenzar la segunda mitad, Sergio Agüero ingresaba por la figura del primer tiempo Ezequiel Lavezzi. Todos se preguntaban cómo estaría Agüero en realidad. Si estaba en el 100% de su rendimiento, es un gran atacante, por supuesto, pero últimamente se había visto frenado por una lesión en el muslo.
Messi tuvo la gran primera oportunidad de abrir el marcador en la segunda mitad, el diez argentino remató de zurda, su disparo se estrelló en el lado izquierdo de la malla, un disparo que parecía que iba a entrar en el extremo derecho de la red, se perdió por poco. Una vez más Alemania sobrevivió a la amenaza de "La Pulga", y sus compañeros.
El hombre conocido como Rodrigo "La cola de rata" Palacio el cual había jugado un muy mal mundial, ingresó a los 77 minutos de juego por Gonzalo Higuaín.
Higuaín tuvo una gran oportunidad de gol comenzando el juego, de haber anotado, hubiese quedado en  el Olimpo de los delanteros argentinos, al lado de Batistuta, Crespo Y Kempes, pero no fue así, Higuaín tendrá que buscar revancha para hacer olvidar la clara opción que dilapidó.
La fatiga apareció. Argentina estaba ya físicamente agotada, Agüero y Palacio, ingresados en el segundo tiempo poco aportaron a su seleccionado. El juego se acercaba a la prórroga, con sólo unos minutos restantes en el tiempo reglamentario, Argentina sustituyó a Fernando Gago por Enzo Pérez. Otro jugador que fue gran decepción fue Gago, su función en el terreno de juego siempre fue la misma: aparecer como opción de pase, entregar de buena manera el balón a los delanteros, y cuando no se tenga la pelota ayudar en marca a Mascherano. Pero nada de eso hizo Fernando Gago, jugó mal siempre, su nivel no estuvo ni cerca al de su compañero Mascherano ni mucho menos cerca al de grandes jugadores argentinos que jugaron en su posición otros mundiales, como Simeone, Fernando Redondo (el mejor cinco que vi en mi vida) y Juan Sebastián Verón.
 Por el contrario los cambios en Alemania si respondieron a las expectativas, ya habían ingresado de buena manera Schurrle, luego el hombre record, Miroslav Klose se despidió entre aplausos de todo el público por Mario Gotze.  Klose se convirtió en el máximo goleador en las Copas del Mundo y a sus 36 años seguramente ha jugado su último Mundial.
Ya en tiempo extra llegó el gol de la victoria, en el minuto 113, el alemán Gotze anotó un hermoso gol a pase de una excelente jugada individual de Schurrle. Con un hermoso toque de pecho Mario Gotze recibió el balón, luego golpeó la esférica y la situó en el fondo de la red. Alemania se regocijó. Se podía oír a los brasileños alegres afuera del Maracaná.
Ya era tarde para reaccionar Argentina sería vencida por tercera vez consecutiva en la Copa Mundial a manos de Alemania.
El pitazo final llegó. Gotze fue rodeado por sus compañeros de equipo. Alemania, gana su primer trofeo internacional en más de 15 años (El último había sido en la Euro Inglaterra 1996) y su primer trofeo de la Copa Mundial desde 1990. 


16/2/14

Argentina V Polonia. 1978. De Kempes a Suárez pasando por Maradona

Las manos más famosas de los mundiales. Mario Kempes (1978) Diego Maradona (1986) Luis Suárez (2010)



"Él es un hombre que ha sentido y proporcionado mucho placer, pero al mismo tiempo es un hombre atrapado por la maquinaria del éxito, atrapado por las reglas del juego de una industria del espectáculo que obliga a ganar o ganar, y que prohíbe perder. Entonces, él padece en carne propia los valores del mundo actual, en el que el único pecado que no tiene redención es el fracaso.
Trabajó de Dios en los estadios  y ahora no puede resignarse a ocupar un lugar anónimo en la tribuna o a jugar por el puro placer lúdico en un campito cualquiera. 
Él se convirtió en un Dios sucio, el más humano de los dioses, pero los dioses, por muy humanos que sean,  no se jubilan"
Eduardo Galeano.



Por: Edwin Medina S.

Rosario, Provincia de Santa Fe. Copa del Mundo. 13 de junio de 1978. Argentina es superada en fútbol  por su rival, el cual estaba siendo liderada por Grzegorz Lato, el segundo polaco más famoso de la historia después de Rosa Luxemburgo.
Las opciones de gol más claras del partido son para la selección de Polonia. El gol era cuestión de tiempo para los camisas rojas.
Uno de los más temibles delanteros de fútbol de la época de los 70 y 80 Andrzej Szarmach ídolo del equipo francés Auxerre, se escapa por territorio oriental, entrándose en el área celeste es derribado por el defensor  Galván.  El polaco Kazimierz Deyna se dispone a cobrar el tiro libre. Sin tomar mucho impulso, con gran maestría y con excelente colocación, al mejor estilo de Maradona y su gol imposible frente a la Juventus. Deyna pone el balón al segundo palo, allí es cabeceado por Maculewicz, ya el arquero argentino Fillol estaba vencido, entonces llegó una de las jugadas más recordadas de la historia de los mundiales.
 Mario Alberto Kempes, estrella y goleador del equipo argentino, estiró su brazo derecho, atrás de él únicamente estaba la red esperando a ser besada por el balón, pero Kempes lo evitó, atajó el balón y corrió con la suerte de no ser expulsado, ya que en aquel tiempo no existía la regla aquella del Último recurso y ni siquiera fue amonestado.  Los polacos merecían ir adelante en el marcador y así lo sabía Deyna, el cual se paró frente al balón para anotar, pero Fillol logró detener el disparó para continuar con el partido igualado a ceros. Los polacos se vinieron abajo anímicamente. Pero la proeza de Mario no terminaría allí, Kempes anotaría dos magníficos goles en el partido para darle la victoria a la celeste. Los polacos no entendían su mala suerte. Se fueron derrotados del encuentro siendo más que su rival. Días después Kempes se coronaría goleador del Mundial y Argentina sería campeona del mundo.
  ¿Qué hubiese pasado si Kempes no evita aquel gol con la mano cuando el partido estaba igualado?

32 años después. 2 de julio de 2010. Sudáfrica. Copa del Mundo. Cuartos de Final. Uruguay y Ghana buscan el pase a semifinales.  Al minuto 45 una de las figuras del equipo africano Sulley Muntari saca un zurdazo imposible de atajar para el portero uruguayo Muslera y anota el primer gol del encuentro. Diez minutos después el capitán celeste Diego Forlán anota una joya de gol y empata la batalla. Así culminaría el  choque en los 90 minutos. Ya en el tiempo extra, los africanos tienen las mejores opciones de gol. En el último suspiro del encuentro en el minuto 120, Ghana tiene un tiro libre a favor, el balón es lanzado al área uruguaya, pasa de todo, nadie logra controlar el esférico, Muslera ya está vencido, el delantero Dominic Adiyiah logra cabecear el balón y Luis Suárez no tiene otra opción que estirar su brazo derecho y evitar el gol con la mano. El juez del encuentro expulsa a Suaréz  por último recurso y por supuesto otorga penal para los Ghaneses. El encargado de cobrar es Asamoah Gyan, éste, patea con mucha furia y el balón sale desviado, lejos del arco. 
Gyan llora, Suaréz celebra. Su viveza le da vida a Uruguay. 
Luego llegarían los lanzamientos desde los doce pasos para definir al ganador. Allí los suramericanos logran imponerse por 4 a 2 frente a unos Ghaneses que no asimilaron el penal errado en el último suspiro. 
Con el espíritu de Obdulio la celeste logra meterse después de 40 años nuevamente a una semifinal de un Mundial de fútbol.

1986. 22 de junio. Estadio Azteca. México. Copa mundo. Cuartos de Final. Argentina enfrenta a Inglaterra. Al minuto 52 del encuentro Diego Maradona anota el gol más polémico de la historia de los mundiales. El Pelusa toma el balón en el medio campo, éste, parecía atado a su botín izquierdo, dejando rivales desparramados con su slalom veloz Diego se la toca a Valdano y el balón vuelve hacía él. Peter Shilton sale estrepitosamente a tomar el esférico pero Maradona muy vivazmente eleva al cielo su puño izquierdo y logra anotar.
 Aquella imagen se tatúo en mi mente al igual que muchas otras, como  la de Jhonny Rotten cantando “God Save the Queen” mientras navegaba en el Támesis el mismo día que se celebraba el desfile local en honor a la Reina. O el puño en alto de Nadezhda Tolokónnikova vestida con una camisa azul con el lema de “No Pasarán” justo antes que la condenaran a prisión. Y el precioso discurso final de Charles Chaplin en su primera película sonora, su obra maestra “El gran dictador”. Entre otras más.
Luego de aquel polémico gol. Llegaría El gol del Siglo y después la obtención de la Copa del Mundo 1986.
 Un deporte en el que se prohíbe jugar con las manos tiene muchas historias sublimes que contar, gracias a esos rebeldes que se negaron a seguir las aburridas y controladoras reglas para convertirse por un momento en dioses sucios del terreno de juego.