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26/3/17

Argentina vs Chile |2017| El maestro de Hiroshima

Edgardo Bauza, actual DT Selección Argentina

Pangloss enseñaba de manera brillante que no hay efecto sin causa y que el castillo del barón era el más majestuoso de todos los castillos, y la señora baronesa, la mejor de todas las baronesas posibles de este mundo, el mejor de todos los mundos posibles”

Voltaire (1694-1778); de “Cándido o el optimismo” (1759), capítulo 1: Cándido es educado en un hermoso castillo, pero es expulsado de él.

Por: Hugo Asch

Perón se la robó a Aristóteles e hizo suya la frase: “La única verdad es la realidad”. Foucault, por el contrario, creía que es el poder el que impone la verdad. Para Nietzsche no existen los hechos, sólo las interpretaciones. Ya en el siglo XXI, la era de la comunicación, el reino de los trolls, miles de babeantes reemplazan las puertas de los baños públicos por las redes sociales y escriben cualquier cosa, sea cierta o no, siempre y cuando los reafirme en sus obsesiones, sus odios.
Son tiempos de la posverdad. Es decir, “cualquier cosa que aparente ser verdad, no importa si lo es o no”. La información se viraliza y ya. Nada convencerá a quienes decidieron creerla. Hoy, mostrándose seguros de lo que nunca existió ni existirá, se ganan elecciones.
A Abraham Lincoln se le adjudica una frase de enorme lucidez: “Se puede engañar a todos algún tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo; lo que no se puede es engañar a todos todo el tiempo”. Gran verdad. Sobre todo en países como el nuestro, acostumbrado, a los golpes, a desconfiar de cualquier versión oficial.
Edgardo Bauza es un técnico capaz, pragmático, algo conservador en sus formas, dos veces ganador de la Copa Libertadores con equipos que no la tenían en sus vitrinas: Liga de Quito y San Lorenzo. Alto, rostro diseñado a machetazos, mirada intensa, voz grave: todo un personaje de novela negra. Me alegré cuando lo eligieron para dirigir la Selección, pese a que el sistema de evaluación de la Comisión Nosecuentodora parecía guionado por un loco.

Recién asumido, en el programa La Usina Niembro, lo noté incómodo, obligado a un discurso opuesto a su propia imagen. Un tipo respetuoso, medido, de bajo perfil. Esa noche lo dijo por primera vez: “Vamos a Rusia para traernos la Copa”. La Usina, chocha.

Pero el equipo nunca apareció. Messi jugó maniatado por sistemas que lo condenaban a la heroica, y la seguidilla de malos resultados convirtió el partido con Chile en un desafío a todo o nada, potenciado por el recuerdo perturbador de las dos copas América perdidas por penales. Ver a la Selección en la zona de repechaje provocó una herida narcisista en la masa futbolera nativa. Negadores de manual, se resisten a aceptar esta crisis abismal.
El equipo de Bauza jugó espantosamente. Partido en dos, sin norte ni paz. El balance fue descorazonador. Mercado, la estrella improbable, fue el más aplaudido cuando salió por lesión. Más problemas para una defensa que bailaba tap en la cornisa junto al doble pivote. Arriba, los que ayer nomás nos envidiaba el mundo: Los Cuatro Fantásticos. Pero no hubo fiesta. Se ganó con un penal de ficción y el rancho cascoteado.
Equilibrio. Era lo primero que se destacaba cuando Bauza era analizado técnicamente. ¿Cómo se entiende, entonces, este planteo con dos bloques aislados, sin conexión? ¿No quiere, no sabe o no puede? ¿Volverá a ser él, ya clasificado? ¿Citará a Icardi? Tal vez no lo dejen. ¿Quién? ¿Quiénes? Ah, esos niños ricos con tristeza…
“¿Cómo jugamos? ¡Diez puntos! Ganamos. Hicimos un partido brillante”, dijo Bauza sin que se le moviera un músculo de su rostro pétreo. ¡¿Qué?! ¿Fue chiste? ¿Una fina ironía dedicada a los críticos que lo destrozan? ¿Otro que cayó en la educación pública? ¿La posverdad lo ha enloquecido? Ay.
Di María bajó tanto su nivel que nadie se sorprendería si es reemplazado; Agüero está perdido: tenía que jugar atrás de Higuaín pero fue de 9, cosa que no funcionaran ni uno ni otro. Higuaín, a quien no le perdonan los goles perdidos en las finales, baña lombrices en el área y extraña a Dybala, su socio de la Juve. ¿Messi? Es un caso aparte, por cierto.
Ya nadie se fija si canta o no el Himno. Ahora, para justificar su cinta de capitán, el-único-que-nos-puede-salvar es celebrado cuando insulta a un rival o a un asistente, enojado, de pésimo humor. No lo culpo: jugar en un equipo tan caótico es como tener a Hendrix y hacerlo tocar con Agapornis. ¡Peccato mortale!
Ahora toca Bolivia, sin nada que perder, en la altura de La Paz. No será un picnic. Recuerdo al Maradona técnico que, en 2009, decoró el vestuario con carteles de autoayuda: “A la altura hay que enfrentarla, gambetearla y golearla”. Se comió seis.
Hoy atiende su nuevo quiosco millonario en China, pero siempre se hace un tiempito para los enemigos: “Si el traidor de Tinelli sigue en su cargo, yo renuncio a la FIFA, ya se lo avisé a Infantino”. Oh no, ¡qué angustia, pobre Gianni…! Por ahora, Tinelli sigue como director de Selecciones y para colmo su novia, la amada-odiada-amada Rocío Oliva, aceptó la oferta del traidor para bailar en su show. Chau. Más alimento para su interminable lista negra.
Si hay superpoblación de traidores en el mundo maradoniano, lo mismo pasa en la política, el reino de las promesas vanas. Un reino tan frágil como para que una nonagenaria, entre sonrisas, cubiertos de plata y copas de cristal, lo sacuda sin piedad. Durante dos horas, Mirtha Legrand fue la Rosa Luxemburgo de Barrio Parque, atormentando a Macri & señora. ¡Wow! Más a la derecha, la pared.
Esa misma semana, el presidente utilizó las redes sociales para mostrarles a los docentes en conflicto la foto de un maestro de Hiroshima dando clase a cielo abierto, rodeado de destrucción y muerte, la obscena crueldad del enemigo.
En fin. Antes de usarla como ejemplo de algo, no estaría mal observar todo el cuadro. Todo, digo. La historia completa con sus consecuencias, y no otra dosis de maldita posverdad

Holanda vs Argentina |1974| Cruyff, el más grande

Johan Cruyff


Por: Hugo Asch

El 24 de marzo, en Barcelona moría, un mes antes de cumplir los 69, un hombre que hizo historia a fuerza de talento, rebeldía y audacia. Que irrumpió en el mundo del fútbol y rompió con todos los moldes en los tiempos del no de Alí a Vietnam, el Mayo Francés y “la imaginación al poder”, Malcolm X, el avión negro de Perón, la minifalda y el Sgt. Pepper’s de Los Beatles.
Si Nietzsche mató a Dios, Hegel a la historia, Barthes al autor y Foucault al hombre, podemos afirmar que Hendrik Johannes Cruyff llegó al mundo para sepultar al abominable catenaccio que se imponía en aquellos años 60. Un sistema eficaz pero mezquino, de vuelo bajo. Algo así como la negación de la belleza.
Johan Cruyff provocó una revolución que nació en un país sin tradición futbolera y en el Ajax, un club sin huella en el continente que, con él, ganó tres Copas Europa consecutivas: 1971, 1972 y 1973. Elegante, fibroso, sólido pese a su aparente fragilidad, su metro ochenta se deslizaba por el césped mientras su mente leía el futuro.
Maestro del engaño, encaraba y salía como un rayo hacia el lado menos pensado. Imposible de rastrear, era un 9 que aparecía cuando era demasiado tarde para lágrimas. Parecía más veloz gracias a su increíble freno. Picaba, hacía la estatua y volvía a despegar, enloqueciendo rivales. Era hábil, le pegaba con precisión de billarista, era frío en el área, ganaba de arriba y, si era necesario, volaba para intentar la pirueta imposible. Era, al mismo tiempo, solista y director de orquesta. El equipo giraba a su alrededor con un sistema de apariencia caótica sólo para el no iniciado. Un fútbol total. Así fue bautizado.
El Mariscal Perfumo lo sufrió antes y durante el Mundial de Alemania de 1974, donde la Holanda de Rinus Michel dio cátedra con Johan y sus socios: Neeskens, Rep, Resenbrink, Van Hanegem. Cruyff se quedó sin copa como el Ciudadano Kane de Wells sin Oscar, o Borges sin Nobel. Detalles menores. Su Naranja Mecánica perdió la final con la Alemania de Beckenbauer, Maier y Müller pero ganó su lugar en la historia, desmintiendo el simplismo de quienes condenan al olvido a los segundos.
Mientras Pelé se apagaba en el Cosmos neoyorkino y Maradona hacía jueguito en el entretiempo de los partidos que jugaba Argentinos en su cancha, Cruyff fue el más grande. En el Ajax, en el Barcelona –donde llegó ya maduro– y hasta en el Feyenoord, el clásico rival de su club, donde se encaprichó en jugar luego de una pelea con los dirigentes. Allí ganó Copa y Liga y entonces sí, dijo adiós, a los 37 años.
Reconciliarse con el Ajax y dirigirlo fue la continuación de la idea por otros medios. Que alcanzó su clímax con el Dream Team que armó en el Barça. Cuatro Ligas al hilo –desde 1991 a 1994– y la primera Copa de Europa. Aquel equipo jugaba con dos puntas que partían desde las bandas –Stoichkov y el zurdo Begiristain– y volantes que triangulaban para sorprender por el medio: Guardiola, Bakero, Amor, Laudrup o el líbero Koeman. El 9 sin sombra jugaba sin 9 fijo. Genio y figura. Antes muerto que sencillo.
Solo el cigarrillo pudo quebrarlo. Un infarto lo obligó a descargar su ansiedad con chupetines. Dejó de entrenar a los 49. Veinte años después, sus pulmones le pasaron factura.
La Masía, Messi, Xavi, Iniesta, Cesc, los equipos de Rijkaard, Pep, Tito Vilanova y Luis Enrique son su legado. Cada vez que nos deslumbre esa danza con balón que parece coreografiada por Pina Bausch, allí estará Johan Cruyff.
“El fútbol se juega con el cerebro: hay que estar en el lugar adecuado en el momento justo, ni demasiado pronto ni demasiado tarde”, dijo quién supo brillar haciendo lo que sabía, donde debía.
No es el caso de algunos compatriotas, por desgracia.

21/7/16

Brasil Vs Uruguay. 1950. El reposo del centrojás

Obdulio Varela


Tomado del libro:Memorias del Míster Peregrino Fernández y otros relatos de fútbol.
Escrito por: Osvaldo Soriano.


Mire usted lo que son las cosas. Nosotros habíamos empatado con España dos a dos con un gol que yo hice sobre la hora, esos goles que salen de suerte; el segundo partido le habíamos ganado a Suecia tres a dos, ahí no más. Los brasileños venían matando. Le habían marcado seis goles a los suecos y otra media docena a los españoles. Cuando fuimos a la final nadie dudaba de que ellos nos aplastarían. Tenían un cuadro bárbaro, eran locales y el mundo entero esperaba que ganaran el Mundial. Nosotros jugábamos, puede decirse, contra todo el mundo.

Eso, creo, debía darnos tranquilidad. Nuestra responsabilidad era menor. Recuerdo que un dirigente uruguayo lo llamó a Óscar Omar Míguez, el centroforward del equipo, poco antes de salir a la cancha, y le dijo que estuviéramos tranquilos, que los dirigentes se conformaban si perdíamos nada más que por cuatro goles. Dijo que con llegar a la final ya debíamos estar satisfechos y que se trataba ahora de evitar el papelón, de no tragarse una goleada muy grande.
Yo lo escuché y eso me indignó. Le dije: “Si entramos vencidos mejor no juguemos. Estoy seguro de que vamos a ganar este partido. Y si no lo ganamos, tampoco vamos a perder por cuatro goles”.
Yo tenía 33 años y muchos internacionales encima. Estaban listos si creían que nos iban a pasar por arriba así nomás. Los otros muchachos del equipo eran jóvenes, sin mucha experiencia, pero jugaban bien al fútbol. Además, poco antes habíamos jugado contra los brasileños la copa Río Branco y les habíamos ganado 4 a 3 el primer partido; después perdimos dos veces por uno a cero, pero nos habíamos dado cuenta de que se les podía ganar. Ellos tienen mucho miedo de jugar contra los uruguayos o contra los argentinos.
Antes de salir a la cancha, el director técnico Juan López me dijo, como siempre, que yo debía dirigir, ordenar el equipo dentro de la cancha. Entonces, cuando íbamos para el túnel, les dije a los muchachos: “Salgan tranquilos. No miren para arriba. Nunca miren a la tribuna; el partido se juega abajo”.

Era un infierno. Cuando salimos a la cancha eran más de cien mil personas silbando. Entonces nos fuimos hacia el mástil donde se iban a izar las banderas. Cuando salió Brasil lo ovacionaron, claro, pero después mientras tocaban los himnos, la gente aplaudía. Entonces les dije a los muchachos: “Vieron cómo nos aplauden. En el fondo esta gente nos quiere mucho”.

Al juez no le di la mano. Nunca le di la mano a ningún árbitro. Lo saludaba, sí, lo trataba con respeto, pero la mano nunca. No hay que hacerse el simpático. Después la gente dice que uno va a chupar las medias del que manda en el partido.
En el primer tiempo dominamos en buena parte nosotros, pero después nos quedamos. Faltaba experiencia en muchos de los muchachos. Nos perdimos tres goles hechos, de esos que no puede errarlos nadie. Ellos también tuvieron algunas oportunidades, pero yo me di cuenta de que la cosa no era tan brava. El asunto era no dejarlos tomar el ritmo demoledor que tenían. Si fracasábamos en eso, íbamos a tener delante una máquina y entonces sí que estábamos listos. El primer tiempo terminó cero a cero.
En el segundo tiempo salieron con todo. Ya era el equipo que goleaba sin perdón. Empecé a marcar de cerca, a apretarlos para tratar de jugar de contragolpe. Creo que fue a los seis minutos que nos metieron el gol. Parecía el principio del fin.

La voy a contar algo que la gente no sabe. Todos vieron que yo agarraba la pelota y me iba para el medio de la cancha despacio, para enfriar. Lo que no saben es que yo iba a pedir un off-side, porque el linesman había levantado la bandera y después la había bajado antes de que ellos hicieran el gol. Yo sabía que el referí no iba a atender el reclamo, pero era una oportunidad para parar el partido y había que aprovecharla. Me fui despacito y por primera vez miré para arriba, al enjambre de gente que festejaba el gol. Los miré con bronca, lleno de bronca y los provoqué. Tardé mucho en llegar al medio de la cancha. Cuando llegué, ya se habían callado. Querían ver funcionar a su máquina de hacer goles y yo no la dejaba arrancar de nuevo. Entonces, en vez de poner la pelota en el medio para moverla, lo llamé al referí y pedí un traductor. Mientras vino, le dije que había off-side y qué sé yo, había pasado por lo menos otro minuto. ¡Las cosas que me decían los brasileños! Estaban furiosos. La tribuna chiflaba, un jugador me vino a escupir, pero yo, nada. Serio no más.

Cuando empezamos a jugar de nuevo, ellos estaban ciegos, no veían ni su arco de furiosos que estaban; entonces todos nos dimos cuenta de que podíamos ganar el partido.
¿Cómo conseguimos eso? Es que el jugador tiene que ser como el artista: dominar el escenario. O como el torero, dominar el ruedo y al público, porque si no, el toro se le viene encima. Uno sabe que en una cancha extraña no le van a aplaudir, por más que haga buenas jugadas. Entonces tiene que imponerse de otra manera, dominar al adversario, al público y a sus mismos compañeros. Claro, yo había jugado un millón de partidos en todas partes, en canchas sin tejido, sin alambrado, a merced del público, y siempre había salido sanito. ¡Cómo me iban a achicar ese día en el Maracaná, que tenía todas las seguridades! Ahí yo tenía que dominar, porque tenía todas las facilidades y sabía que nadie podía tocarme.

Cuando hicimos el segundo gol, que lo hizo Gigghia (el primero lo convirtió Schiaffino), no lo podíamos creer. ¡Campeones del mundo, nosotros, que veníamos jugando tan mal! Al terminar el partido, estábamos como locos. En Brasil había duelo. Los cajones de cañitas flotaban en el mar. Era una desolación.
Esa noche fui con mi masajista a recorrer unos bares para tomar unas chopps y caímos en lo de un amigo. No teníamos un solo cruzeiro y pedimos fiado. Nos fuimos a un rincón a tomar las copas y desde allí mirábamos a la gente. Estaban llorando todos. Parecía mentira: todo el mundo tenía lágrimas en los ojos. De pronto veo entrar a un grandote que parecía desconsolado. Lloraba como un chico y decía: “Obdulio nos ganó el partido” y lloraba más. Yo lo miraba y me daba lástima. Ellos habían preparado el carnaval más grande del mundo para esa noche y se lo habíamos arruinado. Según ese tipo, yo se lo había arruinado. Me sentía mal. Me di cuenta de que estaba tan amargado como él. Hubiera sido lindo ver ese carnaval, ver cómo la gente disfrutaba con una cosa tan simple. Nosotros habíamos arruinado todo y no habíamos ganado nada. Teníamos un título, pero ¿qué era eso ante tanta tristeza? Pensé en el Uruguay. Allí la gente estaría feliz. Pero yo estaba ahí, en Río de Janeiro, en medio de tantas personas infelices. Me acordé de mi saña cuando nos hicieron el gol, de mi bronca, que ahora no era mía pero también me dolía.

El dueño del bar se acercó a nosotros con el grandote que lloraba. Le dijo: “¿Sabe quién es ése? Es Obdulio”. Yo pensé que el tipo me iba a matar. Pero me miró, me dio un abrazo y siguió llorando. Al rato me dijo: “Obdulio ¿se vendría a tomar unas copas con nosotros? Queremos olvidar ¿sabe?” ¡Cómo iba a decirle que no! Estuvimos toda la noche chupando en los bares. Yo pensé: “Si tengo que morir esta noche, que sea”. Pero acá estoy.
Si ahora tuviera que jugar otra vez esa final, me hago un gol en contra, sí señor. No, no se asombre. Lo único que conseguimos al ganar ese título fue darle lustre a los dirigentes de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Ellos se hicieron entregar medallas de oro y a los jugadores les dieron unas de plata. ¿Usted cree que alguna vez se acordaron de festejar los títulos de 1924, 1928, 1930 y 1950? Nunca. Los jugadores que intervinimos en aquellos campeonatos nos reunimos ahora por nuestra cuenta todos los años el 18 de julio, que es la fecha patria. Lo festejamos por nuestra cuenta. No queremos ni acordarnos de los dirigentes.

Yo empecé a jugar al fútbol en serio por una casualidad. Éramos doce hermanos, hijos de un vendedor de factura de cerdo. Siempre fuimos muy pobres. Yo fui a la escuela tres años y tuve que largar para ir a vender diarios, primero, y después a lustrar zapatos. Como lustrador sacaba seis pesos por mes en el año 32. Un día me invitaron a jugar un partido de barrio. Allá encontré a mi hermano que jugaba en el otro equipo. Al fin, cuando me estaba cambiando para salir a jugar, apareció el titular del equipo, que era el tanque Amato, y no me pusieron. Entonces vino mi hermano y me dijo que si quería entrar para ellos. Como yo había ido a jugar al fútbol, acepté. Ganamos y me quedé en el equipo.

Los muchachos me consiguieron un trabajo de albañil y yo me puse muy contento. Empecé a jugar en un club que intervenía en el campeonato de intermedia, que venía a ser como la primera B de ascenso ahora. Parece que andaba bien, porque un día me avisaron que me habían vendido al Wanderers por 200 pesos.
Sin preguntarme nada, me vendieron como una bolsa de papas. Cuando me enteré fui a ver a los dirigentes del Wanderers y le pregunté: “¿Quién va a defender al club, el Deportivo Juventud o yo?” Conseguí que me dieran los 200 pesos. Ese día me compré de todo con esa plata. Cuando aparecí en casa mi madre no quería creer que me habían dado toda esa plata. Ella creía que yo andaba en malos pasos.
Es que cuando uno se cría en la calle, tiene dos caminos: aprende a defenderse con dignidad, como hice yo porque tuve la oportunidad, o se larga a cualquier cosa, como les pasa a otros que no tienen una chance.
A mí me fue tan bien que, cuando subimos, no bajamos nunca más. Debuté en el Wanderers contra River Plate y perdimos, pero después le ganamos a Bella Vista. Por fin, en el estadio centenario jugamos contra Peñarol. Yo tenía enfrente nada menos que a Sebastián Guzmán, el maestro. Ellos tenían un cuadrazo, pero les ganamos 2 a 1. No me lo olvido jamás. Estuve cuatro años en el Wanderers y en 1943 pasé a Peñarol por 16 mil pesos, una cifra récord para el pase de un jugador. Me quedé para siempre en Peñarol hasta 1955 que largué el fútbol.

Ahora estoy muy arrepentido de haber jugado. Si tuviera que hacer mi vida de nuevo, ni miro una cancha. No, el fútbol está lleno de miseria. Dirigentes, algunos jugadores, periodistas, todos están metidos en el negocio sin importarles para nada la dignidad del hombre. Yo siempre me lo tomé de la mejor manera. Cuando vinieron a sobornarme, no me enojé ni los saqué a patadas ni los denuncié. Les dije que no, que buscaran a otro con menos orgullo que yo. Yo siempre me guié por la filosofía simple que aprendí en la calle, allí se aprende todo; hay que vivir, cueste lo que cueste, vivir, y a cambio de eso hay que dejar vivir.


Muchas cosas me dolieron. Los periodistas se metieron en mi vida privada, me atacaron mucho durante la huelga de jugadores porque ellos le hacían el juego a los clubes. Yo decidí vivir mi vida y rompí con ellos. Desde entonces me encapriché y me negué a salir en las fotos que tomaban al equipo en la cancha. Cuando mis compañeros me pedían que saliera, me ponía de costado y miraba para otro lado. Una vez los cronistas hicieron un planteo a Peñarol y el club me llamó para convencerme de que tenía que ser amable y salir en las fotos. Entonces les pregunté: “¿Para qué me contrataron: para sacarme fotos o para jugar al fútbol?” Ahí se terminó el incidente. No quise saber más nada con dirigentes ni con periodistas que escriben lo que quieren los que mandan. Yo sé que hay que ganarse la vida pero no hay motivo para ensuciar a los demás. Por eso yo no volvería a acercarme a una cancha aunque me ofrecieran millones. A mí me castigaron mucho y no lo aguanto. Por eso le dije que si ahora tuviera que jugar una final, me hago un gol en contra. No vale la pena poner la vida en una causa que está sucia, contaminada. El que se sienta capaz, que lo haga. Algún día tendrá que rendir cuentas: entonces sabremos quién es quién y si valía la pena ensuciarse.

20/3/16

Italia Vs Rep. Checa. 1990. El Slalom de Baggio




-“Cada día, leyendo los diarios, asisto a una clase de historia. Los diarios me enseñan por lo que dicen y por lo que callan. La historia es una paradoja andante. La contradicción le mueve las piernas. Quizá por eso sus silencios dicen más que sus palabras y con frecuencia sus palabras revelan, mintiendo, la verdad.
Hay en el mundo tantos hambrientos como gordos. Los hambrientos comen basura en los basurales; los gordos comen basura en McDonald’s.
Según los evangelios, Cristo nació cuando Herodes era rey. Como Herodes murió cuatro años antes de la era cristiana, Cristo nació por lo menos cuatro años antes de Cristo.
Cuando fueron desalojados del Paraíso, Adán y Eva se mudaron al África, no a París.
Algún tiempo después, cuando ya sus hijos se habían lanzado a los caminos del mundo, se inventó la escritura. En Irak, no en Texas.
En 1493, el Vaticano regaló América a España y obsequió el África a Portugal, “para que las naciones bárbaras sean reducidas a la fe católica”. Por entonces, América tenía 15 veces más habitantes que España y el África 100 veces más que Portugal.
Tal como había mandado el Papa, las naciones bárbaras fueron reducidas. Y muy.
El monumento más alto de la Argentina se ha erigido en homenaje al general Roca, que en el siglo XIX exterminó a los indios de la Patagonia.
La avenida más larga del Uruguay lleva el nombre del general Rivera, que en el siglo XIX exterminó a los últimos indios charrúas.
John Locke, el filósofo de la libertad, era accionista de la Royal Africa Company, que compraba y vendía esclavos.
La Revolución Francesa proclamó en 1793 la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Entonces, la militante revolucionaria Olympia de Gouges propuso la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. La guillotina le cortó la cabeza.
La emperatriz cristiana Teodora nunca dijo ser revolucionaria, ni cosa por el estilo. Pero hace mil 500 años el imperio bizantino fue, gracias a ella, el primer lugar del mundo donde el aborto y el divorcio fueron derechos de las mujeres.
En 1936, el Comité Olímpico Internacional no toleraba insolencias. En las Olimpiadas de 1936, organizadas por Hitler, la selección de futbol de Perú derrotó 4 a 2 a la selección de Austria, el país natal del Führer. El Comité Olímpico anuló el partido.
El Aleijadinho, el hombre más feo del Brasil, creó las más hermosas esculturas de la era colonial americana.
El libro de viajes de Marco Polo, aventura de la libertad, fue escrito en la cárcel de Génova.
Don Quijote de La Mancha, otra aventura de la libertad, nació en la cárcel de Sevilla.
Fueron nietos de esclavos los negros que generaron el jazz, la más libre de las músicas.
Uno de los mejores guitarristas de jazz, el gitano Django Reinhardt, tenía no más que dos dedos en su mano izquierda.
No tenía manos Grimod de la Reynière, el gran maestro de la cocina francesa. Con garfios escribía, cocinaba y comía.
La mitad de los brasileños es pobre o muy pobre, pero el país de Lula es el segundo mercado mundial de las lapiceras Montblanc y el noveno comprador de autos Ferrari, y las tiendas Armani de San Pablo venden más que las de Nueva York.
Carlomagno, creador de la primera gran biblioteca de Europa, era analfabeto.
Joshua Slocum, el primer hombre que dio la vuelta al mundo navegando en solitario, no sabía nadar.
Contra lo que se cree, Alí Babá no era el jefe de los cuarenta ladrones, sino su enemigo; y Frankenstein no era el monstruo, sino su involuntario inventor.
La cruz esvástica, que los nazis identificaron con la guerra y la muerte, había sido un símbolo de la vida en la Mesopotamia, la India y América.
En 1965, el Che Guevara escribió la última carta a sus padres.
Para decirles adiós, no citó a Marx. Escribió: “Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante. Vuelvo al camino con mi adarga al brazo”.
Garrincha, arruinado desde la infancia por la miseria y la poliomelitis, nacido para la desdicha, fue el jugador que más alegría ofreció en toda la historia del fútbol.
Y saltando la cordillera, me pregunto: ¿por qué será que el Che Guevara, el argentino más famoso de todos los tiempos, el más universal de los latinoamericanos, tiene la costumbre de seguir naciendo? Paradójicamente, cuanto más lo manipulan, cuanto más lo traicionan, más nace. Él es el más nacedor de todos.
Y me pregunto: ¿No será porque él decía lo que pensaba, y hacía lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en este mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?"

Fragmento tomado de “La Paradoja Andante” de Eduardo Galeano.


Por: Edwin Medina.

Soy un convencido de que el paso del tiempo cura las heridas y los malos ratos, pero al parecer en el caso de Roberto Baggio, ni el tiempo, ni el pasado, tendrán piedad de él.
El fútbol es la representación de la vida misma, por ende, éste también está lleno de paradojas.
Si le preguntas a cualquier persona por Roberto Baggio, seguramente te dirá que fue aquel que falló el último lanzamiento en la ronda de penales en la final de la Copa del Mundo USA 94.
Ese error acompañará a Baggio por toda la eternidad. La memoria colectiva de los aficionados del balompié no olvidará aquella imagen de Baggio carisbajo rodeado de camisetas amarillas festejando mientras el peso del error caía sobre él. Aquel día la alegría fue sólo brasilera, y la grada "azurra" se olvidó de los triunfos que anteriormente Baggio les había regalado.
"Il Divino" le solían decir, vaya sobrenombre para un futbolista. Fue cuatro años atrás de su fatídico error que Baggio apareció en todo su esplendor, fue en el Mundial de fútbol Italia 90, cuando el mundo comenzó a disfrutar de su elegante andar sobre el césped.
 Il Divino comenzó aquel mundial de suplente, pero gracias a su maestría con la pelota, se ganó un puesto en el once titular y logró con Italia el tercer puesto, superados solamente por la Argentina de Diego Maradona y la Alemania campeona.
Baggio siempre fue un derroche de talento y lo demostró al marcar el gol más hermoso de aquel mundial. Baggio tomó el balón en el medio campo, levantó la mirada, comenzó su escalada hacia territorio enemigo, la pelota parecía un ojal más de su botín, parecía atada a su pie, un rival tras otro quedaba vencido, era imposible pararle, no lograron detenerle. Baggio marcó el mejor gol de aquel mundial finalizado con ese veloz slalom; pero paradojicamente no se le recuerda por ese sublime gol ni por su Balón de Oro ganado en 1993, ni por sus Scudettos  con la Juventus y el Milán, ni por ser considerado uno de los mejores jugadores del siglo XX, sólo se le rememora por fallar ese fatídico penal aquel verano del 94.
Paradojas andantes, que también se dan en el fútbol.

27/7/14

Argentina Vs Alemania. 2014. Schurrle gambeteó, Gotze vacunó

Mario Gotze y sus compañeros celebrando el gol del triunfo.

"El fútbol es la continuación de la guerra por otros medios".
George Orwell.


Por: Edwin Medina.


Israel preparaba una nueva ofensiva bélica contra Palestina. Pulp Fiction (Tiempos violentos en Latinoamérica) la primera gran pieza cinematográfica de Quentin Tarantino cumplía 20 años de su presentación en el Festival de Cannes; También cumplía 20 años la primera aparición pública del Subcomandante Marcos en Chiapas. En el país más amnésico de América Latina se reelegía como presidente al otrora Ministro de Defensa Juan Manuel Santos, salpicado en aquel entonces por el escándalo de los Falsos Positivos. Se cumplían también 20 años del asesinato del futbolista Andrés Escobar. Bajo miles de protestas en Brasil, se disputaba a la izquierda del mundo el vigésimo mundial de fútbol Brasil 2014.

Siempre me ha gustado estar aislado de la masa, de la muchedumbre, del gentío. Lo mío es estar detrás del telón. Me agrada huir del aplauso masivo, de los flashes, del confeti. Siempre he sido gustoso de pasar lo más desapercibido posible. No quiero que se me malinterprete, no soy  un sujeto asocial, ni crean que soy como Juan Pablo Castel, protagonista de El Túnel de Ernesto Sábato, el cual no gustaba de estar en playas, bares, y todo lugar donde hubiese una pequeña reunión de seres humanos. No, no soy así, de hecho, me gusta estar con los míos, con pocos eso sí, reunirme con ellos, conversar, y entre risas y botellas pasar un rato agradable. Los partidos de fútbol que para mí son importantes, siempre me ha agradado verlos solo, en mi órbita llena de paz y tranquilidad. Pero los encuentros de Brasil 2014 por cuestiones laborales me fue imposible verlos en solitario. Me uní en contra de mi voluntad a la muchedumbre. Tuve que aguantar ese irritante cántico que dice: “Si se puede”, “Si se puede”. En la calle, vi en primera fila peleas, discusiones absurdas sobre el balompié, escuché frases estúpidas y cargadas de xenofobia, y tuve que aguantar personas que únicamente ven el fútbol como excusa para emborracharse, y poco saben de éste magno deporte. Es una lástima, este es el último gran mundial que veré, los próximos en Rusia y Qatar respectivamente, fueron vendidos a los petrodólares por parte de Blatter. Los mundiales en países no futboleros siempre han sido decepcionantes. No pude disfrutar del mundial como quería, pero aquí están algunos partidos que valen la pena a mi modo de ver resaltar.

Italia Vs Uruguay: Entre el cabezazo de Zidane y el cabezazo de Godín

Fabio Cannavaro levantó la Copa del Mundo en el mundial 2006. Después,  todo ha salido mal para la selección de Italia, eliminados por España en Cuartos de Final de la Euro 2008, luego se fueron con más pena que gloria de la Copa Confederaciones 2009, jugaron el peor mundial de la historia en Sudáfrica 2010 al ser eliminados en primera ronda y terminar últimos de su grupo ante rivales de menor envergadura como Nueva Zelanda, Eslovaquia y Paraguay, y en la Euro 2012, fueron vencidos y goleados en la final por la generación de oro española cuatro tantos contra uno.
Con este prontuario de fracasos futbolísticos post cabezazo de Zidane, llegaba a Brasil la selección Azzurra. Los dirigidos por Cesare Prandelli querían cambiar la historia reciente. Su andar en Brasil 2014 comenzó con un triunfo frente a la selección inglesa, en su segunda presentación sufrió una  dura derrota ante la sorprendente Costa Rica, esto dejaba a los italianos frente a frente contra los uruguayos en el último encuentro por un único cupo a la siguiente ronda.
Por otro lado llegaba la selección celeste. La cual debutó con derrota ante Los Ticos y empató ante Inglaterra a dos tantos.
“Los uruguayos nacimos gritando gol” decía Eduardo Galeano, frase bastante cierta, y lo es aún más cuando pensamos en su número nueve: Luis Suárez: Veloz, audaz, osado, valiente y peligroso; Fue goleador de la última temporada en el fútbol inglés, estuvo cerca de ganar la Premier League, pero no le fue posible, faltando dos fechas para el final del torneo se le escapó. El charrúa buscaba su revancha, él y toda Uruguay quería repetir la gran gesta de Obdulio Varela hace ya medio siglo también en tierra brasilera.
Era el 24 de junio. Estadio Das Dunas. Uruguay venció fiel a su estilo de garra por la mínima diferencia a Italia. El único gol de la batalla no lo anotó el goleador Luis Suárez como todos creíamos. En el minuto 81 el capitán charrúa Diego Godín con un gran salto y una soberbia embestida anotó el único gol del encuentro, fue una temporada casi perfecta para el central uruguayo campeón de la Liga Española con el Atlético Madrid también con un gol anotado por él en el Cam Nou.
Entre el cabezazo de Zidane y el cabezazo de Godín  sólo ha habido derrotas y humillaciones futbolísticas para los italianos, los cuales nunca en la historia se habían ido de dos mundiales seguidos en primera ronda. Mientras tanto los uruguayos fueron víctimas de una injusta sanción de la FIFA,  su goleador Suárez fue sancionado con 4 meses sin poder jugar ni entrenar por un mordisco al central italiano Chiellini. Luego, huérfanos de rebeldía los uruguayos sin Luis Suaréz fueron derrotados ante Colombia en los Octavos de Final.

Inglaterra Vs Uruguay: El capitán abatido

El capitán de una selección la cual tiene un escudo con tres leones en el pecho debe cumplir con varias condiciones, debe ser: valiente, gallardo, airoso, guerrero, inteligente. Dichas condiciones las tiene Steven Gerrard, el cual fue capitán de los ingleses, pero dichas habilidades no fueron expuestas por él en el césped de Brasil 2014.
Gerrard no quería estar allí, aún se le veía decaído por lo sucedido meses atrás con su querido Liverpool. Steven quería estar en casa con su amada y con sus hijos, no quería saber nada de fútbol, éste le dio un golpe bastante fuerte del cual no se repondrá él ni los seguidores del equipo de Anfield Road. Gerrard estuvo a punto de conquistar la gesta que desde hace 24 años le es esquiva al Liverpool: ser campeón del fútbol inglés. Aquella fatídica tarde el Liverpool enfrentaba al Chelsea, el cual jugó con suplentes. Steven Gerrard estaba casi en la mitad del campo, era el último hombre, detrás de él, sólo se encontraba su compañero, el portero Belga Mignolet. Entonces Gerrard recibió un pase, corrió a recepcionarlo, pero resbaló, cuando intentó ponerse en pie ya era tarde, el balón había sido tomado por el delantero del Chelsea, el cual en línea recta se fue camino al gol y anotó. Liverpool terminaría perdiendo aquel partido y también perdería la Liga Inglesa. Steven Gerrard, justo él, el alma del Liverpool, cometió el error más grande de su carrera futbolística. Después de este hecho el capitán no se pudo reponer, esto se notó bastante en el terreno de juego de Brasil 2014, el equipo de los tres leones logró tan sólo un punto de nueve posibles, fue el peor mundial de la historia para Inglaterra y fue el último mundial de su capitán Steven Gerrard.

Brasil Vs Colombia: El caos pasó por aquí

Brasil fue una desorganización, una anarquía total futbolística y socialmente antes y durante el mundial. Los jugadores brasileños siempre estuvieron tensos, el peso que le correspondía cargar a los políticos fue traspasado a los ídolos del pueblo, ellos, los futbolistas, debían con sus goles y gambetas apaciguar las huelgas y el ambiente hostil que había alrededor de los estadios. En las calles hubo más policías y fuerzas de seguridad que hinchas, la represión estuvo siempre presente. Blatter astuto como siempre se escondió, sólo apareció hasta la final para entregar los premios, la presidenta Dilma Rousseff era abucheada cada vez que aparecía en público. Por ende, los jugadores eran los únicos que el pueblo admitía a escuchar y ver.

Thiago Silva, David Luiz, Neymar, Dani Alves, ellos se convirtieron en la panacea brasilera ante la pobreza, falta de hospitales, escuelas y mejor calidad de vida. Demasiado peso para unos deportistas acostumbrados a la vida cosmopolitan, a los autos de lujo, al Dolce Gabbana, a las playas y clubes privados.
En el césped, Brasil jugó solamente bien contra Colombia, los demás partidos que disputó en el certamen fueron mediocres. Ante los cafeteros Brasil salió con una actitud avasalladora, en los primeros minutos se puso arriba en el marcador con gol de su capitán Thiago Silva. Los dirigidos por Scolari continuaron generando opciones claras de gol, el marcador debió haber sido mucho más amplío, pero el arquero colombiano David Ospina no lo permitió. Ya, en el segundo tiempo, los asistentes al estadio Mineirao fueron testigos de uno de los mejores goles del certamen, David Luiz anotó un excelso gol de tiro libre, luego, James Rodríguez descontó de penal. Así con marcador de 2-1 culminaría el encuentro. Luego, 5 días después, llegaría la peor tragedia futbolística de Brasil en toda la historia, Alemania lo vencería por 7-1.
Al final del encuentro un periodista preguntó a James Rodríguez: -¿Por qué las lágrimas?. El diez colombiano respondió – “Porque yo siento esto como un hijuemadre”.  Su respuesta me quedó retumbando en mi cabeza, nunca había escuchado a un jugador colombiano que sintiera el fútbol con tanta pasión.
Pero es normal que James sienta el fútbol con tanto fervor, él, Radamel Falcao, y Mario Yepes  desde muy jóvenes fueron al fútbol argentino, allí, muy chicos, adoptaron nociones culturales propias del balompié gaucho, la rebeldía, y el amor propio, por citar algunas. Al sur de nuestra América el fútbol es diferente a como se vive en el país colombiano. Igualmente se le enseñó a nuestros  mejores jugadores en los últimos tiempos que a los mundiales no se va a participar si no a ganar, o por lo menos a dejarlo todo en la cancha, contrario a lo que pensaba el técnico "Bolillo" Gómez, el cual previo al mundial Francia 98 cuando dirigía a la selección Colombia dijo que íbamos a “aprender”.  José Néstor Pékerman  también tuvo que ver y bastante en este resurgir mental del futbolista colombiano, sin él, hubiese sido imposible.

Holanda Vs España: La generación dorada y la zurda de Robben

La mayoría de jugadores de la Generación de Oro de la selección española eran jugadores del FC Barcelona, Piqué, Puyol, Jordi Alba, Sergio Busquets, Xavi, Iniesta, David Villa y Pedro. Ellos fueron principales participes de los títulos que consiguió el fútbol español en Europa y el mundo. Estos jugadores ganaron la Euro 2008, la Champions League 2009, la Copa Mundo Sudáfrica 2010, nuevamente la Champions League 2011, y la Euro 2012. Increíblemente ninguno de ellos ganó el Balón de Oro de FIFA. Pero el paso del tiempo y la cantidad absurda de partidos que se juega por temporada terminarían por desgastar las piernas de los habilidosos jugadores españoles.
 El debut de La Roja en Brasil 2014 sería ante un viejo conocido: Louis Van Gaal, técnico holandés, un viejo zorro que conoce el fútbol como pocos, él, conocía de antemano el estilo de juego de España. Van Gaal dirigió por mucho tiempo al FC Barcelona, cuando Xavi e Iniesta estaban dando apenas sus primeras muestras de talento.
España comenzó muy bien el partido y se puso adelante en el marcador con un penal inexistente convertido por Xavi Alonso. Después todo fue un monólogo por parte de la selección holandesa. Robben tomaba el balón y se escabullía, era imposible pararle, Piqué quedaba en ridículo y Ramos se veía lento y pesado al lado del veloz tulipán holandés. Así llegó uno y otro y otro gol para Holanda, parecía como si hubiésemos vuelto a los años 70 cuando el Ajax de Cruyff y La Naranja Mecánica de Rinus Michel maravillaban al mundo del fútbol, con su toque vertiginoso y preciso. Al final un 5-1 a favor de Holanda dejó anímicamente destruida a la selección de Vicente del Bosque. Luego Holanda llegaría a semifinales jugando un gran fútbol, como siempre, pero España no corrió con la misma suerte y se fue eliminada en primera ronda en un mundial para el olvido.


Argentina Vs Alemania: Schurrle gambeteó, Gotze vacunó

Siempre me han gustado los cánticos barristas provenientes del sur, me parecen canciones llenas de mucha creatividad, pero el tema que cantaron una y otra vez los argentinos en Brasil 2014 me pareció bastante prepotente. El tema decía así:

 “Brasil, decime que se siente, tener en casa a tu papá, te juro que aunque pasen los años, no lo vamos a olvidar, que el Diego te gambeteó que el Cani vacunó, estás llorando desde Italia hasta hoy”.

El tema hacía referencia al encuentro que disputaron en el mundial de Italia 90 por los Octavos de Final Gauchos y Cariocas. Aquel partido finalizó con triunfo para la Argentina por la mínima diferencia con gol de Caniggia a pase de Diego Maradona. Si bien, los brasileros jugaron mejor, el resultado terminó a favor de la celeste. Pero por tan sólo un partido no se puede ignorar la historia. Brasil desde 1990 ha ganado 2 copas del mundo, 2 copas Confederaciones, y 4 copas América. (Dos de ellas venció en la final a la Argentina, 2005 y 2007). Mientras que Argentina sólo ha ganado dos copas América desde aquel tiempo, la última fue en 1993 en Ecuador. Entonces, las frías e insípidas estadísticas muestran que Brasil en América no tiene papá.
Argentina llegaba al mundial con un fixture bastante accesible: Bosnia, Irán, Nigeria. Luego, en Octavos de Final vencería a Suiza y en Cuartos a Bélgica. Ningún rival era hasta entonces potencia futbolística. En semifinales, la celeste se encontró contra Van Gaal y sus muchachos, se respetaron demasiado, nadie quiso arriesgar, ante la ausencia de las estrellas principales, Robben y Messi, las figuras del encuentro terminaron siendo los actores de reparto Mascherano y el portero Sergio Romero.

“Las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en su triunfo personal” decía el poeta, novelista, escritor y periodista José Saramago. Éste último fue el máximo error de Argentina en el mundial, centrar el triunfo en una sola persona, en Lionel Messi, un deporte colectivo simplificado a un sólo hombre, en el vestuario, no existía Vox Populi. Lo que dijera Messi, se debía hacer. Si el capitán argentino quería jugar con sus amigos en la delantera así el técnico Sabella no estuviera de acuerdo, tenía que hacerlo, siempre debía doblar rodilla frente a los caprichos del diez. Por el otro lado, venía Alemania, siempre orgullosa, con el mentón bien alto. Contrario a Argentina los teutones si eran un equipo conformado sólidamente en todas sus líneas.

Era el 13 de julio, en el Maracaná se encontraban por tercera vez  Alemania y Argentina en una final de Copa Mundo. El partido no decepcionó ya que los dos oncenos eran estelares y mostraron una notable destreza defensiva y ofensiva.
Ambos equipos salieron con furia, sobretodo la Argentina. La mayoría pensaba que los nervios y la presión del momento llevarían a un juego más lento, más conservador, pero cada equipo salió agresivo. Argentina tuvo más ocasiones, en la primera etapa, su contraataque fue rápido,  impresionante, pero ineficaz.  Messi jugaba bien, pero el mejor de la cancha era Lavezzi y nuevamente Mascherano se batía como león en el medio campo.
Argentina tuvo la oportunidad de la vida en el minuto 20 cuando el alemán Toni Kroos dirigió accidentalmente un cabezazo en dirección opuesta que originó un mano a mano entre Gonzalo Higuaín y el portero alemán Neuer. No había nadie más que él y el portero, el nueve argentino no tuvo la tranquilidad del goleador y remató desviado hacia el lado izquierdo. Fue un regalo de gol de Alemania e Higuaín no pudo convertir.
Minutos más tarde Higuaín pensó que se había redimido y marcó gol en el minuto 30, pero estaba dos metros fuera de juego. Fue un gran pase de Lavezzi, la figura del encuentro hasta el momento. La multitud estaba en frenesí, los celestes no podían creer su mala suerte, jugaban mejor que su rival, que lejos, era el mejor equipo del torneo, pero no lograban ponerse arriba en el marcador.
Un hecho importante en la final se daba, el sustituto de Khedira, Christoph Kramer ya no era capaz de jugar y tuvo que ser retirado del terreno de juego. Estaba y no estaba, a los 17 minutos, fue golpeado con el hombro por Ezequial Garay. Kramer estaba en shock, Alemania tuvo que sustituirlo del juego, para reemplazarlo ingresó Andre Schurrle. Argentina no podría tener peor suerte, Schurrle, era uno el jugador más eficiente en el torneo, anotando tres goles en poco más de 150 minutos de juego.
El primer tiempo culminaría sin goles, Argentina hizo un movimiento para comenzar la segunda mitad, Sergio Agüero ingresaba por la figura del primer tiempo Ezequiel Lavezzi. Todos se preguntaban cómo estaría Agüero en realidad. Si estaba en el 100% de su rendimiento, es un gran atacante, por supuesto, pero últimamente se había visto frenado por una lesión en el muslo.
Messi tuvo la gran primera oportunidad de abrir el marcador en la segunda mitad, el diez argentino remató de zurda, su disparo se estrelló en el lado izquierdo de la malla, un disparo que parecía que iba a entrar en el extremo derecho de la red, se perdió por poco. Una vez más Alemania sobrevivió a la amenaza de "La Pulga", y sus compañeros.
El hombre conocido como Rodrigo "La cola de rata" Palacio el cual había jugado un muy mal mundial, ingresó a los 77 minutos de juego por Gonzalo Higuaín.
Higuaín tuvo una gran oportunidad de gol comenzando el juego, de haber anotado, hubiese quedado en  el Olimpo de los delanteros argentinos, al lado de Batistuta, Crespo Y Kempes, pero no fue así, Higuaín tendrá que buscar revancha para hacer olvidar la clara opción que dilapidó.
La fatiga apareció. Argentina estaba ya físicamente agotada, Agüero y Palacio, ingresados en el segundo tiempo poco aportaron a su seleccionado. El juego se acercaba a la prórroga, con sólo unos minutos restantes en el tiempo reglamentario, Argentina sustituyó a Fernando Gago por Enzo Pérez. Otro jugador que fue gran decepción fue Gago, su función en el terreno de juego siempre fue la misma: aparecer como opción de pase, entregar de buena manera el balón a los delanteros, y cuando no se tenga la pelota ayudar en marca a Mascherano. Pero nada de eso hizo Fernando Gago, jugó mal siempre, su nivel no estuvo ni cerca al de su compañero Mascherano ni mucho menos cerca al de grandes jugadores argentinos que jugaron en su posición otros mundiales, como Simeone, Fernando Redondo (el mejor cinco que vi en mi vida) y Juan Sebastián Verón.
 Por el contrario los cambios en Alemania si respondieron a las expectativas, ya habían ingresado de buena manera Schurrle, luego el hombre record, Miroslav Klose se despidió entre aplausos de todo el público por Mario Gotze.  Klose se convirtió en el máximo goleador en las Copas del Mundo y a sus 36 años seguramente ha jugado su último Mundial.
Ya en tiempo extra llegó el gol de la victoria, en el minuto 113, el alemán Gotze anotó un hermoso gol a pase de una excelente jugada individual de Schurrle. Con un hermoso toque de pecho Mario Gotze recibió el balón, luego golpeó la esférica y la situó en el fondo de la red. Alemania se regocijó. Se podía oír a los brasileños alegres afuera del Maracaná.
Ya era tarde para reaccionar Argentina sería vencida por tercera vez consecutiva en la Copa Mundial a manos de Alemania.
El pitazo final llegó. Gotze fue rodeado por sus compañeros de equipo. Alemania, gana su primer trofeo internacional en más de 15 años (El último había sido en la Euro Inglaterra 1996) y su primer trofeo de la Copa Mundial desde 1990. 


29/5/14

Francia V Alemania. Semifinal mundial 1982.Una lucha no apta para cobardes.

Michel Platini.




El antagonismo franco-alemán, en una batalla épica.


Por: Edwin Medina S.

“Ese fue mi más hermoso juego. Lo que sucedió esa noche encapsula todos los sentimientos de la vida misma, ninguna película podría recuperar tantas contradicciones y emociones, fue muy fuerte, fue fabuloso.” 
Michel Platini. Capitán selección de Francia.

La semifinal fue en el Estadio Ramón Sánchez Pizjuán, el 8 de julio de 1982 a las 21:00. Era  una sofocante noche en Sevilla, Francia tuvo un día menos para recuperarse de su último partido de grupo, pero este inconveniente ha sido equilibrado por la naturaleza, un virus estomacal que afecta a sus oponentes. Los hermanos Förster y el delantero Immel se encontraban entre los afectados, y no pudieron ser de la partida.

Los dos capitanes Michel Platini y Kaltz, de pie frente a frente, aunque el capitán de Alemania durante el torneo fue Karl-Heinz Rummenigge, que estaba en el banco con un tendón de la corva dañado. Estrechan la mano los dos comandantes, el árbitro holandés Charles Corver, tira una moneda al aire, intercambian banderines. Mientras se escucha un ambiente carnavalesco en la tribuna.
Durante los primeros minutos Alemania estaba siendo liderada por el gran Paul Breitner el único sobreviviente de la campeona de 1974. Las líneas germanas avanzan hacia territorio francés dirigidas por los guerreros del medio campo. Pierre Littbarsky se puso en marcha, comenzó sus valientes carreras en diagonal,  el siete alemán conducía atrevidamente a sus aliados en la comarca francesa. En el minuto 17 el siempre crack Paul Breitner tomó el balón en el centro del campo, el francés Didier Six se barrió para tratar de detenerlo, pero el mariscal era más veloz que todos y viendo el espacio delante de él, irrumpió con en ella, Breitner levanta la cabeza, decidió entregar la bola a su compañero que ingresaba por el  centro, entonces, frente a una pared de color azul, Klaus Fischer  logró escabullirse, dispara con furia, Jean-Luc Ettori salió de su meta y se lanzó a los pies de Fischer: bloqueó la carrera, pero no puede recoger el balón, que rodó lentamente hacia el borde del área penal. Fue recibida por el letal goleador Littbarski , el cual anotó el primer gol de la batalla, los camaradas alemanes se abrazan.
Uno a cero.


Pierre Littbarski. (1982)

Los guerreros de Alemania parecían haber llegado a un ritmo similar, la misma velocidad de pensamiento y movimiento, los galos están en problemas. Heridos deciden levantar la cabeza y seguir la pelea. Los franceses comenzaron a ser más temperamentales. Los bastiones del ejército francés en el medio campo Marius Trésor y Bernard Janvion y en la defensa Maxime Bossis se miran fijamente, no tienen en común solamente que todos tenían sus calcetines enrollados hacia abajo, sino que también querían ver humillados a los germanos. Los “Le Bleu” sabían de su poderoso equipo y de su letal delantera, allí esperaba Dominique Rocheteau, era veloz, gallardo y valiente, sus rizos que fluyen de su dorada cabeza hacen que parezca un noble mosquetero dispuesto a desenvainar su espada para vencer al contrario. Atrás de él se encontraba Michel Platini, descrito por un periodista como: “El violín sofisticado” Michel patrullaba el centro de la cancha y el área rival. Pacientemente esperaba la pelota, sabía que nadie la trataría mejor que él, así fue como el balón lentamente se fue acercando al diez francés después de un pase raro y a la vez insigne de Trésor, un sutil pase con la cabeza al centro del área rival por parte de Platini, generó un agarrón de Kaltz a Genghini, el juez pitó penal. Michel besó el balón antes de colocarlo en el punto blanco, caminó hacia atrás, en la portería el cancerbero alemán Schumacher mastica goma de mascar y con sus manos en la cintura espera su fusilamiento. Platini golpeó el balón con su pie derecho y por supuesto anota.
Uno para todos, después de 27 minutos.


Michel Platini.

La batalla continua, el juego se hace más áspero, faltas van y vienen, pero el siempre lúcido francés Trésor deja atrás la horda de patadas, le hace un pase magistral a su capitán, Michel disparó, pero su lanzamiento fue detenido por el arquero teutón, Platini se tocó el hombro, el arquero lo golpeó con mala intención, era una simple advertencia de lo que más adelante pasaría.   
Al comenzar el segundo tiempo la selección alemana  siguió su táctica de presión. Pero apenas jugados 11 minutos llegó una de las jugadas más violentas y angustiantes de la historia del fútbol. El francés Bossis ganó el balón con una entrada magnifica y se la pasa a Tigana, éste se la tocó a Platini el cual vio a Patrick Battiston y le hace un pase formidable. Patrick llegó primero a la pelota, la pateó, pero un tren llamado Schumacher lo embistió con la cadera, Battiston cae inconsciente, fue retirado del terreno de juego. El dictamen: conmoción cerebral, rotura de una vértebra y dos dientes menos. Y lo peor del caso es que Schumacher ni siquiera fue amonestado.


 Harald Achmacher.

“Pensé que llegaba al balón, pero Battiston llegó un segundo antes. Salté sin saber dónde estaba el balón, con las rodillas de frente, pero me giré y le di con la cadera. Veinticinco años después haría lo mismo. Estaba seguro de que llegaba. Sí cambiaría lo que hice mientras Patrick estaba tumbado inconsciente. Volví a mi portería y jugué con el balón porque tenía miedo. Fui el enemigo público número uno. Recibí amenazas de muerte, tuve guardaespaldas, amenazaron con secuestrar a mis hijos y matarlos".
Harald Schumacher, sobre la dura entrada a Battiston.

Antes de que Battiston saliera del terreno de juego Platini besó su mano, y le dijo algo en voz baja. Nunca quiso revelar lo que le expresó a su inconsciente compañero.


"Pensé que estaba muerto". dijo Platini cuando vio salir a su compañero Battison.

El juego prosiguió, las miradas de odio hacia el cancerbero alemán ahora son más profundas, no sólo por parte de los jugadores sino también de los fervorosos hinchas franceses.
Después de 72 minutos el alemán Magath fue reemplazado por un gigante rubio de 1.89 metros de altura, llamado Horst Hrubesch, conocido como “La Bestia” Los ataques no cesan por parte de los dos bandos. Pero no lograr aumentar el marcador. El partido debe decidirse en tiempo extra.
Los jugadores se desplomaron  sobre el césped, mientras llegaba la prórroga, entrenadores, fisioterapeutas, psicólogos, todos llegan a atender a sus guerreros. Luego de pocos minutos de descanso, los jugadores vuelven al campo de batalla.
En el tercer minuto de tiempo extra, Alain Giresse envió al área un magnífico pase, el cual fue muy bien recibido por Trésor, que con una perfecta técnica envió un misil imposible de atajar por el arquero alemán.
Dos-uno.
La arremetida de los galos continúo, Platini envió el balón a la izquierda a Didier Six quien controló muy bien la pelota, para después dársela a Giresse el cual acarició la bola con el pie derecho y terminó en la red.
Tres-uno, en tiempo extra.


Alain Giresse, festejando el tercer gol a los alemanes.

Los guerreros alemanes no se dan por vencidos, a la cabeza de Rummenigge y Littbarski van por lo que les pertenece. Combinando excelentes pases se acercan a territorio galo, la invasión Alemana llegó por el oriente, con movimientos agiles, el once bávaro Karl-Heinz Rummenigge anotó el segundo gol alemán.
Tres-dos, 103 minutos de juego.


Karl-Heinz Rummenigge.

Los alemanes enfurecidos continuaron su ataque, el reloj era su nuevo enemigo, quedaba poco tiempo, y fue entonces cuando Pierre Littbarski lanzó un excelente centro y Fischer con una chilena brillante anotó el gol del empate.
Tres-tres. 108 minutos jugados.


Klaus Fischer

Así se mantuvo el resultado hasta el final. El vencedor se decidiría por tiros desde el punto penal.
Gisesse, Kaltz, Amorós, Breitner y Rocheteau, todos anotaron. El alemán Uli Stielike falló, al igual que el francés Didier Six. Luego Littbarski, Platini y Rummenigge marcaron. Llegó el momento del defensa francés  Maxime Bossis, el mejor amigo de Michel Platini, los dos habían hecho su servicio militar juntos y sus diez años de carrera futbolística corrió a la par. Bossis golpeó fuerte la pelota al costado derecho, Schumacher voló y a pesar que no fue un mal lanzamiento el arquero alemán consiguió atajarlo. El último en patear fue el pesado Horst Hrubesch, el aleman disparó raso y duro, anotando así el gol de la victoria.
Alemania venció. Francia lloró.



Después del encuentro, el entrenador francés Hidalgo Michel afirmó: “Hemos sido eliminados injustamente, la gente fue testigos de una gran injusticia”.